Testigos del siniestro de la A7 que causó seis muertos respaldan la seguridad de las obras

  • El jefe de encofradores y el dosificador de la hormigonera dicen que la vigilancia era severa

El jefe de los encofradores de la obra del viaducto sobre el Río Verde de la Autovía del Mediterráneo (A7) en Almuñécar que se desplomó en 2005, el portugués Rui Jorge Da Silva, avaló con sus testimonio que allí se cumplían las medidas de seguridad.

Da Silva declaró ayer como testigo en el juicio que se celebra en Motril por este siniestro, que causó seis muertos. El entonces jefe del equipo de encofradores para la compañía Douro Montedouro, relató que el encargado de la constructora José Manuel Otero y el responsable de prevención de riesgos laborales de la obra, José Luis Reyero, revisaban con frecuencia la cimbra (que luego se desplomó), para lo cual "llevaban una llave y una maza para apretar los tornillos". El encofrador asimismo destacó que les exigían que hicieran uso "de los cascos, de los arneses, de las botas y de las medidas de seguridad", ya que si no, les ponían falta, "como si no hubiéramos asistido al trabajo".

También declaró ayer como testigo el dosificador de la planta de hormigón, Joaquín Manuel Bustos. Visiblemente afectado y nervioso, tal como él mismo indicó en la vista, recordó cómo sucedieron los hechos. "En ese momento estaba dentro de la caseta, por lo que no pude ver nada, el accidente fue rápido, sentí caer objetos que aplastaron la caseta y que taponaron la puerta de entrada, por lo que tuve que escapar por una ventana y al salir algo me golpeó en un hombro". Las secuelas tras el accidente le obligaron a estar de baja por ansiedad unos tres o cuatro meses. Reiteró que se adoptaban las medidas de seguridad previstas. En este sentido, dijo que "gracias al pórtico que se instaló en la caseta, estoy vivo".

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