38º congreso del psoe

Zapatero se marcha admitiendo su error de tardar en reconocer la crisis

  • Rechaza de plano la improvisación en sus medidas para evitar la intervención de España · Pide a Rubalcaba y Chacón que sigan sus pasos y que hagan como él y Bono: de rivales pasaron a la lealtad y a la amistad.

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En su último informe de gestión como secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero quiso hacer un ejercicio de autocrítica, pero se quedó a medias. Quizás corto, después de la debacle de las elecciones municipales y autonómicas que han dejado al PSOE apenas representación institucional . Se marchó admitiendo, y ya sin ninún tipo de  paños calientes, que fue "verdad" que tardó su tiempo en reconocer la crisis. Pero ahí se quedó, de ninguna manera admitió que sus políticas para combatirla fueron resultado de la improvisación o que no dieron sus frutos. Las respuestas a este crisis fueron, a su juicio, las adecuadas y con dos objetivos: evitar el colapso y que España no fuera intervenida, como Grecia y Portugal,  y que se mantuviera al máximo la cohesión social. Este fue el punto de arranque del 38º Congreso Federal del PSOE, que se celebra en Sevilla hasta mañana domingo. Un cónclave marcado no por la despedida de Zapatero, sino por la tensión de la elección de un nuevo secretario general entre dos aspirantes: Alfredo Pérez Rubalcaba o Carme Chacón.

El  retrato de Zapatero de esta coyuntura económica, que ha acabado por llevarse por delante al PSOE con dos derrotas electorales consecutivas y la pérdida de casi 4,2 millones de votos, convenció al plenario. El 90,84% valoró su gestión -votaron 808 de los 956 delegados,  sólo un 2,6% votó en contra y un 6% se abstuvo-, con independencia del descalabro electoral y que ésta haya acabado con 4,5 millones de parados en su cuenta de resultados. Un dato que ni se atrevió a mencionar. Sólo de pasada dejó caer que el objetivo del PSOE no es derrotar al PP, "sino derrotar a la crisis y crear empleo".

Zapatero se volcó en exceso en buscar causas a nivel global y europeo, y pintar un escenario de soledad en un campo de juego en el que en lugar de tener una oposición aliada contra la crisis, la ha tenido en su contra. "Me han dado hasta en la ceja", se atrevió a bromear,  recordando que se han enzarzado incluso en  "discusiones insólitas". A pesar de este reproche a quienes están hoy al frente del Gobierno, Zapatero  avanzó que el PSOE no va a hacer lo mismo. "Si cuando estábamos en el Gobierno pedíamos al PP colaboración y sentido de Estado, seamos ahora coherentes". 

Este no fue el único terreno donde Zapatero quiso jugar su último partido. Consciente de que lo importante de este congreso no es su gestión ni el debate de ideas, sino el liderazgo, conminó a quien hoy sea proclamado como su sucesor a que repita lo que él mismo supo hacer hace once años y medio con su principal rival, José Bono. El único nombre que citó en su hora y diez minutos de discurso. De rival a compañero leal, que acabó siendo amigo. Mensaje, por tanto, para Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón: "es importante ganar y saber perder, pero es más importante la capacidad de construir juntos".

No se quiso ir del plenario, que le aplaudió largo y tendido, sin pedir una cosa más al partido. Buscando el símil montañero de la "cordada", en la que el que va primero es el que debe guiar a los demás, aun a riesgo de que los aludes se lo lleven por delante, pero tiene el apoyo de todos los que van detrás, reclamó que quien se quede con la gestión de estas siglas tenga el mismo respaldo y respeto que se le ha brindado a él en este periodo. Sólo si es así, consideró que el partido será fuerte y capaz de presentarse como alternativa. Así sucedió en las elecciones de 2004 y en las de 2008. Y el primer reto para demostrar esa unidad y si la cordada está bien dirigida serán las autonómicas en Andalucía y Asturias, que los socialistas las quieren colocar como el punto de partida para su resurgir. El plazo de tiempo es muy corto. Y en  el caso andaluz, las encuestas las tienen más en contra que nunca, después de 30 años al frente del Gobierno autonómico. 

En esta línea también hicieron hincapié en los discursos inaugurales de este cónclave el presidente del partido, Manuel Chaves, su secretario de Organización, Marcelino Iglesias, y el secretario general del PSOE-A, José Antonio Griñán. Unidad y fortaleza fueron las palabras más repetidas  junto a democracia interna. Griñán, más en clave electoral por su condición de candidato a presidir la Junta, barrió para casa y aprovechó la tribuna para lanzar su mensaje al electorado: el PSOE es quien lleva treinta años cambiando Andalucía frente a un PP que no es ese "gobierno del cambio" que proclama su candidato Javier Arenas,  es el "retrocambio" por ser un partido especialista en dar "marcha atrás".

El debate ideológico, desvaído por el peso del pulso Rubalcaba-Chacón, lo quiso de alguna manera rescatar Zapatero poniendo en valor los ideales de la socialdemocracia y las leyes que bajo su signo se han aprobado en estos ocho años. Repasó algunos hitos, como las leyes de la dependencia, matrimonio homosexual, contra el "machismo criminal" o la nueva ley del aborto, las políticas de igualdad o la ampliación de la prestación por desempleo a quienes la habían agotado. En la lectura de este listado es donde quiso sacar pecho -junto al fin de ETA-, a sabiendas de que buena  parte de este legado puede tener los días contados.

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