La opinión invitada

ANTONIO VERGEL

La sanidad vegetal, al servicio de la agricultura eficiente

La medicina de los vegetales es ya una realidad.

LOS ataques de plagas, enfermedades y competencias de las malas hierbas en los cultivos provocan una disminución importante en la producción agrícola y en la calidad.

La Fitopatología, Entomología y Malherbología son ciencias comprometidas con la producción agrícola porque su razón de ser como ciencia y profesión es evitar o reducir las repercusiones negativas.

Por ello, su objetivo es asegurar el rendimiento determinado por el potencial genético del cultivo, en el marco de las limitaciones físicas y ambientales, además de propiciar el uso eficiente de los insumos necesarios para la producción, como son agua, suelo, fertilizantes, fitosanitarios, energía, etc., para asegurar la sanidad y salubridad del producto cosechado.

Sin embargo, a diferencia de las enfermedades que afectan a personas o animales, la percepción social de la incidencia que tienen las plagas y enfermedades sobre el crecimiento vegetal y la producción de alimentos y fibras es aún escasa y poco conocida.

Aunque la historia está llena de anécdotas relevantes para la humanidad de pérdidas globales de rendimiento relacionadas con la sanidad vegetal, que originaron hambrunas, devastación, ruina económica de los agricultores, y desastres ecológicos, valga como ejemplo los ataques de Mildiu de la patata en Irlanda entre 1845 y 1847, que causaron la muerte por hambre de más de un millón de personas y la emigración de cerca de 1,5 millones de ellas a América del Norte (Ainsworth, 1981).

Esto se puede ver como una anécdota histórica, pero no lo es, y no hay que bajar la guardia, ya que esta enfermedad que parecía controlada, se convierte en una enfermedad reemergente y devastó los cultivos de patata en los EEUU entre los años 1992 y 1997.

Para una mayor concienciación social de la importancia de la sanidad vegetal, actualmente la tercera parte de la producción teórica cultivada en el mundo, y según estudios de Oerke y Dehne en 2004-2006, se pierde debido a los ataques de plagas, enfermedades y la competencia de las malas hierbas con los cultivos. Es para pensar, ya que en 2050 la población mundial prevista será de 9.000 millones de habitantes.

Muchos son los factores que influyen en la producción agrícola y en la sanidad vegetal y muchos de ellos deben ser preventivos, como es conocer el suelo donde cultivamos, cuál es su característica física-química, qué especie y variedad se adapta a él, si la variedad elegida es resistente a patógenos, virus, etc., sin olvidar qué tipo de climatología necesita.

Esto parece obvio. Pero no siempre es así. Ésta es la medida de lucha más práctica, económicamente eficiente y ambientalmente respetuosa para el control de enfermedades de cultivos y sin duda es clave para la aplicación de la Gestión Integrada de Plagas (GIP).

Cada vez más, en los sistemas productivos se están aplicando técnicas de monitoreo, utilización de feromonas y trampeos masivos e insectos beneficiosos, que evitan el uso de productos fitosanitarios.

No debemos olvidar que la Directiva europea 2009/128/CE y su posterior transposición al Real Decreto 1311/2012 de 14 de septiembre, tienen como objetivo reducir el uso de productos fitosanitarios y para ello promueve la Gestión Integrada de Plagas y esto no es más que diagnosticar el problema, elegir el método de control más adecuado y económico para conseguir cultivos sanos y rentables, con el mantenimiento de los niveles de plaga por debajo de los umbrales económicos, mediante la aplicación racional de una combinación de medidas biológicas, biotecnológicas, químicas, culturales o de mejora varietal, de manera que el uso de los productos fitosanitarios sean utilizados sólo cuando sean necesarios.

El desarrollo de metodologías y protocolos de aplicación en sistemas de predicción y toma de decisiones para la Gestión Integrada de Plagas (GIP) mejoraran la eficiencia de la producción agrícola.

Por último, no debemos olvidar y demandar los nuevos retos que tiene nuestra Administración, y éstos no son otros que trabajar activamente en el futuro Reglamento del Parlamento y del Consejo sobre las medidas de protección contra plagas, normativa que sustituirá la actualmente vigente en la Unión Europea y con la que se espera mejorar el control de plagas e impedir la introducción de plagas foráneas evitando así las cuantiosas pérdidas que éstas ocasionan, ya que la espada de Damocles está sobre nuestra agricultura, pues tenemos de protegernos de entrada de plagas y enfermedades procedentes de otros países y que son devastadoras, como la xylella fastidiosa, bacteria que está destrozando el olivar del sur de Italia y la Guignardia citricarpa o mancha negra de los cítricos, procedente de Sudáfrica.

Creo que este nuevo objetivo europeo de GIP es la eficiencia de las producciones agrícolas, desarrollada por profesionales cualificados al servicio de la agricultura, que ha dado forma y fondo a uno de los servicios que el Ingeniero Técnico Agrícola venía proporcionando al agricultor, además de adoptar nuevas medidas de protección en las exportaciones de productos alimenticos y material vegetal.

La medicina de los vegetales es ya una realidad. Éste es el reto y compromiso de los profesionales para garantizar alimentos suficientes y de calidad.

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