Día de Andalucía

Griñán ve erróneas las reformas sin "grandes consensos sociales"

  • Defiende la necesidad de adaptar el Estado autonómico y buscar "fórmulas eficaces" para resolver los problemas de los ciudadanos "sin duplicidades" pero sin crear "un nuevo e indeseable centralismo".

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El clima preelectoral y los últimos movimientos del Gobierno de Mariano Rajoy sirvieron ayer al presidente de la Junta, José Antonio Griñán, para construir un discurso del Día de Andalucía que le sirvió de altavoz para  marcar sus prioridades: el consenso social, la defensa del Estado de bienestar y del modelo autonómico. No hizo mención en ningún momento a los recortes ni reformas que se decretan desde La Moncloa, pero sí dejó caer que  es un "error" hacerlo "sin grandes consensos sociales". Como sí los hubo en los Pactos de la Moncloa de 1977 y la Constitución, lo que ha sido garantía de su éxito y su perdurabilidad, como así recordó. No se han dado, por ejemplo, en la última reforma laboral, surgida sin negociación previa con los agentes sociales, y a la que el PSOE se ha opuesto hasta el extremo de anunciar su recurso ante el Tribunal Constitucional y que en Andalucía ha convertido en una de sus principales armas contra el PP para la cita con las urnas del 25-M.

En la vertiente autonómica de su alocución en el Teatro de la Maestranza también hubo cierto tinte electoral. Aunque se trataba del acto central del 28-F y de la entrega de las Medallas y de los títulos de Hijo Predilecto de Andalucía, Griñán buscó otros destinatarios de su mensaje: quienes pretenden un regreso al modelo centralista de Estado.  Aunque admitió que el Estado de las autonomías necesita de una adaptación después de tres decenios de vigencia y recuperar la austeridad en su dimensión administrativa, abogó por la supresión de "duplicidades" pero sin caer en un "nuevo e indeseable centralismo". Este es, precisamente, otro de los ejes en los que los socialistas andaluces tienen marcada su estrategia electoral  contra el PP, al que acusan desde el Gobierno de intentar con un "centralismo peligroso" maniatar a las comunidades autónomas con el control de  sus cuentas, y así ir  avanzando en el desmantelamiento del Estado de bienestar propiciando los recortes en sanidad, educación o servicios sociales.

El mejor resumen del modelo autonómico, según Griñán, está en las palabras pronunciadas por el ex presidente de la Junta Rafael Escuredo en su reciente nombramiento como doctor honoris causa por la Universidad de Almería, y que él mismo parafraseó: "Hay que seguir laborando por un Estado autonómico que sea fiel a los principios de igualdad, justicia social y solidaridad entre todas las comunidades autónomas, ya que ellos supondrá el progreso de España y todo lo que sea bueno para ello, lo será también para Andalucía". Esta receta se acompaña de una "economía al servicio del hombre y no de los mercados" y donde la política deja de estar en manos de "tecnócratas suplantadores de la voluntad popular".

Si el tercer pilar es el Estado de bienestar, no hay política social e igualdad de oportunidades que valga si no pasa por el empleo. Griñán viene poniendo en tela de juicio desde hace tiempo las directrices económicas que viene marcando la Unión Europea, y quiso situarlas como uno de los frenos para la creación de empleo, que en Andalucía se traduce en un millón largo de personas sin un puesto de trabajo. Aunque en esta ocasión se limitó a asegurar que "lejos de dar resultado", estas "han venido a provocar nuevas y constantes recaídas", lo cierto es que se ha referido a ellas en otras circunstancias como una "barbaridad", e incluso un "suicidio". La receta de la consolidación fiscal y el control del déficit público cree que están siendo un lastre al no ir acompañados de estimulación las políticas de crecimiento económico y de empleo. Una combinación que, según mantiene, no es una solución, sino una puerta para la entrada en recesión.

El último toque de atención indirecto fue para la patronal andaluza. Las críticas vertidas la pasada semana por el presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA), Santiago Herrero, en las que definía a la Junta como una losa a la iniciativa empresarial por su excesivo intervencionismo, no sentaron nada bien al Gobierno andaluz. Su respuesta fue recordar que la política económica andaluza ha venido marcada por el diálogo y el consenso a tres bandas -Junta, empresarios y sindicatos-,y Griñán no dejó pasar la oportunidad de recordarlo de nuevo: esa concertación, que ha dado pie hasta a siete acuerdos -los dos últimos con la firma del propio Herrero-, ha sido el "instrumento más eficaz" en el diseño colectivo de las políticas económicas y sociales.

A pesar de estos mensajes, el acto requería de palabras para los galardonados. De sus valores se sirvió para ir trazando la línea creciente y positiva de una comunidad que, ahora que cumple los treinta años de sus instituciones democráticas -también recordó otros aniversarios, como el bicentenario de la Constitución de 1812, que fue el telón de fondo del acto- y que ha tenido sus "luces y sombras" ,  tiene un "afán de renovación, modernización y vanguardia".

Un año más, el presidente del PP-A, Javier Arenas, no acudió a al Teatro de la Maestranza, prefiriendo ir a una celebración paralela en el parque Central de Alcalá de Guadaíra. No obstante, hubo representación popular, ya que acudió la  delegada del Gobierno en Andalucía, Carmen Crespo, y las diputadas Patricia del Pozo -vicepresidenta segunda del Parlamento- y Teresa Ruiz Sillero. Por IU asistió su coordinador regional, Diego Valderas, acompañado por el diputado por Cádiz Ignacio García.

La entrega de las Medallas de Andalucía, con menor asistencia que en ediciones anteriores, también contó en el exterior con las protestas habituales. Interinos, funcionarios, ciudadanos en contra del cierre de una residencia de ancianos  o defensores de la memoria histórica se alineaban por decenas enfrente del Teatro de la Maestranza en una especie de barrera reivindicativa, que ya tuvo sus prolegómenos en el acto celebrado en el Parlamento andaluz. Durante el tradicional izado de la bandera andaluza frente al Hospital de las Cinco Llagas,  unos 10.000 propietarios de viviendas ilegales se manifestaban en contra de la Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía  (LOUA).

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