Griñán rebaja en horas su optimismo a "tener confianza" para 2011

  • El primer debate parlamentario fue una suma de los últimos del anterior periodo de sesiones

Las críticas de PP e IU al exceso de optimismo para 2011 mostrado por el Gobierno andaluz en este arranque del curso parlamentario parece que surtieron efecto y obligaron ayer a una rectificación de su discurso. A pesar de que esa "autocomplacencia" sobre la que tanto despotricó la oposición no cambió ni un ápice los datos que maneja a su favor la Junta, lo cierto es que el presidente andaluz, José Antonio Griñán, acabó por rebajar en unas horas ese "vamos a por un 2011 en positivo" que desde la tribuna proclamara el miércoles su segunda de a bordo, la consejera de la Presidencia y portavoz, Mar Moreno, a una llamada a "tener confianza".

En los indicadores en los que quiso sustentar Griñán sus esperanzas fueron el crecimiento de la inversión en un 2%, cuando arrastraba muchos trimestres en retroceso, y el incremento de las ventas al exterior en un 25%. A diferencia de Moreno, que se centró en las siete décimas de crecimiento económico de los dos primeros trimestres de este ejercicio -un 0,5% en el primero y un 0,2% en el segundo-, Griñán buscó otros datos "alentadores" que, como reconoció "no es para tanto optimismo, pero sí para una mayor confianza". En definitiva, la situación mejora pero "no para tirar las campanas al vuelo".

Ese cambio de discurso fue la única novedad del primer duelo de Griñán después de casi dos meses sin medirse en el Parlamento con los líderes de la oposición, el presidente del PP-A, Javier Arenas, y el coordinador regional de IU, Diego Valderas. Fueron tan "reiterativos" los argumentos que se cruzaron desde una bancada a otra que hasta el propio Griñán se quejó de un debate que ya sonaba a antiguo.

Prueba de ello, es que la ofensiva de Arenas se apoyó en la exhibición una vez más del documento que ya sacara en la última sesión plenaria de junio con el plan de ajuste presupuestario del Ejecutivo autonómico y que ha rebautizado como su "agenda oculta" de los recortes sociales -que recordó que no era conocido ni tan siquiera por los empresarios y los sindicatos-. Se sirvió de éste y del millón de parados (27% de la población activa) para poner en duda la batería de datos de Griñán, aferrándose a que difícilmente pueden generarse confianza entre los inversores y los consumidores. Y así quiso tirar por tierra la gestión de un gobierno autonómico del que aseguró que no pasaría la prueba del polígrafo porque se sustenta en un "discurso de la mentira".

IU, inmersa en plena campaña de la huelga general del 29-S, orientó sus reproches hacia la "deriva derechista" de la política económica del PSOE y reclamó un giro hacia una masa social que se resquebraja por ser la pagadora de una crisis de la que salen indemnes los que más tienen.

El tono del debate que marcó Valderas, situando a un Gobierno andaluz alejado de la realidad y que sigue "erre que erre" con unas medidas inadecuadas a la situación actual, llevó a un reto final: que el Gobierno andaluz discuta con la oposición ese nuevo modelo de desarrollo que plantea en el último paquete de 3.000 millones para la regeneración económica.

Griñán no se molestó en coger el guante. Defendió sus medidas anticrisis amparándose en que "sean buenas o malas fueron pactadas con empresarios y sindicatos" y recriminó a Valderas por estar demasiado volcado en la convocatoria de huelga, hasta el punto de ser una mera "correa de transmisión" de los sindicatos, tal vez, por estar más pendientes del rédito electoral que les pueda reportar ese paro.

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