El regadío busca nuevas vías para no detener el proceso de modernización

  • Expertos vinculados al sector abogan por profundizar en la profesionalización, fomentar la colaboración público-privada y rebajar las elevadas tarifas eléctricas.

Es indudable que, a partir de la gran sequía de mediados de los 90, el regadío inició un proceso de modernización cuyos resultados están ahí. La agricultura, tradicionalmente la gran consumidora de agua de la economía española, ha pasado de concentrar el 80% del uso al 68% en unos pocos años. Se ha avanzado sustancialmente en el ahorro. En 2001, el Plan Nacional de Regadíos concluyó que de las 3.400.000 hectáreas de regadío eran susceptibles de modernización -con el objetivo de ahorrar agua- 1.800.000. El plan de choque puesto en marcha por el Ministerio de Agricultura ha permitido adaptar 800.000. Quedan aún un millón.

La cuestión es que, hasta hace unos años, las circunstancias favorecían el proceso. Los fondos europeos Feder aportaban a fondo perdido el 75% de la inversión -unos 6.000 euros por hectárea- y el resto era sufragado por los agricultores, que, normalmente, contaban con la complicidad de la banca para financiar la inversión. Con la crisis la situación cambia. Los bancos cierran el grifo y Europa comienza a redefinir el destino de los fondos. Ya no está tan claro que deban ir al regadío. Y, además, los regantes se han encontrado con una fuerte subida del precio de la energía que dificulta en gran medida el sostenimiento de las explotaciones modernizadas.

¿Qué hacer ante esta situación? ¿Cómo replantear el futuro? Estas cuestiones fueron planteadas en el desayuno informativo Modernización y optimización del uso del agua en la agricultura: retos y perspectivas futuras, organizado por Grupo Joly con la colaboración de Aquagest. En lo que respecta al coste eléctrico, Alberto Pulgar, director técnico de la Sociedad Estatal de Infraestructuras Agrarias (Seiasa), reconoció que "se diseñaron los procesos de modernización conforme a las tarifas de riego y sin tener en cuenta la energía". "Y si hubiésemos sabido antes lo que iba a pasar, hubiéramos tomado soluciones técnicas diferentes".

El proceso de modernización, pues, no ha tenido en cuenta el incremento desde 2008 del 450% en el término de potencia de la tarifa, el gasto energético fijo que tiene que afrontar el agricultor. "Es un problema que hay que reconducir -afirmó Juan Saura, director técnico de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir- , la cuota de potencia debe tener un tratamiento especial, y ya están trabajando en este sentido comunidades de regantes y Ministerio de Agricultura". El hecho es que los regantes sólo hacen uso de la energía seis meses del año y pagan, en términos de potencia, durante todo el año. Casi todos los expertos que participaron en el desayuno coincidieron en que no tiene mucha lógica que el productor pague lo mismo todo el año.

Carlos Gómez, subdirector de Agua de Tragsa, puso la nota discordante en este punto. "La tarifa eléctrica no va a bajar porque la energía eléctrica no se puede perder; tiene que haber un exceso de potencia preparado para cuando se consuma". Gómez cree que la alternativa es que el agricultor apueste por fórmulas de ahorro, y mencionó en este sentido los tensiómetros que permiten el control de la humedad en el maíz.

Juan Saura dudó de que la aplicación de fórmulas de ahorro sea una solución general, y citó el caso de muchas zonas del olivar de Jaén, donde por ejemplo el tensiómetro no sería viable. La mayoría apuesta por una combinación de medidas políticas -como la reducción de la altísima factura eléctrica- y tecnológicas. Estas últimas sí dependen más de los propios productores. "Hace falta más visión empresarial -señaló Javier Borso di Carminati, director de Regadío de Aqualogy-; el agricultor es un hombre de costumbres y es difícil cambiarlo, pero debe ser listo y dedicarse a hacer el cultivo más rentable".

Para Borso, todas las comunidades de regantes deben apostar por personal cualificado capaz de adaptar los cultivos a las necesidades del mercado. "Las pequeñas comunidades tienen que agruparse y empezar a contratar a empresas que se dedican a esto, ya que les pueden ayudar a reducir los costes". Borso señala que una agricultura competitiva moldeada según estos parámetros puede reducir el coste energético hasta en un 20% en muchas comunidades de regantes.

Antonio Escamilla, mánager de Soluciones y Tecnologías de Aquagest Andalucía, abunda en esta idea. "Muchas explotaciones trabajan con redes a presión, que aprovechan las tarifas al máximo; también se ahorra con auditorías permanentes", afirma. Y añade: "Eso es lo que el agricultor tiene que hacer, aplicar los conocimientos tecnológicos a una red nueva y diferente".

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