Políticos andaluces con huella en España

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MUCHOS andaluces (numerosos ministros entre ellos ) han tenido en estos treinta años influencia en la política nacional. Ninguno como los siete aquí seleccionados. Siete magníficos de Andalucía para la España democrática y autonómica. De distintos partidos y trayectorias variables. Todos profundamente andaluces, no tópicamente andaluces.

Felipe González y Alfonso Guerra van juntos en el lote, porque juntos protagonizaron en los setenta la renovación del viejo PSOE de Llopis y lo condujeron al poder durante catorce años, los más fructíferos del socialismo en todas sus etapas de gobierno. Aunque terminaran peleados.

Manuel Clavero Arévalo fue ministro de Administración Territorial y Cultura en los primeros gobiernos democrático, con la UCD de Adolfo Suárez. Y renunció a su cartera por dignidad. Por defender a Andalucía cuando los poderes fácticos pretendieron otorgarle una autonomía de segunda y sembraron de minas su camino hacia el autogobierno pleno. La actuación de Clavero resultó decisiva en la ruptura de estos planes discriminatorios.

El otro gran personaje del proceso autonómico andaluz fue Rafael Escuredo, socialista de Estepa, que simbolizó como nadie los anhelos colectivos de un pueblo que sólo con el agravio del subdesarrollo y del referéndum con trampa del 28-F adquirió conciencia de sí y ganó el derecho a regir sus destinos. La historia contemporánea de España cambió de la mano de Escuredo.

Años más tarde otros dos líderes andaluces dieron el salto a la cúspide de la política nacional. Antonio Hernández Mancha, nacido en Badajoz pero crecido políticamente en Andalucía, ganó un congreso de Alianza Popular que estaba preparado para que ganara otro y se mantuvo al frente del primer partido de la oposición entre 1987 y 1989. En medio, en 1988, un andaluz de pura cepa, cordobés por más señas, Julio Anguita, fue llevado en volandas a la secretaría general del PCE y a la cabeza de Izquierda Unida -creación suya, en buena parte-, hasta que cayó víctima del deterioro de su organización y la marea bipartidista.

Javier Arenas es el último -por ahora- político andaluz de brillante trayectoria española. Ministro de Trabajo y vicepresidente del Gobierno con Aznar, ha revertido la maldición de fracaso que pesa sobre el Partido Popular andaluz, al que ha centrado, limpiado y hecho crecer hasta ponerlo a las puertas de acabar con el monopolio del poder en la Andalucía autonómica. Treinta años después. A la cuarta puede ser la vencida.

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