Atrapado en la Sierra un prófugo reconvertido en bandolero

  • Un espectacular dispositivo de la Guardia Civil de 70 agentes con perros y helicópteros bate al 'Lute serrano' · Vivía en el monte con su "pareja", una niña de 14 años de edad

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Facineroso, forajido,  malhechor, cuatrero, bandolero, proscrito, salteador, bandido,  ... Todas estos términos más propios de otra época, que los diccionarios recogen como sinónimos,  podrían ser aplicados  al protagonista de la increíble historia supuestamente vivida en pleno Parque Natural Sierra de Grazalema.  Bastante menos acertado , a tenor de la biografía facilitada por la Guardia Civil, se antoja el pseudónimo  por el que en realidad era conocido, El Lute serrano. Porque, a diferencia del genuino, Eleuterio Sánchez, que ingresó en prisión por primera vez por robar dos gallinas por necesidad, Antonio Manuel Sánchez Corral parecía haber hecho  del pillaje, del robo de ganado y hasta del tráfico de drogas su modo de vida.  Cual maqui, se había echado al monte para hacerse el dueño y señor y, escopeta en mano, sembrar el terror entre los  pastores y senderistas  que 'osaban' entrar en sus dominios: un campamento conformado por dos tiendas de campaña que iba moviendo de un lado para otro, para eludir su captura, cuando no se ocultaba en cuevas de difícil acceso.

El pasado viernes, una espectacular batida  desplegada por la Guardia Civil, con nada menos que 70 agentes, perros adiestrados y hasta un helicóptero, daba 'caza' al  bandolero. Con él,  estaba supuestamente la que era su pareja, una niña de 14 años de edad natural de Benamahoma.  Con e llos, los ocho perros de razas peligrosas a los que había  adiestrado para detectar a los extraños, y a los que alimentaba con carne fresca: con los animales que robaba a los pastores del lugar.

       Muñoz Corral , natural de Sevilla, de 40 años de edad  y cuyo último domicilio conocido era la calle Cuesta La Venta, punto kilométrico 5 en Benamahoma,  según la Guardia Civil, plantó dura resistencia. Propia de la como se dice en el argot,  "conceptuación criminal"  con la que figuraba en los ficheros de las Fuerzas de Seguridad: delincuente "armado,  peligroso y proclive a la fuga".

Cuando los agentes irrumpieron en su campamento,  en la zona conocida como El Pontón, Sierra Margarita, cerca del sendero que enlaza El Bosque y Benamahoma, intentó huir lanzándose al vacío desde unos tres metros a un arroyo. En su caída  arrastró a dos guardias civiles con los que forcejeaba mientras se resistía a ser arrestado.

Una vez reducido,  los agentes inspeccionaron  sus dominios, hallando todo un arsenal. Numerosos machetes, hachas,  una escopeta de caza robada en 2004 con abundante munición, y cargada con cinco cartuchos de postas, y otros efectos y animales robados a los pastores (tenía gallinas y un chivo) y comerciantes de la zona para abastecerse . Para más inri, contaba con una plantación de marihuana con 23 plantas, droga de la que era habitual consumidor y con la que traficaba para sobrevivir.

Su historial delictivo,  cuentan fuentes cercanas a la investigación,  es amplio. Amenazas, robo  con fuerza en las cosas, resistencia y desobediencia   conforman una biografía que debiera haberle mantenido entre rejas una buena temporada.  De hecho, cuando ha sido capturado, contra él pesaba una orden de busca y captura para su ingreso en prisión, para cumplir una pena de cinco años y medio, dictada por un Juzgado de Oviedo.

  Pero el bandolero serrano pudo darse a la fuga y tras atravesar casi toda España, afincarse en la Sierra. No se sabe muy bien desde cuándo. Ahora, las investigaciones realizadas por los agentes de la Policía Judicial de Cádiz desde hace meses, le atribuyen  al menos tres  incursiones delictivas desde hace más de año y medio. La primera, en septiembre de 2009, cuando supuestamente habría  amenazado de muerte a dos agentes de Medio Ambiente que lo sorprendieron practicando la caza furtiva, a los que encañonó con su escopeta de caza. La siguiente,  poco más  de un año después, en diciembre  de 2010: entonces, habría amenazado a un senderista con su arma "sólo por cruzarse con él en un camino de la Sierra". La última,  habría  sido en enero,  cuando habría perpetrado un violento atraco en una gasolinera de El Bosque, donde agredió a escopetazos  al empleado. Y se dio a la fuga efectuando varios disparos al aire.

     Tras su captura,  no pocos lugareños han relatado a la Guardia Civil que El Lute serrano  en los últimos tiempos había  protagonizado  infinidad de "episodios de tropelías, vejaciones y robos de ganado", que no habían  denunciado por miedo a sus represalias.

"Ésta me la vais a pagar", "me voy a encargar de vosotros", cuentan que dijo a los agentes que lo detuvieron. Y cuando estaba recluido en los calabozos,  destrozó con sus manos una cámara de seguridad. 

Puesto  a disposición judicial, la titular del Juzgado de Ubrique decretó su ingreso en prisión. Y allí  está en Puerto 2, en el Módulo de Reincidentes,  donde, al cierre de esta edición, no había protagonizado nuevos incidentes.

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