'Muerte de un miliciano' ¿CASO CERRADO?

  • El Barbican Centre de Londres expone 40 fotografías inéditas de Robert Capa en Cerro Muriano previas y posteriores a la imagen más famosa de las guerras

Es la imagen de todas las guerras. No existe periódico en el mundo que no la haya publicado. Es un símbolo mundial sobre el que se ha escrito, filmado, radiado y discutido casi tanto como sobre la propia Guerra Civil. Una fotografía rodeada de polémica desde el día en que se publicó por primera vez hace 72 años, un mes y dos días en Vu, una revista ilustrada francesa. Desde entonces, la duda sobre la autenticidad de Muerte de un miliciano ha asaltado a la obra de Robert Capa, el mejor fotoperiodista de guerra de la historia. Hasta el próximo 25 de enero, el Barbican Centre de Londres acoge una exposición de 40 fotografías inéditas que hizo Capa el mismo día que inmortalizó el símbolo de todas las guerras, el 5 de septiembre de 1936, en las trincheras de cordobesas de Cerro Muriano.

La exposición, titulada ¡Esto es la guerra! Robert Capa trabajando, ha sido presentada como la prueba definitiva de que Muerte de un miliciano fue real, de que el caso -sobre el que todo el mundo, experto o aficionado a la fotografía y la historia, tiene una opinión- por fin se ha cerrado. Sin embargo, historiadores, arqueólogos, escritores y directores de cine siguen mostrando sus reservas, ya que la fotografía tiene sólo dos certezas: una, que la hizo Robert Capa, y dos, que la tomó en Cerro Muriano, en el frente de Córdoba.

Las fotos inéditas han estado perdidas desde 1941, en una maleta repleta de negativos que Capa abandonó en París después de la invasión nazi y que muchos años después de la Segunda Guerra Mundial el fotógrafo dio por perdida para siempre. Pero tras una serie de casualidades, apareció en México D.F. y ha sido rescatada por el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, fundado por el hermano menor y heredero de Capa, y que ha organizado la exposición del Barbican de Londres.

La secuencia de Cerro Muriano, unas 40 imágenes, muestra al famoso miliciano sólo unos minutos antes de caer. Junto a un conjunto de compañeros, el miliciano saluda al fotógrafo fusil en alto. Después, Capa los retrata a todos de maniobras, saltando trincheras. Por último, se muestra la imagen más reveladora de la secuencia inédita: el cadáver de un segundo miliciano cerca del lugar en el que el húngaro inmortalizó la imagen de todas las guerras. ¿La prueba definitiva de que la foto fue real?

Según Richard Whelan, el biógrafo oficial de Capa que murió justo después de examinar estas fotos y que jamás pisó Cerro Muriano, es la prueba definitiva de que allí hubo fuego real y de que no fue un montaje. Whelan sostuvo que Capa llegó hasta el Cerro de la Coja, primera línea del frente, a la hora de la siesta, respetada como tregua por republicanos y nacionales. El húngaro convenció a los milicianos para que posaran en actitud bélica, blandiendo fusiles, saltando trincheras y apuntando al horizonte. Según Whelan, este ajetreo atrajo la atención de los tiradores nacionales. Así, justo cuando Capa enfocaba con su Leica III a un miliciano que simulaba un asalto la bala de un francotirador lo alcanzó y lo derribó. Centésimas de segundo para "la fotografía más importante del siglo XX", según el escritor Arthur Miller.

Sin embargo, la teoría de Whelan es cuestionable. A escasos metros de donde se tomó la foto, en el Museo del Cobre de Cerro Muriano, trabaja Fernando Penco, un arqueólogo, escritor e historiador que lleva siete años estudiando la imagen. Penco -que conoce palmo a palmo todas las cotas de Cerro Muriano- está convencido de que la foto es real, de que Capa estaba orientado al Norte cuando inmortalizó al miliciano y que por tanto no apretó el botón de su Leica a la hora de la siesta, sino por la mañana. Sólo hay que fijarse en la sombra que proyecta el miliciano, similar a la del sol de ahora -en el mes de octubre- sobre las 12:00 de la mañana. Es la misma sombra del cadáver del segundo miliciano caído, el de la foto inédita.

Hoy, 72 años después de todo esto, en el Cerro de la Coja se siguen escuchando disparos. Son los ecos de los cañonazos de los tranques de la base militar de Cerro Muriano que rebotan en las montañas del valle del Guadalmellato. En lo más alto del Cerro de la Coja, un monolito colocado hace dos años señala que allí se tomó la foto. Pero no está en el lugar exacto, "que se ha dejado libre para futuras investigaciones", explica Fernando Penco. Unos diez metros más abajo, el paisaje coincide. Orientando la vista hacia el Norte, agachado como un fotógrafo, la tierra cae levemente hacia abajo. Al fondo y en primer plano, sorprende el verdor de los montes de Cerro Muriano desde los que supuestamente se disparó el tiro mortal -a unos 300 metros de distancia-. Mucho más atrás, se recorta Sierra Morena en el horizonte, el mismo que aparece "ligeramente desenfocado" en la foto de Capa. ¿Fue éste el lugar exacto? Tampoco es seguro. Según este historiador, existen varias cotas donde el paisaje es muy similar. Sin embargo, está documentado que ese día Capa y otros dos fotógrafos alemanes se subieron al Cerro de la Coja a fotografiar milicianos. Para determinar el lugar exacto, Fernando Penco está culminando una investigación que incluye una recreación de la batalla, otra sobre el paisaje de la zona en 1936 y donde también ha recogido testimonios de los refugiados que Capa retrató después y consultado los diarios de los milicianos que acompañaban al soldado caído aquel 5 de septiembre.

Los defensores de la teoría de la foto montada sostienen sus argumentos en que el miliciano muerto es Federico Borrell Taíno, de un batallón de alcoyanos e identificado más de 60 años después por sus familiares. Efectivamente, Federico Borrell murió el 5 de septiembre alcanzado por una bala, pero por la tarde. La clave de que la foto es un montaje, para los críticos de Capa. Sin embargo, también existe la posibilidad de que el miliciano no sea Federico Borrell, de que sus familiares se confundieran al identificarlo y de que este alcoyano nunca estuviera en el Cerro de la Coja, algo que no está documentado. Tampoco de que sus restos reposen en el cementerio municipal de Villaharta, junto a decenas de milicianos, en una fosa común coronada ahora por una cruz y adornada con un jarrón de flores volcado y olvidado. La única certeza es que ahora, fotógrafo y milicianos, están todos muertos.

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