El veto ruso agudiza la crisis de precios de las frutas y hortalizas

  • El sector denuncia daños muy superiores a los que señalan los datos de exportación directa. En Almería calculan que el 9% de su producción iba a Rusia, aunque oficialmente sólo figura el 1%.

 Las exportaciones del sector agroalimentario andaluz no sólo no han bajado desde que entró en vigor el veto ruso sino que en este último año han crecido un 6%. Y, sin embargo, todo el mundo en el sector está de acuerdo en que el veto ruso hace daño: unos hablan de daños psicológicos, otros de perjuicios "intangibles" y, sobre todo, de que los perjuicios no se pueden cuantificar en datos o no todos ellos. Lo cierto es que producciones importantes que estaban ligadas a las exportaciones al mercado ruso como el tomate, los cítricos, las berenjenas y en general las hortalizas han bajado de precio.

Antes del veto, Andalucía exportaba  productos agroalimentarios a Rusia por valor de 74,7 millones de euros, según los datos de  Extenda, lo que supone escasamente el 1% de las exportaciones andaluzas. De esos 74,7 millones, 59% correspondieron a frutas y hortalizas; 19,7% a aceite de oliva, y 19% a productos cárnicos, entre otros. Teniendo en cuenta que la prohibición no afecta a aceite de oliva, el sector hortofrutícola es el más directamente perjudicado por esta prohibición. Tanto es así, que el año pasado, sólo dos semanas después del anuncio ruso el precio de los productos frescos había disminuido considerablemente, en ciertos casos hasta en un 40%, lo que fue, según Cooperativas Agroalimentarias, "por un lado, consecuencia del efecto psicológico de la medida en el sector y, por otro, debido a prácticas desleales en el mercado".

Andrés Góngora, responsable sectorial de Frutas y Hortalizas de COAG, asegura que el veto ruso "hace mella en el sector y que no es un asunto menor, sobre todo porque servía de alivio a parte de nuestras exportaciones -tomates, cítricos, etc- en determinadas fechas clave". Góngora es uno de los expertos que opinan que en este caso los datos no reflejan la realidad y explica que la importancia de las exportaciones a Rusia no se pueden medir por las exportaciones directas que se hacen desde España o Andalucía porque éstas eran mínimas, entre otras razones porque los grandes exportadores a Rusia eran Holanda y Polonia,  y los productos españoles llegaban a Rusia a través de ellos, sobre todo de Polonia. Y de estas transacciones en triángulo no hay datos.  Sobre las razones de estas ventas a través de terceros, Góngora dice que las transacciones internacionales se hacen con aseguradoras y en España no había entidades que conocieran bien el mercado ruso y aseguraran. "Se estaban empezando a hacer transacciones de pequeña entidad aseguradas cuando se cortó el mercado", explica. Por el contrario, los polacos conocen bien el mercado ruso y para España -y también para Francia o Italia- era más seguro hacerlo a través de ellos", añade.

En la misma línea, Manuel Galdeano, responsable de este sector en Cooperativas Agroalimentarias, dice que aunque no hay datos oficiales de lo que se exportaba a Rusia a través de terceros. En Almería sí se ha calculado aproximadamente la cifra y es un 9% de la producción, dato mucho más significativo que el 1% que dan las cifras de exportación directa. Según Galdeano, no siempre cuando se hace una venta se sabe el destino final pero la mayor parte de las veces sí se conoce y es con esos datos con los que se ha calculado ese 9%.

Para el representante de Cooperativas hay otro hecho importante en la pérdida del mercado ruso y es que "Rusia era un cliente importante porque era serio y pagaba bien y a partir del veto no sólo hemos perdido ese buen cliente sino que nos vemos obligados a llevar el producto a un mercado en la UE que está saturado, lo que ha provocado una inmediata bajada de los precios y de la rentabilidad que lograban los productores". De hecho, desde las cooperativas llaman la atención sobre el "papel de regulador del mercado" que ejercía Rusia, país que, "a pesar de ser una plaza minoritaria en términos absolutos para los exportadores españoles, es el principal mercado de exportación extracomunitario, con un papel importante en el equilibrio, como así se está demostrando a partir del veto".

Pero además de esta dificultad para cuantificar el volumen de negocio que se ha perdido, hay otro asunto que se plantean los productores y es si realmente los bajos precios que se desataron el año pasado con el veto ruso -situación que se está repitiendo este año-  tienen o no que ver sólo con este hecho o si sencillamente es un elemento que se introduce en las negociaciones para comprar a la baja y en realidad hay quien está haciendo su agosto con la excusa rusa. "Desde luego -dice Andrés Gongora- el asunto del veto es algo presente en la negociación de una venta, es una herramienta más para rebajar el precio". Y luego vienen las realidades: "Vas a vender tomates a Mercamadrid -relata Galdeano- y te dicen que no, que están hasta arriba de tomates holandeses". Otro ejemplo, en este caso de Andrés Gongora sobre los efectos colaterales del veto ruso,  es que la patata francesa que se vendía a Rusia ahora se desvía en buena medida a España afectando a los precios y la rentabilidad de la patata española.

Lo cierto es que el precio del tomate ha bajado en esta última campaña un 3% y la berenjena un 9% y que, tras el veto, las naranjas se venden por debajo del precio de coste, según datos de Cooperativas, o que, según denuncia COAG, en las últimas semanas, conforme se ha hecho realidad la prórroga del veto, se ha hundido el precio del tomate, el melón y la sandía, fruta esta última que, según Andrés Góngora, "se está vendiendo a cinco céntimos el kilo, lo que es un precio ridículo porque sus costes de producción están como mínimo entre los 16 y 17 céntimos".

En su opinión, buena parte de esta grave bajada de precios tiene su raíz en la congestión de los mercados por el veto ruso. Como ejemplo dice que Polonia vendía a Rusia más del 70% de su producción de manzanas, que ahora no van a esos mercados sino a Berlín, Londres o Perpignan, donde compiten con el resto de la fruta. "Hay un sobreabastecimiento de los mercados y esto se traduce de forma inmediata en bajada de precios al productor porque los intermediarios siempre salvaguardan sus márgenes".

Asimismo, el responsable de COAG dice que "no hay nuevos mercados, eso es mentira". Asegura que perder un mercado es muy fácil y abrir otro muy difícil. En este sentido explica que destinos que serían viables para las frutas y hortalizas andaluzas y españolas como el norte y el centro de África en realidad no lo son porque estos países no tienen suficiente capacidad económica para pagar fruta de importación con los costes añadidos de transporte que tiene. Otros países que sí tienen capacidad económica, caso de Emiratos Árabes, Canadá, Estados Unidos o Japón tienen otros problemas que imposibilitan actualmente abrir esos mercados. Según Góngora, en estos últimos países hay una "barrera sanitaria" difícil de traspasar. "No es un problema de fitosanitarios, pues en esto la UE tiene controles que dan las máximas garantías; son problemas de posibles peligros de introducción de plagas que están presentes aquí y no allí, con lo que Estados Unidos, por ejemplo, es sumamente restrictivo".

Para salvar estas barreras, COAG demanda una mayor labor política desde la UE, de manera que se establezcan mecanismos que den garantías a los países receptores pero que permitan un flujo de mercancía.

Además de esta labor política, las organizaciones profesionales ya están demandando no sólo que se prorroguen por parte de la UE las medidas de compensación que estaban establecidas sino que se revisen para dar cabida a productos que se habían quedado fuera y para hacerlas más efectivas.

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