El clamor de la esperanza

  • Huelva se libera del silencio de la manifestación para gritar que "todos somos Ruth, todos somos José" · Los ciudadanos, consternados aún por el caso Mari Luz, no pierden la fe en hallarlos con vida

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Caía la tarde sobre Huelva, otro ocaso más sin Ruth y José se escapaba por el horizonte de la marisma. Junto a la fuente de los bomberos, donde en los inicios de la pesadilla se concentraban los familiares de los dos pequeños, el vacío de los corazones se iba ocupando con el calor humano de la solidaridad. Allí, bajo la estatua de Paco Toronjo, centenares de onubenses se arremolinaban para dar su apoyo a los Ortiz en la que se convirtió en la manifestación más multitudinaria desde que aquel 22 de enero de 2008 hasta diez mil ciudadanos se echaran a la calle para reclamar el retorno imposible de Mari Luz Cortés.

Los amigos de la familia, con sus pañoletas verde esperanza al cuello, se organizaban para que a ninguno de los manifestantes les faltara un lazo, una pegatina, una foto con la que emprender la marcha solidaria.

Ante una expectación mediática desmedida -decenas de cámaras de televisión nacionales que se apostaban desde las 19:00 en la Plaza de Las Monjas se abalanzaron sobre la madre de los menores, Ruth Ortiz, en cuanto ésta se colocó en la cabeza de la manifestación-, la portavoz de la familia, Esther Chaves, tuvo que pedir calma "para no agobiarla".

Salvado este primer escollo, la multitud echó a andar. Por la calle San Sebastián, los últimos rayos de sol otorgaban a la copa de los árboles un verde más intenso, como si ellos también formaran parte de la comitiva.

Los viandantes que en principio figuraban sobre la acera como meros espectadores se animaron de inmediato a sumarse al grupo, que al inicio apenas contaba varios centenares de miembros pero que ya a su paso por la estatua del Litri los había transformado en miles.

Mayores, adultos, jóvenes y niños dejaron claro a los Ortiz que no están solos en este duro trance que les ha tocado vivir. El onubense Bienvenido Barba aseguró que son imprescindibles iniciativas como la de ayer para "que sepan que estamos con ellos y no vamos a descansar hasta que encontremos a esos niños", a lo que añadió que, como padre, "no me cabe en la cabeza que José Bretón haya podido hacerle algo malo a sus hijos, unos chiquillos tan bonitos".

María González asistió a la manifestación para "que Ruth sienta nuestro respaldo, porque tiene que ser muy doloroso para una madre no saber dónde están tus hijos".

En un silencio roto únicamente por los suspiros de los participantes, la multitud atravesó Pablo Rada y atravesó La Palmera. En este punto ya no alcanzaba la vista el final de la fraternal comitiva. María Ángeles Sánchez, que llevaba de una mano a su nieta y sostenía con la otra la foto de los dos críos desaparecidos el pasado 8 de octubre en Córdoba, indicó que "llevo cuatro meses en vilo y cada mañana enciendo la tele con la esperanza de que las noticias digan que ya han aparecido". Esta onubense vive el caso "con los pelos de punta, porque soy madre y abuela y me pongo en su lugar; Dios quiera que los niños estén vivos y bien, que es lo que deseamos todos".

En una ciudad que todavía no ha superado el asesinato de Mari Luz, revivir un caso de similares características -especialmente por la corta edad de los menores- es todo un mazazo. Mercedes Parra indica que "siempre le digo a mi hija que hay que tener siete ojos, que no se despiste nunca de mi lado porque nunca se sabe; ella no entiende bien lo que está pasando, pero también quiere que aparezcan pronto".

La marcha enfiló la calle Palos para desembocar por Fernando el Católico y Padre Marchena en la Plaza de El Punto. Cabizbajos pero con la fortaleza de saberse arropados por su tierra, los familiares de Ruth y José marcaron el paso sobre el adoquinado gris.

La manifestante Lola Padilla, incondicional en las concentraciones que cada jueves se celebran en Huelva para pedir el retorno de los niños, señaló que "es tan grande nuestra impotencia y ellos son tan pequeñitos" que acciones como la de ayer "no tienen demasiado sentido si no conseguimos sensibilizar a los que los tienen, a los que saben dónde están". Por ello, estimó que "al padre, José Bretón, deberían hacerlo hablar de una vez, obligarlo sea como sea, porque nos está haciendo sufrir mucho a todos".

Entretanto, en la Plaza de Las Monjas -punto final de la manifestación- decenas de personas iban tomando posiciones con la mirada puesta allá, al fondo de la Gran Vía, por donde asomaba ya la cabeza de la manifestación. El contraste de los rostros serios y preocupados de los ciudadanos con las risas de los críos que jugueteaban entre las palomas era más que evidente en el corazón de Huelva.

Al fin, en torno a las 19:00, cuando la luna llena empezaba a asomarse por entre las inmensas ramas de los ficus, la comitiva llegaba entre aplausos a la céntrica plaza onubense. "Se me parte el alma al ver a esa madre y pensar en esos chiquillos", comentaba en voz baja un grupo de mujeres que se había colocado a los pies de la estatua de Cristóbal Colón.

Entre aplausos subió Ruth Ortiz al templete de Las Monjas. Entonces la multitud rompió el silencio que había mantenido durante todo el recorrido y comenzó a gritar: "¡Suelta a esos inocentes!", en clara referencia a Bretón, encarcelado en la prisión de Córdoba desde el pasado 21 de octubre. También se oyó la consigna unánime de "todos somos Ruth, todos somos José", el clamor de la esperanza que se mantiene pese a que han transcurrido 124 días ya de la incomprensible desaparición de los dos niños de Huelva.

Las sentidas palabras de su madre desde el púlpito de la Plaza de Las Monjas -una deshecha Ruth Ortiz de voz temblorosa y ojos abatidos que apenas se sostenía en pie- se clavaron en el alma de los allí presentes, una dolorosa punzada en miles de corazones que se transformaron en uno solo, el de la Huelva que pide a golpes de solidaridad que les devuelvan a los niños sanos y salvos. Hubo lágrimas entre la muchedumbre, resultado de la empática suma del dolor y la rabia contenidos.

Finalmente, decenas de personas se aproximaron a la portavoz de la familia materna para ofrecerles su ayuda en las distancias cortas, todo un despliegue de cariño y buenas intenciones que Esther Chaves agradeció profundamente "porque lo de hoy, vuestro calor, nos ha dado muchas más fuerzas para seguir".

Las muestras de apoyo a los Ortiz llegaron también desde las filas del Recreativo de Huelva. Tras el entrenamiento que llevaron a cabo los jugadores en la Ciudad Deportiva del Decano, éstos portaron carteles con la foto de Ruth y José y el teléfono de contacto donde se puede depositar cualquier pista (por minúscula que pueda parecer) que permita despejar la incógnita de su paradero.

Cayó la noche, un jarro de agua helada en este febrero en el que se cumplen cuatro meses de la desaparición de los hermanos de dos y seis años. Y de nuevo una mujer vuelve a pasar la noche en vela porque no puede dar un beso de buenas noches a sus niños. Y otra vez Huelva se metió en la cama sin saber dónde están, pero lo hizo unida en su sólida creencia -pese a los envites del pasado- en que la esperanza es lo último que se pierde.

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