Nace el primer bebé andaluz por congelación ultrarrápida de óvulos

  • La técnica de vitrificación supera la de crioconservación o de congelación lenta · Hasta los 35 años es la edad idónea para que las mujeres escojan este método

El pasado 3 de mayo nació en Sevilla el primer bebé andaluz mediante la técnica de la vitrificación de los óvulos de la madre. La clínica privada Sevillana de Ginecología y Medicina, SL (Ginemed), fue el primer centro andaluz que contó en julio de 2007 con la autorización de la Consejería de Salud para disponer de su propio banco de óvulos criopreservados con fines reproductivos. Así ha conseguido con éxito el primer nacimiento en Andalucía de una niña tras la fertilización de un óvulo de la madre que permanecía vitrificado. La pequeña pesó 3,2 kilogramos y tanto ella como su madre se encuentran en perfecto estado de salud.

La técnica de la vitrificación, que consiste en la congelación ultrarrápida, supera a la crioconservación -también denominada de congelación lenta-, ya que impide que se formen cristales en el óvulo. Además, la tasa de supervivencia del óvulo descongelado -y que previamente ha sido sometido a vitrificación- se sitúa en el 98 por ciento.

El director de Ginemed, Pascual Sánchez, detalló que tras la transferencia de embriones, la prueba de embarazo de la madre dio positiva el pasado 27 de agosto. La prueba "definitiva" de la buena marcha del proceso de gestación tuvo lugar el 10 de septiembre, "cuando en la primera ecografía observamos que el embrión emitía ya latidos", explicó Sánchez.

El director de Ginemed destacó que el uso de estas técnicas suponen "un avance social importantísimo", ya que, al trabajar con óvulos y no con embriones "se evita problemas de tipo ético o moral" y también frena situaciones delicadas como en las rupturas de pareja, en las que la mujer decide quedarse embarazada con el embrión congelado, pero su pareja se niega. La edad idónea para congelar los óvulos es antes de los 35 años y el perfil de personas que demandan esta técnica responde al de una mujer "con un actividad profesional importante que le impide tener hijos a edades más tempranas". "

El procedimiento seguido en la técnica de la vitrificación de un óvulo, que resulta más complicada que en el caso de embriones porque el óvulo puede sufrir alteraciones de cristalización, consiste en someter al óvulo a sustancias crioprotectoras para, a continuación, enfriarlo a 196 grados bajo cero. La peculiaridad de este proceso, "frente a otros como la crioconservación, también llamada congelación lenta", radica en la velocidad a la que se enfría el óvulo. Así, el proceso de enfriamiento se lleva a cabo a una velocidad de 22.000 grados por minuto, lo que evita que se formen cristales en el óvulo y se dañe la célula.

Pascual Sánchez explicó que cuando la madre decide que quiere quedarse embarazada se procede a descongelar el óvulo, retirar sus crioprotectores, volver a introducir el agua que tiene normalmente dicha célula e ir devolviéndola de forma gradual a su temperatura normal de 37 grados. Después se le deja en un incubador de embriones en unas condiciones especiales de temperatura y presión para mantener su PH. Pasadas unas horas de este proceso se comprueba al microscopio si el óvulo está en buen estado para, en caso afirmativo, microinyectarle un espermatozoide para que lo fecunde. Después de este paso, se vuelve a dejar en los incubadores unos tres días y, por último, se inocula en el interior del útero de la madre.

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