Un congreso de esgrima trapera

  • Los equipos de los aspirantes intentan captar indecisos de todas las formas imaginables · El cónclave puede convertirse en la primera vuelta de unas primarias si cierra en falso.

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Con poco más de veinte minutos de diferencia llegaron ayer a la sede del congreso los dos candidatos a ocupar el primer sillón de Ferraz. El orden pareció pactado: primero, la aspirante pura y dura, y después, el cabeza de cartel en las pasadas elecciones generales. Arropada por algunos de los suyos llegó Carme Chacón, que respondió con una amplia sonrisa a una hinchada que la recibió sin aplausos ni alharacas. Una foto más para su currículum político plagado de imágenes. Alfredo Pérez Rubalcaba, escoltado por algunos coroneles de su tropa, entre los que destacaba especialmente el secretario general de los socialistas sevillanos, José Antonio Viera, entró entre aplausos por la puerta grande tras sortear una estufa que calentaba la gélida mañana sevillana. En esta puesta en escena ganó el ex vicepresidente; en el congreso de las caritas, muy importante ante lo ajustado de la contienda, no.

Empujados por propios, extraños y periodistas acabaron los dos en el redil acotado para la Ejecutiva Federal en los aledaños del Plenario. Ya estaba allí el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, que saludó en la entrada al líder del PSOE andaluz, José Antonio Griñán, con un gesto marcial sin mucha convicción. A esa hora, mientras los federales departían amigablemente, el primer percance organizativo serio brotó cuando la mayoría de los 2.000 invitados no pudieron entrar en el Plenario por falta de sitio. Unos optaron por marcharse a las habitaciones para seguir la sesión inaugural por el canal de televisión de 24 horas de TVE, y otros se lanzaron al deporte del pasilleo. Y los más se dedicaron a recorrer Sevilla más como turistas que como militantes o simpatizantes. Normal.

En los cuarteles generales de las candidatura, situados detrás del ágora del hotel -una zona absolutamente restringida a la que sólo le faltó un cartel muy explícito de prohibido el acceso a periodistas y otras especies en vías de extinción-, las maquinarias electorales de Pérez Rubalcaba y Chacón arrancaron al trantrán. Sin embargo, concentrados ante las puertas del Plenario, empezó a bullir el congreso con los delegados rubalcabistas y chaconistas lanzados a la caza del centenar de indecisos que esperaban un tercero en discordia.

A golpe de telefonazo al móvil, de reuniones en las salas secretas, en el bar del hotel o en noches de trago largo. Promesas de cambio, de cambio seguro o de cambio con puertas y ventanas abiertas de par en par; disertaciones serias sobre los distintos modelos de partido que representan los dos contendientes (el cántabro-madrileño, el socialismo de vieja guardia, y la catalana, la progresía a lo ZP pero mejorada); mentiras con pluma sobre Pérez Rubalcaba y fullerías SA contra Chacón propias de contrincantes de la orilla popular; escoltas permanentes a delegados dubitativos captados a golpe de ofertas inconfesables; malas caras con el compañero enemigo; Felipe González cumpliendo lo justito y puerta y calle, y a llamar; y el compañero "fuentes de la candidatura de Rubalcaba" protagonizó una comparecencia insólita y algo desesperada proclamando la victoria de su jefe de filas. Y esgrima trapera a base de navajas albaceteñas hasta que los gintonic suavizaron el ambiente. Mala baba con ginebra.

Así transcurrió la primera jornada de un congreso que será muy ajustado o no, pero que puede convertirse en la primera vuelta de unas primarias para elegir el próximo cartel electoral si cierra en falso.

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