Amigos para siempre

  • Las navieras no creen que el accidente del 'Costa Concordia' afecte al mercado de los cruceros, en los que se embarcaron 76.000 andaluces en 2011 y dejaron un beneficio de 29 millones de euros

"La vida en un crucero tiene algo de ejercicio onírico con el techo de esmalte (...) Toda fantasía puede ser desbordada... incluso en el peor de los casos". Antonio Lucas, acreditado periodista de viajes, narraba así su primera experiencia. Desde la estupefacción. No debería ser así. Este negocio, tal y como lo conocemos, empezó en Miami en los 70, con las famosas escalas en Puerto Vallarta, y se publicitó a través de una serie de gran éxito, Vacaciones en el mar, que marcó el patrón. Han cambiado muchas cosas, pero no el look. Esto podría contestar las preguntas que se hace otro escritor de viajes, Paco Nadal, en su blog: "¿ Por qué decoran los cruceros como discotecas de los 70? ¿Por qué los camareros cantan y bailan una noche el Amigos para siempre si no los vas a volver a ver en tu vida? ¿Por qué el pianista siempre toca My way? ¿Por qué en un crucero hacemos tonterías que nos sonrojarían en tierra? ¿Por qué en la primeras horas todo el mundo recorre el barco con la misma cara de quien visita un platillo volante?" A esto habría que añadir otra pregunta: ¿Por qué 76.000 andaluces pasaron sus vacaciones en un crucero en 2011, un 14% más que en 2010, casi diez veces más que en 2002?

Andrés Mira, creador de Cruises News Mira Group, una de las principales web en español sobre cruceros -y hay unas cuantas-, explica esta fiebre crucerista que en Andalucía ha calado hasta el punto de ser el segundo mercado nacional: "Las compañías han hecho un esfuerzo por popularizar un producto que hasta hace poco era de lujo y ahora se ha abaratado para ser consumo de masas. De esto se han dado cuenta en los destinos, que han visto el potencial y ahora se implican en la promoción, se venden. Y, además, es un producto que se ha desestacionalizado. Hay cruceros durante todo el año, las grandes navieras mandan sus mejores barcos del Caribe, que era la ruta habitual, a Europa, que tiene otro buen mercado... Han cambiado muchas cosas en pocos años para que el crucero haya pasado en España de ser una opción exótica a tener 780.000 cruceristas en 2011".

Si seguimos la máxima de Paul Bowles, que en su célebre obra El cielo protector acuñó la diferencia entre viajero y turista, siendo el primero el que viaja sin conciencia de que un día regresará a su punto de partida y el segundo el que lo hace con la seguridad de su retorno, el crucerista supone la evolución del turista hasta sus últimas consecuencias, sólo por encima de El turista accidental, aquel personaje de Anne Tyler que escribía guías de viaje sin moverse de su casa. El crucerista conoce mundo por vía exprés, apenas se relaciona con la gente de los lugares que visita, se conduce en grupos guiados por monumentos como estampas en tres dimensiones. Son unas pocas horas en cada lugar y regreso a la seguridad de un edificio flotante en el que todo es alegría y diversión. Actuaciones, bufés, tiendas, bares, juego... Una burbuja.

El éxito es apabullante. En todo el mundo hay 280 compañías con una flota de 30.000 cruceros que ofertan 2.000 destinos con medio millón de camas hoteleras. No es extraño que Ulyfox, seudónimo del periodista gaditano que escribe el excitante blog de viajes Mil sitios tan bonitos como Cádiz, dijera en una de sus entradas sobre su amada Grecia, cuyas islas reciben centenares de cruceros, lo siguiente: "Lindos, un pueblecito blanco precioso con sus mansiones en piedra y mármol, con una espectacular acrópolis en las alturas, está tomado por cruceristas. La hermosa playa de Rodas estaba atestada y las calles casi no se ven con tanto expositor de artículos para turistas. Ha sido el único sitio en el que nos hemos tenido que ir de una taberna sin comer porque no nos atendían, en 20 años viniendo a Grecia. En Mikonos pudimos ir a la resguardada playa de Paranga para comprobar que el turismo ha crecido considerablemente este año en Grecia, gracias a Zeus, (…) Aún pudimos descubrir un rincón con tanto encanto como Ayios Yiannis, que parece mínimamente resguardado del furor crucerista".

Si hay un puerto, allí habrá un crucero. Los destinos se pegan por ellos. Málaga es un ejemplo. Reacondicionó su muelle de Levante para recibir a grandes buques y, detrás de Barcelona, es el principal puerto de cruceros de España.

En tiempo de recortes, la Junta no ha dudado en invertir millón y medio de euros en un centro de recepción para cruceristas, un edificio de dos plantas sobre una superficie de 600 metros cuadrados que, según el consejero de Turismo, Luciano Alonso, quiere ofrecer "una imagen hermosa y no un erial" al crucerista. Las cuentas salen. Los cruceros dejaron sólo en Málaga, en 2011, unos 15 millones y medio de euros, según el estudio realizado por Mira Group. Es uno de cada dos euros que dejaron los 450.000 cruceristas que arribaron en puertos andaluces el pasado año. Cádiz es el segundo puerto con mayor impacto. En un año dulce, el puerto gaditano recibió a 370.000 cruceristas, 30.000 más que el año anterior, si bien el impacto es menor, ya que los tour operadores ofertan excursiones a Jerez y a Sevilla y el puerto no es destino, sino escala, por lo que la ciudad se quedó con 9 millones de euros de lo que llevaban en los bolsillos los visitantes.

Los pequeños puertos también crecen. Mira asegura que "el pequeño crucero, cuyo cliente es de un mayor poder adquisitivo y cumple con la vieja idea de producto de lujo, busca lugares menos masificados, alejados del crucerista tipo. Ahí compiten Almería o Motril, con un impacto económico entre los dos de casi millón y medio de euros". Sevilla es el otro enclave y quiere pasar del pequeño crucero a jugar las grandes ligas. Para ello, la Autoridad Portuaria se enfrascó en una batalla, de momento perdida, por el dragado del Guadalquivir, ante la protesta de arroceros y ecologistas. Y todo por conseguir cruceros. El impacto total de este modo de turismo en Andalucía supuso 27 millones y puede seguir creciendo, si bien está lejos, a modo de comparación, de los más de cien millones de euros que se dejan el medio millón de turistas de golf que eligen Andalucía, según RD Consultores. Esta consultora atribuye un gasto medio diario al turista de golf de cerca de 200 euros, cuando el crucerista apenas llega a 60 euros.

La potencia de este producto, que se encuentra en su adolescencia, se puede ver en Fitur: prácticamente no está, no lo necesita. En Infocruceros dan la siguiente explicación: "Todos los agentes de viajes conocen el producto y tienen definidas sus preferencias. Es decir, hay agentes de viajes que venden cualquier compañía de cruceros y hay otros que si venden Costa Cruceros ya no venden MSC Cruceros o viceversa, y eso no lo va a cambiar la asistencia a una feria. El gasto de tiempo y dinero en Fitur no se compensa en resultados". Las navieras acuden a ferias destinadas al consumidor, no al intermediario, como las de Valencia o Barcelona.

Apunta un tour operador un dato tangencial curioso sobre las previsiones del mercado español, pese a la recesión, para las navieras. "Uno de los mayores índices de alumnos de español que tiene el Instituo Cervantes en el mundo está en Filipinas. Los filipinos nutren las tripulaciones de barcos. También de los cruceros. Saber español se les valora para conseguir trabajo. Es el mercado americano, pero también el español".

Sí ha estado en Fitur la compañía italiana MSC, un recién llegado a las grandes que, con once barcos, todavía se está haciendo una marca y que espera crecer un 17% en el mercado nacional durante este año transportando a 100.000 cruceristas españoles. Su director general, Emiliano González, ha vendido sus rutas del Mediterráneo como productos estrella, saliendo de Cádiz dos de sus barcos, el Poesía y el Orchestra. A los empleados de MSC desplazados a Fitur no han parado de preguntarles por su principal competidor, Costa Cruceros, que se calcula que perderá 70 millones de euros, descontados los seguros, más su desplome en Bolsa, por el trágico naufragio de su buque insignia, el Costa Concordia, posteriormente clonado en otros Costas, con 114.000 toneladas, 292 metros de largo y capitaneado por un cretino. Ha sido la comidilla de este Fitur sin cruceros y donde se recordaba cómo Costa Cruceros pensaba en 2012 como un año clave para potenciar sus rutas andaluzas con escalas en Cádiz y Málaga, por donde el Concordia pasó en su viaje inaugural en 2006.

Pero pese a ello, pese a que el crucerista no es ningún aventurero, pese al enorme impacto mediático de este accidente, las compañías no creen que el mercado se vaya a desplomar. Luis Pérez, secretario general de la Asociación de Agencias de Viajes de la Costa del Sol, estima que "puede haber casos aislados, pero es como cuando hay un accidente aéreo, primero asusta, pero luego la gente sigue volando". Y hay, eso es evidente, muchos más accidentes aéreos que de cruceros. El índice de siniestralidad en estos barcos es residual. Cruises News publicaba estos días en su web un estudio que arroja la cifra de 0,30 muertos por millón de pasajeros, que es una manera de decir que entre 2007 y 2010 han muerto tres personas a bordo de un crucero, dos por colisión y una por un fallo técnico. En este periodo en el mundo hubo 60 millones de cruceristas.

Y aunque a todo accidente sigue un debate sobre seguridad, las navieras piensan, frente a quienes critican la desproporción entre altura y calado, lo que hace a los cruceros inestables, que sus barcos son seguros y que el caso del Costa Concordia ha sido una fatalidad provocada por una imprudencia: la de acercarse a la costa, muy habitual. En el argot se le llama reverencia. "Un crucero es espectáculo. No es lo mismo que el turista tome fotos al lado de la costa que en alta mar", declaraba un tripulante de otro crucero al ser preguntado cómo es posible que sucedan estas cosas. No sólo ocurren sino que, como en el caso del capitán cobarde, como llaman en Italia al ya famoso Schettino, máximo responsable del Concordia, la propia compañía le felicitó por una maniobra parecida. "El Costa Concordia, que efectuaba el crucero Perfumes del Mediterráneo, (...) ha homenajeado con su saludo y su breve parada en la ruta de la Corricella a la isla de Procida, todo ello gracias al comandante Schettino", destacó la compañía en la entrada de su blog oficial, según publicó Il Corriere de la Sera. Al parecer, la Corricella es conocida por los marineros por su escasa profundidad.

Estos alardes no gustan a los cruceristas si acaban en susto. La red está plagada de quejas. Dice Mira: "En esos foros las quejas tienen que ver con que ha bajado la calidad de la comida o que las copas son muy caras. Antes la principal rentabilidad del crucero se extraía del precio del pasaje, ahora son las excursiones y el consumo a bordo. Es posible que alguna compañía, con la crisis, estire su margen de beneficio a costa de la calidad, pero el peor de los cruceros sigue ofreciendo un trato más esmerado que un hotel de cinco estrellas". De hecho, los baratísimos precios de los pasajes muchas veces son reclamos y el mazazo en los precios espera a bordo, reconocen en agencias de viaje.

Pero esa no era la queja de los pasajeros del Sky Wonder, que la pasada Semana Santa encallaron en Kusadasi, en la ruta entre Atenas y Estambul, sin conseguir que nadie en el barco les diera información fidedigna. Igual indignación mostraban el pasado julio los cruceristas del Grand Voyager, que, pasando por Cádiz, hacía un recorrido entre Vigo y Marruecos. Cambios de itinerario, mareos por el fuerte oleaje, un motor que no funciona, pánico a la deriva. Las quejas se repitieron en el siguiente itinerario con distinto pasaje y el Grand Voyager fue retirado de la ruta.

Mira asegura que son casos aislados. De hecho, en las hojas de encuesta que se entregan a los cruceristas al final de cada trayecto se demuestra que el nivel de satisfacción es muy alto. En las últimas 48 horas de crucero la tripulación se encarga de recordar al pasajero que hay que rellenar la hoja de valoraciones y, ya de paso, con una sonrisa, indican que de una buena valoración depende su empleo. Y la mayoría de los cruceristas premia las vacaciones con un diez. Todo está siempre muy bien porque los cruceros están pensados para eso. Para ser felices en la burbuja flotante. Y, al final, todos cantamos Amigos para siempre.

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