El campeón gana el congreso

EL niño del balón es el campeón. Un apelativo que Javier Arenas se ganó en sus tiempos de Madrid -ha sido secretario general del PP, ministro y vicepresidente- a fuerzas de tanto repetir "Nos vemos, campeón". Una despedida que comprometía a una cita que nunca llegaba, y con la reforzó el aspecto más negativo de su perfil político: su cierta frivolidad. En el envés, sin embargo, muestra otros positivos, como la flexibilidad para adaptarse a distintos escenarios políticos -en ello se nota su procedencia de UCD-, su incombustibilidad y su optimismo rayano en lo jartible, porque si no se comprende lo siguiente: que el hombre que perdió las pasadas elecciones autonómicas del 9-M por tercera vez haya salido victorioso del congreso de su partido, alzando, a la vez, a quien también fracasó ese mismo día en los comicios generales, Mariano Rajoy. Será frívolo, pero hay que ser muy concienzudo para convertir en éxito lo que sólo parecía una lucha por su propia supervivencia.

El de la foto es el campeón -esta vez, de veras- del congreso de Valencia, porque fue él quien convenció al presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, para que a, a su vez, sacara a Mariano Rajoy del pozo de la derrota. Y Rajoy, acosado cada día por el oráculo de la caverna y cada lunes por los compañeros que le retiraban el saludo desde la pretendida referencia moral de El Mundo, aguantó insultos y traiciones hasta que el jueves pasado anunció su nueva dirección, un núcleo duro que, en realidad, no parece diseñado por él, sino por su salvador, Javier Arenas.

El campeón ha rechazado la Secretaría General, y se queda con una vicesecretaría de asuntos territoriales, un cargo un tanto menor sobre el papel, pero que le va a permitir asistir desde dentro al nuevo viaje que ha emprendido el PP y, a la vez, controlar el patio andaluz para presentarse por cuarta vez a las elecciones autonómicas andaluzas.

A María Dolores de Cospedal, la nueva secretaria general del PP, la descubrió Arenas, Pimentel y Juan José Matarí en el Ministerio de Trabajo. Con Ana Mato, la vicesecretaria general para los asuntos de organización, la que de verdad debe llevar las riendas del partido, guarda una gran amistad de los tiempos en los que estuvo al frente del PP entre los años 1999 y 2004. Y Gerardo González Pons, el vicesecretario de comunicación, obedece al iniciador de todo este proceso que concluye hoy, a Francisco Camps, porque a diferencia de Arenas, el valenciano sí es un barón con terrenos, es decir un vencedor de unas elecciones autonómicas.

La imagen adjunta fue tomada en el pueblo de Arenas, en Olvera, en la serranía gaditana, alrededor del año 1966. Ni en Olvera ni en Doña Mencía ni en Pulpí se jugaba mucho al baloncesto -vamos, que las únicas cestas que se conocían eran las capachas de caracoles- pero el ministro Solís, que era de Cabra, le dio por enseñar a los jóvenes españoles otros deportes, así que cierto mes de verano en el pueblo de Arenas se colocaron estas dos canastas en la plaza de la Alameda. Él, que había nacido en 1958, tiene a sus espaldas, en el centro derecha, al socialista Francisco Menacho, hoy vicepresidente de la Diputación de Cádiz y tres años mayor. El padre de Arenas fue funcionario y accionista de la fábrica de la luz, que era como se denominaba a las centrales eléctricas privadas que aguantaron en muchos pueblos al oligopolio de las Sevillanas, aunque Javier, de chico, siempre vistió la camisa del Sevilla. "Era el niño del balón", recuerda ahora Menacho, porque era uno de los pocos del pueblo que tenía lo que en aquel entonces se llamaba pomposamente "un balón de reglamento". Pero lo suyo era el fútbol, un poco "bicho", un tanto peleón, comenta.

Y ahí sigue: de Huelva a Almería y de Jaén a Cádiz, intentando ganarle a Manuel Chaves unas elecciones autonómicas y negando cada día aquello de Andreotti de que lo que, de verdad, gasta no es el poder, sino la oposición. La próxima semana, cuando el Parlamento andaluz celebre las últimas sesiones del verano, se comprobará qué estrategia seguirá Arenas frente a Chaves, si la del desgaste, que aún no le ha funcionado, o la de la moderación. Y Esperanza Aguirre, la que algunos señalaban como la más lista, se dio cuenta hace sólo tres semanas de quién estaba cocinándolo todo. En aquel agrio comité ejecutivo, la presidenta de la Comunidad de Madrid le hizo un gesto a Arenas: tú, le sugirió girando la mano como la que sostiene el cucharón que mueve la olla. Pues hasta en el PSOE lo sabían desde el lunes después del 9-M. Qué olfato, ella sólo tenía ojitos para Gallardón.

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