La aspiración de Lújar de ser parque natural queda reducida a cenizas

  • El incendio devasta no sólo hectáreas de terreno, también ha destruido las expectativas de desarrollo de la localidad granadina

Los habitantes de Lújar (Granada) volvieron ayer a sus casas. El municipio ha quedado en medio de 45 kilómetros cuadrados calcinados. A pesar del miedo y la incertidumbre, vieron sus casas de nuevo.

"Muy enfadados" y "con rabia contenida". Así resumió ayer el alcalde de Lújar, Mariano González (PP), el estado de ánimo de los vecinos, convencidos de que no se ha gestionado bien la extinción del fuego. González se reunió ayer con sus concejales para realizar una primera valoración de daños y la posibilidad de pedir la declaración de zona catastrófica.

"No estamos acostumbrados a esto, jamás en la vida hemos visto nada igual", dijo el alcalde. Todo el alcornocal y la Sierra de Lújar están devastados. El futuro de la zona ha quedado reducido a cenizas. Los proyectos que generarían riqueza económica en la comarca, como su declaración como parque natural, se han convertido en humo negro. De ahí que vayan a pedir ayudas a todas las administraciones.

González apareció ayer arropado por sus compañeros de partido, entre ellos José García Fuentes, presidente de la Mancomunidad de Municipios de la Costa Tropical (que engloba 3 de los municipios afectados: Gualchos-Castell de Ferro, Lújar y Rubite). Este órgano estudia aprobar una partida económica para intentar paliar algunos daños.

A diferencia de sus vecinos, que desde el primer momento están convencidos de que el incendio fue provocado, Mariano González prefirió mostrar "cautela", pues "se barajan varias hipótesis" y espera que las fuerzas de seguridad, encargadas de investigar el origen del fuego, hagan su trabajo para esclarecer los hechos.

Después de volver a entrar su caso, llegó el choque con la realidad: en vez de vivir en un lugar privilegiado, en un vergel verde, los habitantes de Lújar están rodeados ahora por un decorado negro y gris, como sacado de una película futurista. Una pareja se atrevió a dar un paseo por los alrededores tras su regreso. El hombre cabizbajo, los dos en silencio. "¿Cuántos años harán falta para recuperar esto?", decían algunos. Otros no se lo podían creer. "Los viejos del pueblo murieron y siempre habían conocido el alcornocal. Pero esto nunca pensamos que pasaría". Sin embargo, una mujer sí reconoció que lo esperaba: "Tarde o temprano tenía que pasar. Siempre, cuando había incendios, decíamos que se había librado de momento".

"Va a ser como volver a un pueblo muerto". Así se preparaba Diego Estévez, un ex alcalde que se escapó del lugar donde estaban cobijados tras el desalojo forzoso para acercarse al futuro gris que encontrarán en su vuelta a casa. "Subí de incógnito al pueblo pero la tierra ya estaba quemada y la impresión es muy fuerte", relata Estévezmientras sus vecinos, a los que ha intentado contar la estampa con la que convivirán desde ahora, intentan comer y descansar. "Yo se lo he contado, porque no es lo mismo ver las imágenes que salen en los informativos que verlo de verdad. Por mucho que imaginas no es lo mismo, en la televisión no te duele igual", dice conmocionado "porque todo está quemado, todo".

Cuenta que sus vecinos están "cansados" por encima de cualquier otro sentimiento, y que lo duro llegará con la vuelta, con el día a día, con el propósito de intentar superar las consecuencias de un incendio que les forzará a colorear un nuevo futuro. "Cada vecino reaccionará de una manera, unos llorarán y otros se pondrán a limpiar o a revisar. Pero esto es un desastre, teníamos un modo de vida y se nos ha calcinado", lamentó el alcalde, al que le preocupa especialmente "la gente joven" con un futuro encaminado por el turismo rural y medioambiental reducido a cenizas.

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