Chaves facilita la tercera sucesión en tres años para rescatar a Griñán

  • El ex presidente andaluz se puso a disposición de Rubalcaba sin objeción alguna, pese a que sus partidarios les costó asumirlo, aunque le ha dolido que el aparato regional reaccionase negando su nuevo sacrificio.

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Casi doce años después de ganarse la presidencia del PSOE por su ejemplar comportamiento como presidente de la gestora que pilotó el proceso que les llevó de la dura derrota del año 2000 al 35º Congreso federal, Manuel Chaves se marchó de madrugada del domingo a su casa de Heliópolis desde la Cartuja triste pero con la certeza de que nadie podrá reprocharle su compromiso con el partido, que ha sido y es su vida.

"Me voy a mi casita, que es donde mejor está uno", dijo literalmente Chaves instantes antes de salir del Hotel Renacimiento. Pero en sentido figurado, Chaves salió del escenario del 38º congreso sin un cargo orgánico y tras demostrar una vez más, y es la tercera, que le cede a José Antonio Griñán su espacio político por el bien del partido en Andalucía.

"Sabíamos que si ocurría esto -que Alfredo Pérez Rubalcaba ganase el cónclave pese a la oposición del aparato andaluz-, Pepe levantaría la bandera de Andalucía", se decía en el entorno de Chaves minutos antes de esa despedida en el lobby del hotel.

Y es que a esa hora, el principio de una madrugada de negociaciones que se prolongó más allá del alba, entre los rubalcabistas que habían trabajado para que lograr los votos andaluces que derrotasen a Chacón (y con ella a Griñán) -porque eran delegados con los que contaban ambos-, les disgustaba mucho la solución escogida. "Es un error poner de presidente a alguien que te hace chantaje cada cinco minutos", decía con una mueca de lamento uno de los presentes. Curiosamente, sólo Chaves no tenía dudas.

El hombre fuerte del socialismo andaluz en los últimos decenios era plenamente consciente de que, a menos de cincuenta días de las elecciones, no integrar a Griñán en la Ejecutiva federal era acentuar su derrota y colocarlo en una situación de debilidad extrema para la campaña electoral. Otro destacado militante trataba de explicarlo: "No se lo merece, porque es el gran perdedor junto a Chacón, pero si sale del Congreso como presidente del partido podrá decir que él sale victorioso".

Chaves, en cambio, sereno y triste por lo ocurrido, lo asumía sin embargo con normalidad. Él era consciente de que esto iba a ocurrir desde bastantes semanas antes. De hecho, reconoció a este periódico que había hablado de ello con el ya secretario general antes de que empezase el congreso.

Cuando la victoria se decantó del lado de Rubalcaba, éste y Griñán mantuvieron una breve conversación en la que el presidente de la Junta andaluza reclamó para sí la presidencia del partido. "Ya veremos", fue la respuesta del nuevo líder socialista.

Antes de ponerse a negociar, Rubalcaba llamó a Chaves y le confirmó que Griñán había pedido su cargo. La conversación fue corta, el tiempo justo para que Chaves, que ha sido uno de los mayores apoyos de Rubalcaba en su carrera hacia la Secretaría General, le dijese que estaba a su disposición, que nunca sería un obstáculo para que se lograra la integración que había prometido en su discurso ante los delegados.

Chaves facilitaba así la tercera sucesión a Griñán.

Primero, en 2009, cuando José Luis Rodríguez Zapatero le propuso que regresara a la política nacional como vicepresidente del Gobierno. Entonces, el propio Chaves promovió que le sucediera su consejero de Economía, venciendo las no pocas reticencias internas, tanto en Andalucía como en Ferraz, donde apostaban por Mar Moreno como relevo en la Presidencia del Gobierno de la Junta.

En aquella primera sucesión, los que el sábado derrotaron a Chacón (y a Griñán) son los mismos que trabajaron sin descanso para que el diputado por Córdoba fuese elegido cuarto presidente de la Junta.

Pero la apuesta de Chaves y los suyos trajo un futuro muy distinto al que imaginaron. Griñán enseñó el perfil egocéntrico que no habían valorado suficientemente. (Sí lo había hecho el adversario: Javier Arenas confiaba ya en ese momento en que Griñán sería "víctima de su propio narcisismo", como confesó en una conversación informal con dos periodistas de este diario.)

A Griñán no le bastó con ser presidente con la mayoría absoluta que había conseguido su amigo Manuel Chaves en sus sextas elecciones autonómicas como candidato. En poco tiempo forzó la segunda sucesión: quería un congreso extraordinario para ser cuanto antes secretario general del PSOE-A. Eso sí, con Arenas moviendo el soplete desde su escaño para avivar las llamas: "Usted no es líder de su partido", le repetía en sus debates periódicos.

Tras varios desencuentros públicos, Chaves acabó por ceder y facilitó la convocatoria del congreso extraordinario que en 2010 eligió a Griñán secretario general, no sin abrir una fractura con la provincia de Chaves: Cádiz.

Inmediatamente después vino una remodelación del Gobierno andaluz que se caracterizó por la laminación de consejeros que habían trabajado más por su elección: Martín Soler, Antonio Fernández o Cinta Castillo. Sólo Luis Pizarro continuó en el Gabinete, aunque por poco tiempo. Cuando Griñán defenestró al delegado del Gobierno en Cádiz, Gabriel Almagro, Pizarro dijo basta y dimitió fulminantemente.

Y aunque pueda parecer que no sirvió para nada, evitó con ello que la sustitución de cargos se extendiese a casi todas las delegaciones gaditanas de la Junta, algo que los fieles a Griñán en esa provincia consideran que fue un error que ahora ha dado la cara con la derrota en el congreso federal.

Su apuesta decidida por Carme Chacón para perpetuar el zapaterismo acaba de forzar la tercera sucesión en tres años.

Griñán llegó al cónclave de este fin de semana con todas las papeletas para salir como presidente del partido. Su plan inicial era que fuese como premio al apoyo que habría prestado a la catalana para que fuese secretaria general.

Pero aun en la derrota no dudó en pedírselo a Rubalcaba, que tiene como su primer reto al frente del PSOE intentar salvar el Ejecutivo andaluz. Así que sabía que el nuevo secretario general tendría que sostenerlo para no dejarlo en un ostracismo total.

Aunque la negociación fue larga y dura, porque Rubalcaba no estaba dispuesto a que hubiese andaluces afines a Griñán en puestos claves de la Ejecutiva, se cerró con Griñán como presidente. Se consumaba la tercera sucesión, facilitada por una generosidad de Chaves que el flamante secretario general no olvidó agradecer en el discurso de clausura del 38º congreso del PSOE. Pese a esta actitud de Chaves, los grandes perdedores andaluces de la cita, Griñán y Susana Díaz, quisieron restar valor a su gesto. Esgrimieron en público que Chaves no cede nada, sino que "le tocaba irse". Para ello esgrimen la limitación de tres mandatos que marcan los estatutos.

Chaves se lo tomó con resignación, pero dolido con un trato que no cree merecer por parte que quien no sólo ha sido su colaborador sino su amigo personal. "La limitación afecta a los cargos ejecutivos, se puso así precisamente para dejar al margen a Ramón Rubial [el anterior presidente del partido, que lo fue hasta el día de su muerte]", declaró.

Ni siquiera que su amigo Felipe González le defendiera al llegar a Sevilla como un magnífico presidente sirvió para evitar esta tercera sucesión, que pese a todo se defiende como mal menor: rescatar a Griñán hasta el 25-M. Pero incluso así muchos en el PSOE piensan que no evitará una derrota ante el PP de Javier Arenas.

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