La candidata no quiere tutelas

  • El rosario de desavenencias con la cúpula de Madrid demuestra el empeño de Iglesias por controlar el mensaje de Podemos en Andalucía

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El relato oficial de Teresa Rodríguez (Rota, 1981) es que en el seno de Podemos no hay vías encontradas. "Somos una formación tan joven que no hay familias, que cuando se está en desacuerdo, se debate y así lo venimos haciendo", explicó la propia candidata a la Presidencia de la Junta el pasado martes en Sevilla, en la convocatoria en la que presentaron los principales nombres de las listas por cada provincia, una cita que venía precedida de un caótico mensaje lanzado durante días desde la propia formación acerca de la lista que iba a abanderar la cara más visible del partido en Andalucía: si como primer nombre por Cádiz o primero por Sevilla. Finalmente encabeza la lista de su provincia natal.

El relato oficioso es que Pablo Iglesias tiene en el sur su propio caballo de Troya y sabe que o tutela de cerca el mensaje para el 22-M o la eurodiputada gaditana tomará -y está tomando- sus decisiones al margen de lo que se opine de Despeñaperros para arriba. El control que quiere ejercer el secretario general del partido y sus más estrechos colaboradores -Sergio Pascual, Íñigo Errejón y Carolina Bescansa, fundamentalmente- no es por la falta de aptitudes para el liderazgo de Rodríguez -curtida en las portavocías de su etapa universitara como activista contra la LOU o como verdadera promotora de las mareas verdes por la defensa de la educación pública en la capital-, más bien por todo lo contrario.

No en vano, la eurodiputada, que dejará su cargo en las próximas semanas, fue junto con el candidato a las autonómicas de Aragón, Pablo Echenique, quien, sin esconderse, encabezó la corriente crítica contra el liderazgo de Iglesias. Y, eso, de alguna forma, es algo que no se olvida en la cúpula, tanto que en la Marcha de Madrid del 31 de diciembre, el partido la escondió pese a la cercanía del 22-M. Con cerca de 400.000 personas en la plaza del Sol, que Iglesias hubiera arropado a su candidata habría sido lo esperable, pero no fue así. Preguntada el pasado martes, Rodríguez señaló que estuvo en primera fila, sí, "pero en primera de la marcha, en la calle, que es mi sitio", subrayó. "Con más candidaturas, era lógico que no hubiera un apoyo tan evidente", justificó.

Al fin y al cabo, Podemos está creciendo como partido y con ello las miserias y servidumbres que una estructura política arrastra.

Perteneciente a la corriente de Izquierda Anticapitalista, la gaditana tiene una oratoria bastante por encima de muchos parlamentarios andaluces, tiene telegenia, cierto gancho en los medios -está haciendo su particular batida por televisiones nacionales-, es espontánea -en el mitin de Podemos en Sevilla se lanzó a cantar La murga de los currelantes de Carlos Cano- y levanta interés fuera de las fronteras nacionales, como demuestra que el viernes pasado estuviera acompañada de una periodista de Le Monde para relatar las 24 horas de la candidata a la Junta y días antes hiciera lo mismo con un medio italiano... Y esas cuotas de protagonismo producen un efecto contradictorio en Madrid: Podemos avanza posiciones -de hecho según el Egopa del viernes, la formación obtendría en las elecciones un 14,9% de votos como tercera fuerza liquidando a IU- pero molesta que Teresa se haga (tan) fuerte.

De ahí el rosario de tensiones y discrepancias con el partido en Madrid. Una de las más comentadas fue la del 3 de febrero, Luis Alegre, secretario de Participación Interna de Podemos, rebajó las expectativas de gobernar de la formación en Andalucía. El 22-M "está a la vuelta de la esquina y el programa para Andalucía habrá que desarrollarlo, Andalucía no es una comunidad autónoma en la que tengamos expectativas de acceder al Gobierno en estas elecciones", declaró, provocando un profundo malestar en la delegación andaluza. Rodríguez respondió, como mandan los cánones de una organización impulsada por las redes sociales, por Twitter: "Quienes conocemos esta tierra y tenemos aquí los pies, la cabeza y esperanzas, sabemos que no sólo podemos, sino que debemos". Y Alegre se vio abocado a rectificar: "Salimos a ganar primero en Andalucía y en mayo en el resto de las comunidades autónomas". Punto para Teresa.

Cuando su nombre parecía ser el único indiscutible como candidata de Podemos en Andalucía, Pablo Iglesias se dedicó a marear y trató de buscar una vía alternativa, que no encontró. Tras el patinazo de Alegre, Iglesias anunció su apoyo a la andaluza vía Twitter: "A veces hay mucho que debatir pero merece la pena cuando sirve para salir a por todas. Con @TeresaRodr_ para ganar en Andalucía".

Desde el principio, la eurodiputada quiso confiar la organización de la campaña con el profesor gaditano Jesús Rodríguez, que va de número dos en la lista de Cádiz, y compañero de lucha en la calle. Desde Madrid vieron esta decisión demasiado arriesgada y antepusieron como tutores a los pesos fuertes de Pascual y Errejón.

En la rueda de prensa del martes -en un lugar tan infrecuente para una convocatoria política como el Parque del Alamillo, un espacio público gestionado por la Junta que no fue supervisado previamente por el comité de campaña como tampoco lo fue el vídeo de la candidata comentado desde la cocina de su casa la "cocina de las encuestas"- Rodríguez defendió que había tenido "plena autonomía" para elaborar las listas, pero lo cierto es que la conformación de la lista final -el reparto provincial de los aspirantes y la incorporación desigual de los nombres de las candidaturas alternativas- provocó enconadas discusiones con Madrid.

La puesta en escena de los 29 mitines que se preparan para la campaña electoral será termómetro de la unidad. Como en todos los partidos, las cuitas internas existen. En Podemos, también.

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