Vuelven las nieves perpetuas

  • El deshielo en Sierra Nevada ha creado un paisaje casi glacial que no se recuerda desde hace muchos años

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Los neveros y lagunas de Sierra Nevada ya forman parte del paisaje habitual que la sierra presenta en verano. Vistos desde la calurosa ciudad de Granada, traen a la memoria el frío invierno en el que la montaña se vestía de blanco. Pero este año, el panorama que se puede observar en Sierra Nevada en pleno agosto es de una espectacularidad que hace años no se producía. La responsable es el agua, que recuerda a los que se acercan hasta las zonas más altas que están ante el reducto más meridional del glaciarismo en Europa.

"Se han visto deshielos muy bonitos en años como 2004 y 2007, pero no recuerdo ninguno como éste", cuenta Pablo Ruiz de Almirón, que aún no sale de su asombro tras la última ruta que le llevó hasta allí. El director técnico de Mamut Sierra Nevada, empresa de servicios deportivos especializada, cuenta que la sorpresa ha sido mayúscula ante lo que se han encontrado en las cotas cercanas a los 3.000 metros.

"El agua aparece en zonas que antes no se veía", dice. Las cascadas y riachuelos cuentan con un caudal mayor de lo habitual en estas fechas, ya que "el invierno no ha sido muy frío y muchos arroyos han conseguido asentarse y han acabado formando cauces". Llama la atención la cantidad de pequeños trozos de hielo y el espesor de la nieve acumulada, pero sobre todo el tamaño de los impresionantes túneles de hielo. Ruiz de Almirón dice que son todo "un clásico, pero ahora sobresalen por su tamaño y duración en el tiempo".

Este fenómeno tiene su explicación, que da el responsable de Mamut: "Tras las lluvias del invierno, el deshielo ha sido tan espectacular en su época más intensa -el mes de junio- y tan largo que aún continúa". "Cuando abajo en el valle rompe fuerte el calor, arriba genera la fusión rápida de la nieve".

También ha aumentado el verdor típico que aportan los borreguiles, así como la cantidad de zonas de este tipo. "Este año se ha retrasado la aparición de algunas flores, pero cuando han salido, lo han hecho en mayor número", explica Ruiz de Almirón. Una de las principales consecuencias de este proceso es que ha generado más comida para las especies animales, aportando grandes beneficios a actividades tradicionales como la ganadería.

Precisamente los pastores de hasta 70 años que la mantienen viva, y a los que el guía llama 'maestros, "no recuerdan tal cantidad de neveros", pero tampoco las personas que llevan en la estación de Sierra Nevada desde su apertura hace unos cuarenta años.

"No hay que ser un experto para darse cuenta de que este verano el paisaje es especial", señala Ruiz de Almirón. Insiste en la importancia que en ello juega el agua, fuente de vida, lo que se plasma también en la mayor variedad de especies, sobre todo mariposas y otros insectos verdaderamente curiosos.

Pero si hay un indicador claro de la situación excepcional que vive Sierra Nevada en pleno mes de agosto, éste está en las lagunas de deshielo, de origen glaciar. El máximo exponente es la Laguna de la Caldera, que hace cinco años hizo saltar las alarmas del cambio climático al encontrarse casi seca, cuando según la Junta de Andalucía suele tener unas dos hectáreas de superficie y 12 metros de profundidad. Ahora, la situación es bien distinta y Ruiz de Almirón calcula que es al menos un metro más honda de lo normal.

Sorprendente fue para este técnico deportivo encontrar los "corrales" inundados por el agua, zonas donde la laguna no llegaba y que se formaron por la acción incipiente de glaciares en la época del Cuaternario.

Otro ejemplo es la Laguna de La Mula, situada en la cabecera del río Dílar, "de las primeras que se seca con la llegada del calor, pero que aún tiene un tamaño más que aceptable". Pero el agua que ahora crea este peculiar paisaje en Sierra Nevada, no sólo ha potenciado estas maravillas naturales, sino que ha creado otras nuevas: "En casi todas las cuencas fluviales se han generado charcas que hace tiempo no se veían y que han tomado carácter estable este verano, sobre todo en La Caldera".

Pasar una noche en uno de los "corrales" naturales, que actúan como refugio del viento junto a uno de los lagos, permite comprender de donde vienen las leyendas que les acompañan y disfrutar de un entorno mágico. Mientras que otros lugares de alta montaña no lo permiten, aquí además se puede alzar la vista y contemplar "uno de los mejores techos de Europa para ver las estrellas" y escuchar desde el vivac "los sonidos del agua y los movimientos del hielo".

Ruiz de Almirón afirma que ante este fascinante paisaje veraniego, los montañeros que participan en las rutas de Mamut "no se lo esperan" y entran en una montaña rusa de sensaciones. La sorpresa es de tal magnitud que cuando hallan este panorama casi glacial en un lugar caracterizado por veranos muy secos, no logran contenerse y llegan incluso a gritar de emoción.

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