¿Emprender o morir?

  • Las dificultades de ganaderos y agricultores en un sector tan castigado llevan a muchos a innovar y a apostar por actividades con más futuro

La inventiva y la capacidad de innovar no están restringidas a un sector concreto. También en aquellos tan tradicionales como la agricultura y la ganadería se hace más necesario si cabe para lograr sobrevivir en un entorno cada vez más hostil como consecuencia de un mercado altamente competitivo. Los que deciden apostar por la originalidad y arriesgarse son vistos como unos valientes en los tiempos que corren. Los emprendedores agrarios, en cambio, se definen a sí mismos personas con ganas de cambiar las cosas y demostrar que hay otras alternativas para crear empleo. Un claro ejemplo de ello es Leovigildo Martín, un empresario de Vélez-Málaga que poco tenía que ver con la agricultura y que se embarcó hace dos años en un proyecto piloto para poner en marcha un cultivo que podría devolver el esplendor de la industria azucarera que un día tuvo la comarca de la Axarquía. Pero en esta ocasión no con la caña de azúcar que ocurrió en los años 70, sino con una planta llamada estevia que resulta ser un edulcorante natural con menos calorías y menos perjudicial que el azúcar.

"Quise probar a ver si se adaptaba al terreno y al clima, y comprobar su salida comercial antes de aconsejar a otros agricultores que apostaran por este cultivo y así poder generar empleo". El proyecto apoyado por la Asociación para el Desarrollo de Iniciativas Generadoras de Empleo de la Axarquía pretendía servir de lanzadera y la realidad es que ya hay 40 agricultores en la zona que cultivan estevia y otros 30 a la espera de autorización.

La novedad de este cultivo es que hasta hace unos años su plantación en Europa estaba prohibida al tratarse de un arbusto considerado invasor. En 2011 se levantó el veto, pero sólo para la extracción del edulcorante de la hoja para su introducción en la gama alimentaria.

Esta planta, 300 veces más dulce que el azúcar, se ha adaptado perfectamente al clima de la zona al ser originaria de Paraguay y crecer en un entorno subtropical. Martín buscó una finca de una hectárea y cultivó 40.000 plantas porque "me apetecía emprender en algo que veía factible y que era una pena que no se intentara para crear empleo". Los resultados avalan la visión que tuvo hace dos años. Su producción es rentable porque tiene unos precios fijados en el mercado, el mantenimiento del cultivo es "bastante fácil" y apenas necesita un par de riegos a la semana en los meses de verano y quitar las malas hierbas de forma periódica: a los tres meses de ser plantadas dan la primera de las tres o cuatro producciones que tienen al año.

Martín quiere jubilarse en el negocio de la estevia y preside la Asociación de Producción y Comercialización de Estevia de la Costa del Sol Axarquía y también la de Andalucía; el cultivo se ha extendido a todas las provincias. Se ha creado una empresa, Bioestevia, para la transformación de esta planta de la que se ha demostrado que tiene propiedades positivas sobre la salud e incluso como componente de la pasta de dientes para reducir las caries.

Hay quien apuesta por la cría de caracoles por sus demostradas propiedades como cosméticos. Pero María Rebollo, bióloga de 55 años, prefiere criarlos únicamente para consumo. Su idea tuvo tirón y son muy demandados entre sus vecinos de Monda. Tras interesarse por internet sobre la cría y hacer algunos cursos, puso en práctica todo lo aprendido y dio uso a una parcela que poseía junto a su marido después de que la crisis les golpeara obligándolos a cerrar un negocio de hostelería. Rebollo empezó con un parque de apenas 40 metros cuadrados para probar.

Ahora es ya un criadero de 100 metros cuadrados y 50.000 caracoles, y prevé construir varios más en una superficie de mil metros cuadrados para producir hasta 4.000 kilos al año. No es mucho, señaló, porque "no es un negocio para enriquecerse pero una ayuda sí que es". El kilo de caracoles, entre 160 y 180 ejemplares, lo está vendiendo a 5 euros. Eso sí, "listos para comer porque tengo un grifo de ozono con el que los limpio antes de llevarlos a la cámara frigorífica para venderlos".

También Rodolfo Sánchez se aventuró hace cinco años a poner en marcha una forma de cría nada habitual y que hoy en día ha sido copiada por otros muchos ganaderos debido a su interesante proyección de futuro. En su caso optó por las perdices rojas, las únicas consideradas genéticamente puras, y que la Junta de Andalucía baraja obligar a criar en no mucho tiempo antes de otorgar el certificado como vendedor. "Yo ya llevo ventaja", dice, aunque reconoce que no ha sido un camino fácil teniendo en cuenta la agresiva competencia que ejercen las perdices híbridas traídas desde Francia para ser criadas aquí. Más baratas, pero que en su opinión "terminarán acabando con los cotos de caza porque ni sirven para repoblarlos ni aguantan al no tener instinto de supervivencia por haber sufrido tantos cruces".

A sus 48 años, ha pasado 22 criando perdices. Empezó por su afición a la caza y con las perdices de granja tradicionales que tienen una producción más rápida de hasta cien huevos en una temporada de puesta. Pero no tardó mucho tiempo en darse cuenta de que "era difícil entrar en el mercado cuando los franceses tiraban los precios". Para poder seguir su negocio no tenía más remedio que cambiar de tercio y fue cuando apostó por la perdiz roja. Hoy en día, tiene 500 parejas reproductoras y una puesta de 6.000 pollos.

Su mercado son los pequeños cotos de la Axarquía. Confía en que algún día se opte por repoblarlos con esta especie que, aunque más costosas, tienen más bravura. No se arrepiente de la iniciativa, lo que pierde por un lado lo compensa con sus otras actividades como ganadero y agricultor porque "estoy contento de que lo que vendo es de mucha calidad".

Iván Salvia no lo tiene como negocio, pero su producción de compost natural gracias a la ayuda de las lombrices rojas californianas le está acarreando un gran beneficio para sus cultivos. También empezó como un experimento con la ayuda de un amigo hace varios años. "Hasta ahora usaba el abono que hacía mediante el compostaje del estiércol de los cuatro burros que tengo en la parcela". Pero cuando compró unas 10.000 lombrices se dio cuenta en apenas tres meses de sus enormes ventajas, ya que "no sólo transforman la materia orgánica en fertilizante más rápido, sino que además este compost mejora la estructura del suelo, es más asimilable por las plantas y les da más vitalidad".

Lo sabe porque "hemos cultivado encima de donde están las lombrices calabazas, tomates y berenjenas y los resultados son espectaculares, según Salvia. De momento, seguirá con su producción para autoconsumo debido a las dificultades para introducir en el circuito de comercialización un "producto que no dura eternamente". Pero, al menos, sí confía en que su experiencia sí pueda ser imitada por otros agricultores porque "queremos poner en común nuestra producción de conocimientos con aquellos que tengan nuestras mismas de inquietudes para usar fertilizantes y mejorar los cultivos".

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