El PSOE está "satisfecho"con el proceso de listas pese a que haya sido "doloroso"

  • Borbolla critica "la actitud un poco inconsciente, quizás juvenil, y aventurera por parte de la dirección regional del partido" · Díaz reconoce que se intentó evitar la dimisión del secretario general de Sevilla

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Uno de los focos de la crisis abierta en el PSOE-A a cuenta de las listas al Parlamento ha estado sobre la secretaria de Organización del PSOE-A, Susana Díaz. Echó pulsos y negoció, dio la cara cuando se cerró el acuerdo que ponía freno a la bronca de cómo iban a quedar las listas en Cádiz y Sevilla, y ayer tenía que hacerlo de nuevo cuando las ocho ya contaban con la unanimidad del comité director del PSOE y el apoyo sin fisuras de la dirección federal. Tras el reconocimiento expreso del "error" cometido por parte del secretario general, José Antonio Griñán, le tocaba ahora su turno de autocrítica. Lo hizo a medias. Dijo que en el PSOE están "satisfechos" por el resultado final, pero tuvo que admitir que ha sido un proceso "difícil" y "doloroso", en especial, en lo tocante a la dimisión del secretario general del PSOE sevillano, José Antonio Viera, quien fuera su mentor, pero con el que mantenía serias divergencias desde hace tiempo y que culminaron con la asonada de éste y los suyos el pasado domingo.

La dirección regional en ese tira y afloja con Viera intentó evitar a toda costa que dimitiera y se buscó el acuerdo. El desenlace, por tanto, no fue el buscado pero, a partir de ahí hay que tirar adelante y "hacer correcciones", según explicó Díaz. Estas se plasmaron en las listas de Sevilla, y luego en Cádiz, las dos provincias con mayor nivel de tensión interna -en Almería, Córdoba y Málaga, también las hubo pero se sofocaron sin tener que modificarlas-, que supuso un movimiento de piezas en aras a ese consenso que acabó el miércoles con la unanimidad autoimpuesta que se dio a las candidaturas por el comité director.

Superado este trance, y devuelta la "normalidad" al PSOE sevillano con la creación de una gestora, Díaz parafraseó a Griñán y lo mejor para pasar página: "pensar con generosidad en lo que espera la calle". Y del efecto que esta guerra pueda tener luego en las urnas, en el PSOE no lo ven o no quieren ver. Más bien al contrario, lo ponen en valor como prueba de esa democracia interna y del debate de los que otros partidos adolecen, como el PP, que elige a quienes van a ocupar los futuros escaños del Parlamento andaluz "a dedo", de su presidente regional, Javier Arenas.

Aunque la guerra en las filas socialistas quiere darse por zanjada en la sede de San Vicente, pero en realidad esté en estado latente a la espera de lo que pase el 25-M, los hay que aprovechando su condición de veterano se permiten lanzar críticas. Ya advirtió Griñán en el comité director que habría quienes de este conflicto quisieran "hacer caja". Parecía dirigirse a sus rivales electorales, pero sabía que se los podía encontrar en su propia casa. Acertó porque el ex presidente andaluz, José Rodríguez de la Borbolla, ejerciendo de "abuelo cebolleta" apuntó que entre los "errores" cometidos fue "cierta actitud un poco inconsciente, quizás juvenil, y aventurera por parte de la dirección regional del partido". Un ataque con destinatario claro, pero que también daña a su coetáneo Griñán, dejando al aire su falta de experiencia orgánica en el partido.

A esta inexperiencia de la Ejecutiva regional añadió "cierta dejadez" de la antigua dirección de Ferraz por su empeño en hacer coincidir el Congreso Federal con un momento electoral tan delicado como las elecciones autonómicas, la última oportunidad de aquí a cuatro años que tiene el PSOE de ganar algo. Una coincidencia evitable y de la que ya advirtió que le parecía "mal y peligrosa", a sabiendas de cómo funcionan este partido y que, a su juicio, le ha llevado a una situación en la que "estaba un poco forzado y ha habido alguna gente que ha reaccionado de una manera un tanto excesiva".

A pesar de que "alguna costurilla se ha descosido, pero no se ha roto el tejido", dijo que no impedirá que se cumpla el mandato dado por la dirección regional y federal: una vez resuelto el problema interno, "mirar hacia adelante y trabajar" para ganar las autonómicas.

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