Volverás a Innisfree

  • La cinta de José Luis Guerín sobre el pueblo en el que John Ford rodó 'El hombre tranquilo' se proyecta hoy en el ciclo de "Cineastas sobre Cineastas"

Todos tenemos nuestra escena favorita de El hombre tranquilo. La mía es cuando John Wayne arrastra por todo el pueblo a Maureen O'Hara para devolvérsela a su cuñado, para anular ese matrimonio en el que no paran de presionarle para que reciba el dinero de la dote de la mujer a la que ama. Entonces, una mujer del pueblo, de Innisfree, se le acerca y le ofrece una vara diciéndole: "Tome usted, para que le dé con ella a su encantadora esposa". Evidentemente, si se rodara hoy esta escena escucharíamos un clamor que descendería del Ministerio de Igualdad hasta la más pequeña concejalía de la mujer de cualquier pueblo de España. Pese a ello, he visto a feministas de gran pedigrí doblarse de risa con ella. Incluso tengo entendido que El hombre tranquilo es una película que le gusta mucho a Bibiana Aído. Es imposible no enamorarse de El hombre tranquilo, tiene una sencillez, un canto a la simpleza humana... Otra escena, cuando todo el pueblo, católico, aclama al obispo protestante que ha llegado de visita sólo para conseguir que el pastor, que no tiene ni un feligrés, se quede en el vecindario. Todo en esta película mágica de John Ford es bello. Te congratula con la vida.

Un enamorado de El hombre tranquilo es José Luis Guerín, un cineasta que en cierto modo arrancó la moda (bueno, o no moda, llámenlo equis; que los documentales se exhibieran en los cines, vaya) del documentalismo en nuestro país -junto con Asaltar los cielos, su En construcción es uno de los documentales más taquilleros del cine español-. En 1990 cogió una cámara y a unos cuantos amigos y se largó a la verde Irlanda. Su único objetivo era rodar a la misma gente que había sido la figuración de John Ford en su gran obra irlandesa. Y para eso había que ir a Innisfree. Nada más bajar del tren se reproducirán las mismas palabras con las que arranca El hombre tranquilo, cuando John Wayne, el forastero que no lo es tanto, pregunta dónde está Innisfree y encuentra a un grupo de hombres indicándole amablemente dónde no está Innisfree. Desde ese instante, toda la película de Guerín es una delicia, es volver a disfrutar de El hombre tranquilo como en su primera visión sin ver El hombre tranquilo.

Si no han visto Innisfree, no deben perder un instante. Tendrán que estar hoy a las 19,30 en El Palillero. Claro, que también pueden decirme que oiga, es que yo no he visto El hombre tranquilo. Entonces, no tienen perdón de Dios, hagan lo que les dé la gana.

Innisfree es la segunda entrega del ciclo de Alcances Cineastas sobre cineastas. Un reencuentro con el ser humano. La borrachera final en la taberna entre cánticos hace que se te salten las lágrimas con Ford por aquí y Ford por allá. La bondad... bien. ¿Quieren saber algo de la maldad? ¿Quieren conocer a alguien malo de verdad? En ese caso, tendrán que acudir al mismo lugar pero a las 17 horas del sábado. El malo es Lars Von Trier, que parece querer cumplir esa premisa de Mae West de 'cuando soy buena, soy muy buena, pero cuando soy mala, soy mejor'. (¿Era así?) Contemplemos Cinco condiciones, un ejercicio de sadismo del director que filmó la maldad con tanto deleite en, pongamos por caso, Dogville, y que se inventó la paparrucha del Dogma sabiendo que casi todos sus colegas harían el ridículo donde él saldría indemne. En este caso se fija en un viejo cortometraje de 1967 de Jorgen Leth, El ser humano perfecto, e invita a Leth a que lo ruede de nuevo desde otras cinco variaciones. Yo les invito, a su vez, a que vean las que pasó el propio Jorgen con Lars en su papel de niño malo, muy malo.

El último título que nos queda dentro del ciclo -el clásico Cuchillo sobre el agua, de Wim Wenders sobre Nicholas Ray ya se ha proyectado- nos propone otro gran dúo, esta vez español. Luis García Berlanga, que ya ha olvidado que es Berlanga, es retratado por el que posiblemente sea su admirador más directo, José Luis García Sánchez. Este es un caso de ternura, de homenaje debido a quien ha sido capaz de imponer un adjetivo con su apellido porque en España las cosas no son kafkianas, sino berlanguianas. Y cuando algo es berlanguiano es que está ocurriendo algo muy, pero que muy español. A García Sánchez no hay que contarle esas cosas, las ha vivido. Por eso García Sánchez no bebe de la realidad, no bebe de ese hombre de memoria vacía, sino del hombre vivo, el que reside en cada una de sus películas con una desmesurada celebración. Una celebración berlanguiana. La película se llama Por la gracia de Luis y se proyecta el martes a las 19,30.

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