Un anciano testifica que mató a su esposa de 20 puñaladas "para que muriera pronto"

  • El hombre, de 80 años, ha culpado de lo sucedido, planificado varios días antes, a la "maldita depresión" que sufría.

Un anciano de 80 años ha reconocido que mató a su esposa de 20 cuchilladas en Utrera (Sevilla) y ha dicho ante el jurado popular que le dio "muchas puñaladas para que muriera pronto y sufriera menos".

En el juicio que ha comenzado este martes ante un jurado popular, el acusado, A.A.O., ha culpado de lo sucedido a "la maldita depresión" que sufría y ha declarado que su verdadera intención era matarla primero a ella y luego suicidarse.

Según ha explicado, decidió matar a su esposa C.G.O., de 83 años, porque "era mayor y no sabría vivir sola ni hacer el papeleo de las cosas de todos los días", y planificó el crimen varios días antes, aunque durante los dos primeros "no me atreví a hacerlo porque me daba pena, claro".

La muerte se produjo hacia las 22 horas del 4 de mayo de 2007 en el domicilio familiar, cuando el procesado tomó una navaja plegable de nueve centímetros de hoja, la escondió en su bolsillo y propinó a su esposa un total de 20 puñaladas que le produjeron la muerte por shock hipovolémico.

La Fiscalía de Sevilla pide para el procesado 25 años de cárcel pero la defensa sostiene que el anciano es inimputable penalmente porque sufría "graves trastornos mentales" que le impedían "tener conciencia real del hecho que iba a cometer".

La acusación, por contra, sitúa los hechos en el contexto de la "inaceptable violencia de género y la dominación machista sobre la mujer", como ha dicho al jurado la fiscal del caso.

Por ello, en la causa están personados, además de la Fiscalía, un abogado en nombre de los hermanos de la fallecida, otro en nombre de la Junta de Andalucía y el abogado del Estado para ejercer la acusación en representación del Estado.

El acusado, según ha afirmado su abogado, fue durante muchos años portero del Colegio de los Salesianos de Utrera y "no es un monstruoso asesino sino una buena persona, cordial con todo el mundo, y eso lo reconocen todos los utreranos".

En su declaración, el acusado ha empezado diciendo que reconoce el crimen y se arrepiente, y ha asegurado que, después de las primeras cuchilladas dirigidas al cuello, "no paraba de darle puñaladas para que muriera pronto y no sufriera", aunque ha cuantificado el total de golpes en "tres o cuatro" en lugar de los 20 que recibió la víctima.

Una vez cometido el crimen, ha explicado que no llamó a la Guardia Civil sino a sus sobrinos, pues el matrimonio no tenía hijos, para que acudiesen a la casa y se ocuparan del cadáver de forma que "ella no se quedara sola".

Al no tener descendientes directos, junto a la pena de cárcel el fiscal solicita 24.000 euros de indemnización para la hermana de la fallecida.

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