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  • Cuatro investigadores andaluces hablan del hachazo a la inversión en ciencia

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1.900 grupos de investigación, 18.000 investigadores andaluces, buena parte de ellos en precario con sueldos que apenas superan los 1.000 euros pese a sus brillantes currículum, escucharon la sentencia. En su primer paquete de recortes, el gobierno popular daba un hachazo de 600 millones de euros a la investigación. Recorte sobre recorte. ¿Qué piensan los investigadores, los que nunca hablan?

Fernando Casares y José Luis Gómez Skarmeta tratan de desentrañar el funcionamiento de los genomas desde el Centro Andaluz de Biología del Desarrollo, con sede en Sevilla. Para ellos, "la falta de apoyo en un momento en que la investigación de vanguardia necesita de una tecnología cara y el reclutamiento de personal muy cualificado resultará un frenazo que aumentará la distancia que nos separa de nuestros colegas extranjeros. La competitividad de la ciencia andaluza se resentirá y situará a sus investigadores en una posición de desventaja en la industria del conocimiento".

Este dúo de investigadores piensa que los recortes se cebarán en el capítulo de personal de la industria, "este recurso que tanto ha costado formar: investigadores jóvenes entrenados en España y fuera y que habrían sido parte de la solución al atraso tecnológico del país y, sobre todo, de Andalucía, una comunidad retrasada en conocimiento y cuya economía habrá de sostenerse sin remedio en el sector servicios. Estos investigadores y personal técnico cualificado irán al paro para cobrar un subsidio de desempleo, es decir, de otro ministerio. No parece un recorte muy bien pensado".

En cualquier caso, "este recorte no se hace ahora. Se lleva haciendo, de forma encubierta, desde hace al menos un año. Los proyectos de excelencia, que tanto han ayudado a estimular la investigación de calidad en Andalucía, han sufrido un recorte enorme, llegándose a la paradoja de que grupos que habían obtenido proyecto de excelencia no lo han renovado en esta convocatoria a pesar de haber incrementado su productividad científica y el impacto internacional de la misma".

El grupo de Antonio Heredia, catedrático de Bioquímica de la Universidad de Málaga, está compuesto por ocho personas y trabaja para evitar el agrietado de la piel vegetal, la cutícula. No es algo banal. Que los agricultores de Almería entreguen tomates lustrosos al consumidor exterior (se exporta el 80%) abre mercados. Más pedidos de tomate significan más empleo. Heredia afirma que no se puede quejar "porque el sector privado apoya la investigación; es rentable". Ahora tienen que presentar el proyecto para que el Gobierno renueve su financiación. Hay una buena y una mala noticia. La mala es que la degradación de Ciencia, que ha pasado de Ministerio a Secretaría de Estado, ha hecho caer el departamento en Economía. "Dependemos de De Guindos y de su tijera". La buena noticia es que la secretaria de Estado designada es Carmen Vela, "una mujer de ciencia que sabe de qué va esto".

Heredia no es autocomplaciente. "Por supuesto, no queremos recortes, pero aceptemos que ha habido muchas alegrías. En la comunidad científica existe la sensación de que la etiqueta de excelencia a algunos proyectos ha estado fuera de lugar, se han dado becas sin rigor. Es necesaria una revisión de los sistemas de evaluación. En la ciencia también existe el amiguismo".

El trabajo del profesor Joaquín Olivares, adscrito al departamento de Arquitectura de Computadores de la Universidad de Córdoba, es mejorar la calidad de vida de dependientes y de pacientes hospitalario a través de pequeñas, pero complejas, innovaciones tecnológicas. Olivares afirma que "la financiación pública en I+D en Andalucía ya ha sufrido un recorte tremendo. En 2010 se recortó en un 75% la dotación que recibió la Universidad de Córdoba. Aunque una parte de la opinión pública piense que estudiamos el sexo de los ángeles, esto no será así cuando se generan ingresos. Casi la mitad de estos ingresos de I+D se suelen dedicar a contratar personal, a crear empleo".

¿Cómo es ese empleo? "Casi la mitad de los investigadores es personal contratado no funcionario, que no recibe ningún tipo de productividad, ni docente ni investigadora. Es una situación poco deseable porque están en la etapa más fructífera de su vida. Investigan por el amor a la ciencia, pero de eso no se come y muchos tiran la toalla. Es necesario incentivar a los investigadores para que den lo mejor de sí mismos. No se puede tener a un doctor durante diez años cobrando una beca de 600 euros, completando su sueldo repartiendo pizzas, y pretender que seamos punteros a nivel mundial".

Defiende el dinero público en la investigación porque "hay ciencia que genera beneficios a largo plazo, o que simplemente no genera beneficios de tipo económico. Esa ciencia es la que va a curarte de una enfermedad, va a conseguir que la calidad de los alimentos que tomas sea mejor, o que el aire que respiras esté menos contaminado. Los países con mayor calidad de vida suelen coincidir con ser los que más dinero dedican a I+D. Pienso que recortar la financiación pública supone empeorar la calidad de vida y la situación económica de España".

Pascual Vicente Crespo, catedrático de Histología en la Universidad de Granada, trata de poner al mal tiempo buena cara: "Para la ciencia nunca ha habido dinero y hay que entender que hay cosas prioritarias. Los parados tendrán que seguir cobrando... en fin, esto siempre ha sido así. Hay que combatir los recortes con ingenio. Eso te obliga a trabajar más. Dedicas parte de tu tiempo a investigar y la otra a ver cómo estiras el dinero a buscar nueva vías. De momento, habrá que pedir más cosas, muchas cosas, para que, al menos, caiga alguna".

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