Una cordobesa en Génova

  • Beatriz Jurado se proclamará de la mano de Arenas presidenta de Nuevas Generaciones · La menor de nueve hermanos contradice el tópico de 'niños bien' de la organización

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Trabajo, constancia y más trabajo. Bea es de las de "carretera y manta". Cada semana visita al menos tres provincias de la comunidad. Es incansable y pertinaz, aseguran quienes la conocen.

De la mano de Javier Arenas, Beatriz Jurado, cordobesa de 28 años, se convertirá a mediados de abril en la presidenta nacional de Nuevas Generaciones, la organización juvenil del PP. Con su polito rojo se ha conducido en las últimas semanas a lo largo de la geografía española para conseguir adhesiones a su candidatura, la única y segura triunfadora.

La carrera política de Jurado es vertiginosa. No hace aún dos años que preside Nuevas Generaciones en Andalucía. En las próximas elecciones municipales, ha sido incluida en la lista del candidato popular a la Alcaldía de Córdoba, José Antonio Nieto, con quien ha estado colaborando como asesora.

Jurado se conduce rápida, pero segura, y sobria. Sustituirá en el cargo a Ignacio Uriarte, caído en desgracia tras dar positivo en un control de alcoholemia. En las filas de los cachorros populares aún permanece el desánimo por la pérdida de su referente nacional. Condenan la "imprudencia", pero confían aún en que Uriarte rescate su prometedora trayectoria.

El perfil de Jurado es bien diferente. Modélica y espartana, de currículum brillante y dialéctica llana. Disimula su enfado cuando se le pregunta por el estereotipo de los afiliados a Nuevas Generaciones, esa imagen versionada de JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Pijos).

Ahuyenta esa imagen. Ni ropa de marca, ni otros complementos. Ella es la pequeña de nueve hermanos cuyos padres regentan un hotel familiar a las afueras de la ciudad. Licenciada en Derecho y líder del consejo de estudiantes de su facultad.

Precisamente en 2004, Jurado fue invitada a pronunciar unas palabras como representante de la sociedad civil en un mitin de Rajoy y Arenas en la Universidad. El flechazo fue mutuo.

A las semanas, Jurado se afilió a Nuevas Generaciones y comenzó a trabajar y a viajar, sin importarle lo que otros pensaran.

En esos momentos el PP venía del descalabro electoral. En la retina estaba muy fresca la guerra de Iraq, la reforma de la ley universitaria, el pásalo

A Jurado le entró el gusanillo de la política y se erige como acérrima defensora de la participación juvenil para cambiar las cosas desde dentro. Segura de que, más allá de la generación ni-ni, los jóvenes deben confiar en la política.

Justo cuando se habla de generación perdida, con una tasa de paro juvenil que amenaza con llegar al 50% en la comunidad, Jurado anima a la participación, en la organización que se quiera, pero con jóvenes inconformistas y activos. Afirman quienes la conocen que el año de Erasmus en Bergen (Noruega) le consolidó la vocación, atraída por la participación de la sociedad civil en ese modelo político.

El compromiso lleva a la renuncia. En el caso de Jurado, el ballet. Llegó a examinarse en el conservatorio de danza española, apasionada al igual que de la danza contemporánea.

Recomienda ver Cisne Negro, pero sobre todo, Las zapatillas rojas, la historia de una joven bailarina que se suma a una compañía consolidada y se convierte rápidamente en prima ballerina.

Jurado no camina de puntillas; pisa firme y rápido hacia el siguiente peldaño.

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