Nace el primer bebé andaluz tras la vitrificación de los óvulos de su madre

  • Esta técnica, que es más eficaz que la crioconservación, permite que las mujeres puedan preservar su fertilidad en caso de enfermedades cuyos tratamientos provocan su infertilidad

La clínica privada 'Sevillana de Ginecología y Medicina, S.L.' (Ginemed), primer centro andaluz que contó en julio de 2007 con la autorización de la Consejería de Salud para disponer de su propio banco de óvulos criopreservados con fines reproductivos, ha conseguido con éxito el primer nacimiento en Andalucía de una niña tras la fertilización de un óvulo de la madre que permanecía vitrificado para tal fin.

Esta técnica de congelación ultrarrápida supera a la crioconservación (también denominada de congelación lenta), ya que impide que se formen cristales en el óvulo, al tiempo que la tasa de supervivencia del óvulo descongelado --y que previamente a sido sometido a vitrificación-- se sitúa en el 98 por ciento.

En rueda de prensa, el director de Ginemed, Pascual Sánchez, detalló que tanto la madre como la niña, que nació el pasado 3 de mayo de este mismo año y pesó 3,2 kilogramos, se encuentran en perfecto estado de salud. Tal y como ya anunció a Europa Press el propio directo de la clínica, la transferencia de embriones a la madre se llevó a cabo "a mediados de agosto de 2007", si bien no fue hasta el pasado 27 de agosto del pasado año cuando la prueba de embarazo "dio positiva".

Aún con todo, recordaba que la prueba "definitiva" de la buena marcha del proceso de gestación tuvo lugar el 10 de septiembre de 2007 "cuando en la primera ecografía observamos que el embrión emitía ya latidos".

En cuanto al procedimiento seguido para la vitrificación de un óvulo, técnica más complicada que la vitrificación de embriones, ya que el óvulo puede sufrir alteraciones de cristalización, explicó que dicho procedimiento consiste en someter al óvulo a sustancias crioprotectoras para, a continuación, enfriarlo a 196 grados bajo cero.

Según reseñó, la peculiaridad de este proceso, "frente a otros como la crioconservación, también llamada congelación lenta", radica en la velocidad a la que se enfría el óvulo. Así, el proceso de enfriamiento se lleva a cabo a una velocidad de 22.000 grados por minuto, lo que evita que se formen cristales en el óvulo y se dañe la célula.

Además, reiteró que la vitrificación es una técnica "más segura" que la crioconservación, ya que la supervivencia de los óvulos se sitúa en el 98 por ciento, "frente al 60 por ciento que otorga la crioconservación".

fSegún explicó, cuando la madre decide que quiere quedarse embarazada se procede a descongelar el óvulo, retirar sus crioprotectores, volver a introducir el agua que tiene normalmente dicha célula e ir devolviéndola de forma gradual a su temperatura normal de 37 grados.

Acto seguido, se deja el óvulo en un incubador de embriones en unas condiciones especiales de temperatura y presión para mantener su PH. Pasadas unas horas de este proceso se comprueba al microscopio si el óvulo está en buen estado para, en caso afirmativo, microinyectarle un espermatozoide para que lo fecunde. Después de este paso, se vuelve a dejarlo en los incubadores por espacio de unos tres días y, por último, se inocula en el interior del útero de la madre.

Pascual Sánchez destacó que el uso de estas técnicas suponen "un avance social importantísimo", ya que, al trabajar con óvulos y no con embriones "se evita problemas de tipo ético o moral a mujeres o parejas que muestran cierto reparo a la hora de congelar un embrión, algo que no ocurre cuando se trata de óvulos".

De igual modo, explicó que este tipo de técnica también evita situaciones delicadas como en las rupturas de pareja, en las que la mujer decide tener quedarse embarazada con el embrión congelado, pero su pareja se niega. "Ya han existido casos similares a éste que han acabado en el Tribunal de Estrasburgo", advirtió Sánchez, quien frente a estos potenciales casos, expuso que en el caso de óvulos congelados "no hay problema porque le es propio a la mujer".

Además, indicó que la vitrificación permite que mujeres con enfermedades graves, como por ejemplo las oncológicas, puedan congelar sus óvulos mediante esta técnica antes de someterse a los tratamientos agresivos que constituyen la quimioterapia y la radioterapia, "ya que dichos tratamientos provocan la destrucción irreversible de las células germinales y causan infertilidad".

En este punto, detalló que la edad idónea para congelar los óvulos es antes de los 35 años, ya que, a partir de esa edad, "la mujer sólo dispone por término medio de 25.000 óvulos de los alrededor de dos millones con los que nace", puntualizó. Junto a ello, señaló que los óvulos se van 'desgastando', puesto que "son los mismos con los que la mujer ha nacido".

En cuanto al perfil de personas que demandan esta técnica, precisó que el mismo responde al de una mujer "con carrera y actividad profesional importante, que le exige una gran dedicación y que le impide tener hijos a edades más tempranas".

"Uno de los principales problemas que detectamos es el relativo a la fertilidad de las mujeres, ya que buscan el embarazo muy tardíamente, lo que le genera problemas por su edad", prosiguió este especialista en Obstetricia y Ginecología, quien valoró que, gracias a este método "podremos preservar la fertilidad de las mujeres sin ningún tipo de problema, de manera que podamos tener óvulos congelados a edades muy jóvenes y que puedan plantearse la maternidad a la edad que quieran", concluyó.

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