Rafael Escuredo

"No hemos sido capaces de remar todos juntos"

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RAFAEL Escuredo Rodríguez (Estepa, 1944) fue, junto a Manuel Clavero, el impulsor más decisivo de la autonomía andaluza. Los dos pagaron un alto precio por su compromiso con el autogobierno de esta tierra y su desafío al diseño territorial fabricado por los poderes fácticos de España. Clavero tuvo que dimitir como ministro de UCD. Escuredo ganó por goleada la Presidencia de la Junta de Andalucía, pero también la abandonó por la incomprensión de su partido. Treinta años después de su victoria electoral reflexiona, aquí, sobre lo que pudo haber sido y no fue.

-Treinta años después, ¿ha merecido la pena la autonomía andaluza?

-Evidentemente sí. Basta con asomarse a las estadísticas, las hemerotecas, o a los documentales de la época para evidenciar que ha valido la pena.

-Deme tres razones que lo justifiquen.

-Nunca en nuestra historia hemos dispuesto de una generación de andaluces y andaluzas con mejor preparación educativa y cultural que en nuestros días. Tampoco nunca hemos gozado de una sanidad gratuita y universal de tanta calidad asistencial como la que disfrutamos, y, por último, jamás dispusimos de una red viaria, aeroportuaria y de servicios que pudiera homologarse a las más desarrolladas de nuestro entorno.

-¿Cómo definiría a aquella Andalucía que usted presidió?

-La definiría como la Andalucía del subdesarrollo, el paro y la pobreza.

-¿Y cómo a la Andalucía actual?

-Como la Andalucía de la modernidad, el futuro y la esperanza.

-Hemos progresado mucho, pero seguimos a la cola nacional en numerosos parámetros. ¿Qué es lo que ha fallado?

-No hemos sido capaces de fijarnos una meta colectiva y de futuro, por encima de las circunstancias del momento, y de remar todos juntos, como pueblo, en la misma dirección. Con otras palabras, ha sobrado bronca y confrontación, y ha faltado espíritu de unidad para afrontar los retos de nuestro tiempo.

-¿Qué le gusta de los andaluces de hoy y qué le disgusta?

-Me gusta su manera de entender el mundo y la vida, sin ese sentimiento trágico que lastra a otras comunidades. Y me disgusta su complacencia (lo de esto es gloria bendita) y su inconstancia; su incapacidad para entender que hemos de ser corredores de fondo, y que treinta años en la vida de un pueblo no es más que una gota de agua en el océano del progreso.

-¿Y de los de entonces?

-Me gustaba su espíritu de lucha y su sentido de lo justo y de lo injusto. Y que estaban dispuestos a colocar a Andalucía por encima de cualquier mezquino interés partidario.

-¿Hay más conciencia de pueblo andaluz treinta y dos años después del 28-F? ¿Pesa más Andalucía en España que entonces?

-Hay menos conciencia de pueblo andaluz, y quizás más conciencia de ser andaluz. Lo identitario cede en beneficio de lo ciudadano. Y, en la misma medida, crecemos como personas y como andaluces. Hoy, sin lugar a dudas, Andalucía pesa más en España que entonces.

-¿Por dónde debe ir Andalucía para ser una comunidad puntera?

-Los pueblos punteros son aquellos que, además de competitivos, destacan a nivel educativo y cultural. Y, por consiguiente, son los que más invierten en inversión y desarrollo. Todo lo demás, con ser importante, no deja de ser secundario.

-Se han dado muchas versiones sobre las razones de su dimisión. ¿Cuál es la suya? ¿Discrepancias con su partido, cansancio por la rutina de la gestión, problemas personales?

-Discrepancias con el presidente del Gobierno y con el ministro de Agricultura acerca de la política de transferencias para Andalucía. Cualquier especulación en otro sentido carece de fundamento.

-¿Cómo es su relación actual con su partido, que ha pasado del amor al odio según las épocas?

-Entiendo que los partidos son un referente de ideas y valores que uno, en mayor o menor medida, suscribe y comparte. Y a partir de ahí, creo en el liderazgo de los mejores y en la lealtad a mi partido, pero confío muy poco en la disciplina que emana de los aparatos partidarios que, por mucho que se equivoquen, nunca asumen sus responsabilidades ni dimiten. Sobre mi relación con el PSOE, yo diría que es buena, aunque a algunos no le guste mi independencia crítica. Por cierto, yo nunca he odiado a nadie en mi partido, ni fuera del mismo.

-¿Por qué apoyó a Rubalcaba en vez de a Chacón?

-Apoyé a Rubalcaba porque me pareció el candidato más solvente, y el más pragmático y proclive a llegar a acuerdos a nivel nacional -de los que tan necesitada está España-, sin por ello dejar de ejercer una oposición socialdemócrata sin fisuras. Aparte, está el hecho, que me preocupa y me sigue preocupando, sobre el pacto fiscal, y la ambigua posición que mantiene el PSC sobre el mismo.

-¿Eran mejores los políticos de la autonomía que los de ahora?

-Creo que sí, siempre que hablemos en términos generales. A tal efecto, yo diría dos cosas: que estaban mejor preparados, académicamente y políticamente hablando, y que jugaban sin red; es decir, que estaban dispuestos a marcharse si las cosas no salían bien. Hoy tengo la impresión de que los que están han llegado para quedarse, y que van a durar más que un martillo en manteca.

-¿Qué le ha llevado a escribir novelas?

-Ya desde mi pubertad pensaba que escribir era una manera de escapar al mundo y reinventarlo.

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