Griñán queda derrotado a 47 días de las elecciones y deja su liderazgo maltrecho

  • El aparato andaluz fracasa en su apoyo a Chacón al no ceder varias provincias a las presiones y depende de sus adversarios para evitar la implosión del partido

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Nada le sale bien. Desde que José Antonio Griñán sucedió a Manuel Chaves como presidente del Gobierno de la Junta de Andalucía, en el PSOE regional viven sumidos en la zozobra por su acción política. Tras varias tempestades -congreso extraordinario, laminación de quienes le auparon al cargo, fracaso de la caja única o escándalo de los ERE- la apuesta de apoyar a Carme Chacón al mismo tiempo que aseguraba mantener la cacareada neutralidad activa a base de retorcer una organización ya dividida provocó ayer que sumara un revés que le sitúa en una tormenta perfecta a 47 días de las elecciones autonómicas del 25 de marzo: derrotado y con su liderazgo político interno y social, maltrecho

Varias provincias se rebelaron contra las presiones hechas desde la dirección andaluza para que se votase a Chacón y cambiaron la mayoría de los 234 delegados a favor del nuevo secretario general socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba. Las "traiciones" como ayer las llamaban fuentes del sector griñanista vinieron de los territorios donde más coacción hubo: Granada, Córdoba y Sevilla. En la soledad de las cabinas, los delegados pusieron en el sobre la papeleta de Rubalcaba y desmintieron los comunicados de los secretarios generales que en vísperas del Congreso aseguraban que sus delegaciones apoyaban mayoritariamente a Chacón. Andalucía, aun muy dividida, le dio el triunfo a Rubalcaba.

El trasvase de delegados en estas provincias sumado a los apoyos ya declarados en las provincias que estaban divididas, hicieron a Andalucía clave en la victoria del ex ministro del Interior, cuyo equipo admitió que compensaron apoyos perdidos a última hora en Aragón y Galicia.

Desde el primer día del Congreso, los partidarios de Rubalcaba avisaban de que tanta presión se volvería en contra de la dirección de Griñán y Susana Díaz, secretaria de Organización del PSOE-A.

En la tensión que se ha vivido en estos dos días de cónclave un pensamiento común de muchos socialistas predominaba: cuestionaban por qué la federación de Andalucía, en la delicada coyuntura política que tiene, con unas elecciones en las que los sondeos auguran que puede perder la presidencia de la Junta, se hacía una apuesta tan arriesgada, casi suicida.

Aparentemente el único objetivo del presidente andaluz era evitar la confluencia en la campaña con Rubalcaba, porque considera que le perjudica tras el resultado del 20-N, que es el peor obtenido en democracia por los socialistas en unos comicios generales. Pero ni siquiera ese argumento convence a los partidarios de Rubalcaba, al que Griñán le aconsejó poco antes de que se presentara que no le hiciera porque no podría ganar. Se lo dijo en su visita al domicilio de Griñán en Mairena del Aljarafe.

Una vez más, Griñán se equivocaba: Rubalcaba es el nuevo líder del partido tras batirle a él y los suyos como aliados imprescindibles de Chacón para que ésta tuviese opciones.

La derrota del tándem Griñán-Díaz deja al PSOE en riesgo cierto de implosión, que en todo caso se producirá tras las autonómicas si dejan de ser por primera vez el partido del Gobierno andaluz. Porque ayer, los seguidores de Rubalcaba se implicaron en tratar de restar trascendencia a la derrota y señalaron que en la larga madrugada de hoy en la que negociarían los órganos de dirección habría generosidad para salvar aunque sea parcialmente la imagen de gran perdedor, junto a Chacón, del presidente andaluz.

Precisamente de esa generosidad de los adversarios del aparato andaluz depende evitar la implosión antes de que se celebren las elecciones y lograr una mínima unidad para movilizar a la organización para tratar de sacar el mejor resultado posible en las urnas y conservar el poder institucional pactando con IU.

Entre esas muestras de generosidad no se descartaba anoche ni siquiera que Manuel Chaves tuviese que sacrificar otro cargo orgánico en favor de Griñán: la presidencia de la Comisión Ejecutiva Federal. Precisamente el puesto que Chacón le había ofrecido al secretario general andaluz. De producirse durante la madrugada, Chaves volvería a hacer un gesto de servicio al PSOE andaluz, con tal de no perjudicarle en vísperas de las decisivas elecciones.

Al mismo tiempo, Griñán tendrá que asumir que andaluces que no le secundan vuelvan a tener un protagonismo político de primer nivel. El sevillano Alfonso Gómez de Celis, el almeriense Martín Soler o el gaditano Luis Pizarro son ejemplos muy claros. Gaspar Zarrías, que era miembro de la Ejecutiva de Rodríguez Zapatero, será también otro de los hombres fuertes del PSOE andaluz que ha aupado a Rubalcaba al poder contra el criterio de Griñán. La consejera Micaela Navarro, también jiennense como Zarrías, tendrá también mucho más protagonismo que en los últimos años.

A tres de esos nombres -Zarrías, Pizarro y Soler-, Rubalcaba había pedido que no hicieran movimientos orgánicos para disgustar a Griñán en la antesala del 38º Congreso, cuando el aparato andaluz decía abiertamente -en privado eso sí- que apoyaría al hoy secretario general.

La noche, en cualquier caso, empezó torcida para la recomposición (lo que no quiere decir, ni mucho menos que no se logre: en la práctica no les queda otra). El otro cachorro de Griñán, Mario Jiménez, portavoz parlamentario del PSOE-A, acompañó a Chacón y a José Zaragoza, secretario de Organización del PSC, a ver a Rubalcaba. Le plantearon todo un órdago: que la nueva Ejecutiva federal represente a sus partidarios en casi el 49% que ha obtenido en las votaciones.

El flamante secretario general no dio opciones. Les dijo que él negociará con el primer secretario de los socialistas catalanes, Pera Navarro, y con su homólogo andaluz, el propio Griñán, en su condición de secretario general de Andalucía. Aplica la máxima de que, en 2000, el grupo de Bono se disolvió como tal en cuanto Zapatero ganó la votación y éste negoció con las federaciones la participación de cada una en la nueva dirección.

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