Libertad para Nadjiba

  • Una saharaui de 23 años es retenida por su familia en Tinduf para evitar que viva en España. Sus padres de acogida luchan para que la dejen salir.

Vive en una cárcel sin rejas. Las fronteras de su prisión están delimitadas por su propio hogar y el desierto que flanquean los campamentos saharauis de Smara-Farsia. Retenida por su familia biológica, Nadjiba Mohamed Belkacem es rehén de tradiciones arcaicas por el único delito de tratar de tramitar la nacionalidad española, país donde lleva residiendo desde que tenía ocho años. Fue esta decisión personal, adoptada tras alcanzar la mayoría de edad (ahora tiene 23 años), la que desencadenó que su familia le retuviese el pasaporte y, con ello, cualquier posibilidad de huida del campo de refugiados de Tinduf.

El Frente Polisario lleva con disciplina un principio: evitar que los suyos abandonen estos asentamientos civiles y, con ello, la disgregación de su comunidad. Un mandamiento que, en muchos casos, puede convertirse en la mayor de las dictaduras para una etnia que sitúa a la altura de leyes unas costumbres decimonónicas.

Nadjiba desembarcó en Andalucía en el año 2000, con motivo del programa de Vacaciones en Paz, junto a centenares de niños que buscaban huir de las temperaturas que durante el verano se registran en el desierto saharaui. Con a penas ocho años vivió este primer periodo estival acogida por una familia de Sevilla.

Por razones médicas, a la pequeña, que padecía flexo de rodilla y pie equino, se le aconsejó que fijara su residencia permanente en España con objeto de corregir dichas lesiones. Fue esta primera familia de acogida la que contactó con el matrimonio rocianero formado por José María Contreras y Manuela Calvo, quienes podían prestar la atención que Nadjiba necesitaba. Gracias a su estancia en España, la joven fue operada en dos ocasiones hasta dejar su minusvalía reducida a la mínima expresión y mejorar sensiblemente su movilidad.

En el municipio condal se crió en el mejor ambiente familiar, manteniendo siempre el cordón umbilical con sus progenitores biológicos. Contreras explica a que en su propia casa han pasado largos periodos vacacionales, incluida la madre de Nadjiba, Enguia Vida Zouber, parlamentaria del Frente Polisario, y culpable de que su hija no pueda abandonar su campamento de nacimiento.

Según narra la familia adoptiva, en su última visita a Rociana del Condado, la líder política saharaui le prometió a su hija que le daría la documentación que necesitaba para obtener la nacionalidad española, tras llevar más de diez años residiendo de forma ininterrumpida en España. Con este objetivo, en 2013 Nadjiba viajó al continente africano acompañada de unos tíos residentes en Mallorca. Tras unos días allí, su familia biológica le trasladó el deseo de que regresase tras aprender las costumbres propias de su cultura y se familiarice con el hassani (dialecto del idioma árabe que se habla en la región desértica del suroeste del Magreb). Sin embargo, lo que tendría que ser una estancia de sólo un par de meses se eternizó en el tiempo, mientras que Vida Zouber le mostraba a su joven hija los planes que tiene para su futuro: casarse y que desista de su sueño de volver a España.

Nadjiba cuenta con pasaporte expedido por Argelia, ya que el pueblo saharaui lucha por el reconocimiento de su territorio y su constitución como país desde los campamentos de refugiados ubicados en el suroeste del país argelino, en la provincia de Tinduf. Nadjiba reside ahora en el de Smara-Farsia, que lleva el nombre de la ciudad sahariana de origen de su familia biológica.

Contreras explica que el pasaporte argelino de Nadjiba le fue confiscado desde su llegada y con posterioridad "en simulaciones de robos desaparecieron su teléfono móvil y dinero, junto a objetos de Vida Zouber que, curiosamente, sí aparecían al cabo de uno días. No así los de Nadjiba", apostilla.

Incomunicada y sin poder salir de los campamentos, la joven se hizo con un documento de tránsito emitido por la autoridad saharaui. Pero su madre volvió a simular otro robo en el que perdió este documento y su permiso de residencia español, "quedando indocumentada y sin posibilidad de movimiento". Para mantener el control total sobre la joven, cuenta José María Contreras, la madre le obligó a abandonar su trabajo en la sección de peluquería y maquillaje en la televisión saharaui, quedando retenida en casa, "donde en todo momento se encuentra vigilada y controlada por sus familiares". En este escenario, sus padres adoptivos llevan desde diciembre de 2013 meses sufriendo este calvario, luchando contra la burocracia y contra una legislación y costumbres árabes que desafían el sentido común y que brinda a los padres la potestad de gobernar los destinos de la mujer, despojándole de los derechos y privilegios que sí tienen los varones.

Los puentes diplomáticos se han intentado a todos los niveles. Sidajme, el hermano menor de Nadjiba, residente en Mallorca, fue llamado para que intermediara con sus padres para trasmitirle su propio deseo y la voluntad de su hermana de regresar al país donde ha construido su vida. Y, sobre todo, que su residencia en España no implica renunciar a sus orígenes ni a la lucha que el Frente Polisario mantiene por el reconocimiento del Sahara. Contreras explica que ha tratado de lograr amparo en las asociaciones que trabajan en favor de los saharauis. Sin embargo, éstas escurren el bulto en la retórica y vericuetos de lo políticamente correcto, evitando dar voz a aquellas situaciones que puedan enturbiar la noble lucha del país africano, pero que bajo un fin loable pisotea los principios sobre los que se construyen la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Los padres biológicos de Nadjiba conciben la vida de su familia como un mero fin político. En este plan, ella es un peón más en un tablero de ajedrez geopolítico. Sus padres ya han decidido por ella y pretenden casarla contra su voluntad, con independencia de sus 23 años de edad.

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