Dios salve a la Reina

  • El heredero de la Corona británica entró con su esposa en la Catedral por la puerta del Perdón y salió por la del Príncipe.

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Igual alguien de la comitiva pensó que el Ayuntamiento de Sevilla había tirado la casa por la ventana preparando esta visita cuando vio las gradas en la plaza de San Francisco. El príncipe de Gales y la duquesa de Cornualles hicieron la carrera oficial, subieron por Alemanes y entraron por la puerta del Perdón. Bajo el fresco de Mercadante de Bretaña. De la francesa, la que se inventó Cunqueiro en Las crónicas del sochantre.

En el patio de los Naranjos dirigieron la vista a la Giralda. "Tower, Tour", para los turistas. El interior de la Catedral estaba en hora punta de visitas, que para nada se alteraron por tan importante visita. Entraron acompañados por Francisco Ortiz, deán presidente del Cabildo Catedralicio. Su primer destino fue el Altar Mayor, al que accedieron por el control donde estaba la azafata Bernardette. Uno de los guías, el mismo que le enseñó la Catedral a Bill Clinton, les explicó a grandes rasgos el contenido de las escenas de la Pasión contenidas en esa maravilla del gótico francés.

José Enrique Ayarra, en el Coro, nada más entrar el heredero de la Corona británica con su esposa, inició al órgano los compases de Dios salve a la Reina. ¿De quién?, diría un mal pensado con tanta prensa rosa al avizor. El himno nacional británico que no se escucha en un Mundial de Fútbol desde 1966, el que organizaron y ganaron los ingleses. El resto del repertorio fue el Aleluya de Häendel y otra pieza de este músico alemán de cuna que se nacionalizó inglés. La comitiva era heterogénea, abigarrada, incluido un edecán sudoroso con un paraguas. Una guía bajó del campanario de la Giralda, porque una pareja de su grupo se había quedado abajo para ver a la pareja. "Señor, dame paciencia", decía en un contexto muy apropiado. A domicilio, como quien dice. Se dirigieron al túmulo de Cristóbal Colón.

Alguien les debió traducir la leyenda del monumento: "Cuando la Isla de Cuba se emancipó de la madre España Sevilla obtuvo el depósito de los restos de Colón y su Ayuntamiento erigió este pedestal". El almirante que consiguió que América sea el único continente del mundo donde hay más hispanohablantes que angloparlantes.

La comitiva tenía prisa, pero Carlos de Inglaterra quiso retroceder para visitar el Coro. Le mostraron la llamada silla de Carlos V. Cuando este monarca se casó con su prima Isabel de Portugal se estaban terminando las obras de la Catedral y en su honor se personalizó esa silla de la sillería, de cuya vistosidad mozárabe fueron debidamente informados. Ayarra recordaba las dos visitas anteriores del príncipe británico: en la Expo y en la boda de la infanta Elena. En 1992, Carlos de Inglaterra pasó junto al organista y Diana Spencer se detuvo. "Yo estaba tocando una tocata de Widor que ella había pedido para su boda. Le dije que la estaba tocando en su honor y me preguntó que cómo lo sabía. Me lo había dicho el organista de la catedral de San Pablo, que fue quien la interpretó. Me dio las gracias, porque la víspera de su visita a Sevilla había sonado esa misma pieza en un funeral por el padre de Diana en Londres".

Carlos y Camilla fueron un regalo inesperado para el centenar largo de turistas que se encontraban en ese momento en los aledaños del Altar Mayor y del coro. Un grupo de escolares ingleses de vacaciones los acribillaron con sus móviles, no dudando para ello en subirse a los bancos perdiendo por completo las formas y el decoro propio del lugar. La comitiva se dirigió a la Puerta del Príncipe y salieron en dirección al Alcázar. El príncipe Carlos fue obsequiado con un libro sobre el Altar Mayor. Su esposa, con una caja de mermelada de naranja amarga. Néctar de azahar del patio de los naranjos, fruta que tradicionalmente viajaba desde los árboles sevillanos a las tiendas londinenses. De Laffón a Dickens.

Prosiguieron su camino hacia el Alcázar, rodeados de algunos guiños de patriotismo transversal: la casa de la calle Fabiola en la que nació Nicolás Wiseman, que fue arzobispo de Westminster, o la de Jamerdana, en el barrio de Santa Cruz, cuna de José María Blanco White, heterodoxo sevillano que murió en el exilio de Liverpool. En las dos ciudades actuó como organista José Enrique Ayarra, el confidente musical de Diana Spencer.

La pareja estaba en la gloria. En todos los sentidos de la palabra. Incluida esa albricia celestial, La Gloria, que da nombre a un cuadro de Juan de Roelas. En otra visita más pausada tendrían tiempo de ver el San Fernando pintado por Murillo, las santas Justa y Rufina de Goya, las maravillas de Zurbarán o Valdés Leal. Y el cielo abierto que se cuela por una de las capillas en obras porque la vidriera está siendo reparada en Alemania. La patria que abandonó Häendel para hacerse inglés.

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