Paseíllo de empujones y sin alfombra roja

  • El juicio despierta una expectación mediática sin precedentes en Málaga

Un enjambre de cámaras. Eso era lo que rodeaba a los principales imputados a su llegada a la Ciudad de la Justicia.

Tomás Olivo, uno de los empresarios acusados, se salvó al ser menos conocido y por llegar pronto. Entró sobre las 08:40 pese a que el juicio estaba fijado a las 10:00. Un pasillo central dividido mediante vallas se habilitó para la entrada de los protagonistas. Una funcionaria se quejaba de que los trabajadores tuvieran que acceder por un pasillo lateral. A ambos lados de las vallas, más cámaras, y en la entrada, un fuerte cordón de policías nacionales. Una treintena de agentes de este cuerpo reforzaba ayer la seguridad del recinto.

Desde las 08:50 hasta las 10:00 la entrada de imputados y las carreras de los periodistas se sucedieron. Para obtener una frase o una imagen había que pagar un desagradable precio: recibir pisotones y empujones. Llegaron Pedro Román, ex primer teniente de alcalde de Jesús Gil, y detrás, el empresario sevillano José María González de Caldas. "Estoy supertranquilo", aseguró, con el As bajo el brazo. Furgones policiales y unidades móviles de radio y televisión compartían aparcamientos.

Sobre las 09:00 entró Fernando del Valle, acusado en Ballena Blanca. Nadie hizo caso. No era su día. Nueva carrera y apretujones. Entraba el empresario cordobés Rafael Gómez Sandokán. "Soy una víctima", repetía. Y que "nunca" se llevó nada del Ayuntamiento. "¿Abogado de Malaya?", preguntaba un policía a un letrado. Ante la respuesta afirmativa, indicaba: "Por este pasillo". Como él, 99 más. Imposible conocerlos a todos. Muchos de ellos tiraban de enormes maletines con ruedas.

La entrada de la ex edil Isabel García Marcos generó otro gran revuelo. Llegó elegante y sonriente. Un fotógrafo que intentaba captar desde lo alto de una escalera una buena imagen perdió el equilibrio y a punto estuvo de acabar pisoteado. Los policías que trataban de mantener el orden demostraron que estaban sobradamente preparados para mantener un cordón de seguridad. En el forcejeo, un camarógrafo rompió sin querer las gafas de un agente. "Aquí se mezclan corrupción y corazón. Si sólo fuera por corrupción no habría tanta expectación", decía una funcionaria.

Los ex alcaldes Julián Muñoz y Marisol Yagüe también generaron el correspondiente enjambre mediático. Los dos iban serios. Ella muy esbelta. Fue la última en entrar. Juan Antonio Roca, el supuesto cerebro de la trama, accedió por detrás y evitó a la prensa. No por privilegio, sino porque llegaba desde la prisión.

Metros antes de la macrosala, una treintena de personas aguardaba para acceder al jucio. "¿Ahí está la Patiño?", codeaba una mujer a otra. Dentro, la imagen era imponente. Noventa y cinco procesados y un centenar de abogados. Son tantos letrados que algunos sólo podían verse entre sí por las cinco pantallas de la sala. En la treintena de asientos reservados al público había representantes del Ayuntamiento de Marbella, periodistas, letrados curiosos y familiares de los acusados. Todos hacían un respetuoso silencio. Sólo se oían la letrada de Roca, el aire acondicionado y alguna tos.

Fuera de la sala, algo más de medio centenar de personas seguían el juicio en una pantalla habilitada en un pasillo para este macrojuicio. Allí había funcionarios judiciales, abogados, periodistas y algunos ciudadanos de a pie. "El que lo haya hecho mal, que lo pague", "El dinero ya no vuelve a Marbella", "Vengo a ver la cara de estos bandidos", se escuchaba entre el público.

Después del receso de media mañana, sólo quedaban en el pasillo una veintena de personas. A algunas se notaba que fueron gilistas. "Julián Muñoz es muy cariñoso y atento. Entonces no había prostitutas, ni droga en Marbella. Ahora no pago los impuestos contenta", decía una mujer.

Un par de periodistas intentaban descifrar en la pantalla quién era cada imputado; la mayor parte del tiempo se veían de espaldas. Parecía como si estuvieran jugando a donde está Wally, pero en el banquillo. Yagüe y García Marcos se sentaron juntas. Rafael Gómez, al lado de Tomás Olivo. Rafael del Pozo y Julián Muñoz, juntos, al final. En primera línea, Roca, al lado de Óscar Benavente, uno de sus supuestos testaferros.

Poco después de las 14:30, la salida y otra vez los apretujones. García Marcos, Muñoz y Yagüe salieron uno detrás de otro. Alguien gritó débilmente "sinvergüenza", "chorizo". "Nunca se puede estar tranquila", se quejó la ex alcaldesa mientras era asediada por la prensa hasta el descampado en el que cogió el coche. Una de las pocas marujas que siguió la vista comentó: "Esto es como ir al fútbol. Ves a los protagonistas en directo, sólo que es un juicio".

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