"Era un infierno, el humo lo cubría todo"

  • Juan Salvador Fernández relata lo que se encontró en el geriátrico cuando entró para tratar de rescatar a los ancianos, momentos antes de que llegara la Policía

Dos policías nacionales custodian la entrada de la residencia Aurora. Dentro trabajan sus compañeros de la Policía Científica recogiendo pruebas, analizando al milímetro todo lo que encuentran en la habitación donde dormía Lucía Miranda, la mujer cuyo cuerpo se encontró carbonizado. Fuera decenas de periodistas, curiosos, vecinos y testigos tratan de obtener alguna información sobre qué originó el incendio en el que murieron seis ancianos la noche antes. En esta casa señorial típica del barrio de Nervión reconvertida en asilo cuesta reconocer indicios del fuego. Las manchas de humo que salen de los ventanales no son demasiado grandes y nada hace indicar la magnitud de la tragedia vivida detrás de estos muros sólo unas horas atrás.

De una de las ventanas todavía cuelga un muñeco de Papá Noel que nadie se ha entretenido en retirar. Abajo, en la calle, María Jesús Gutiérrez cuenta que su hijo fue el primero en entrar en la residencia y que rescató a varios ancianos. "Nos estamos mudando y habíamos llamado a un taxi. Cuando llegó fue el taxista el que se percató de que olía a quemado. Mi hijo entró en el asilo mientras yo llamaba a los Bomberos", cuenta esta mujer, que vive en el Colegio San Miguel, situado justo enfrente de la residencia Aurora, y que era la encargada de cuidar al antiguo propietario del centro escolar, Ricardo Lucena, fallecido la semana pasada.

Su hijo, Juan Salvador Fernández Gutiérrez, se encontró con un "auténtico infierno" al entrar en el geriátrico. Llamó al timbre y le abrió una enfermera, que le comentó que se había declarado un incendio en la segunda planta y le ofreció un trapo mojado con el que se tapó el rostro antes de subir. "El humo lo inundaba todo y no se veía nada, ni las puertas". La trabajadora trató de hacer el mayor ruido posible para despertar a los ancianos, "pero había algunos que no podían moverse". Juan Salvador comenzó a toser y tuvo que bajar para no asfixiarse.

"Escuché los gemidos de los ancianos que se estaban quemando en la segunda planta, por lo que traté de subir otra vez, pero era imposible. Fui entonces a la primera, cogí a un anciano y lo arrastré hasta la escalera. Cuando intentaba bajarlo me encontré ya con la Policía". Este hombre preguntó a los agentes si podía ayudar y éstos le respondieron que mojara ropas y toallas y se las fueran dando. Luego llegaron los Bomberos, que se ocuparon de todo: "Sentí una gran desolación, un sobrecogimiento muy grande al oír a los ancianos".

A la residencia acudieron ayer varios familiares de los ancianos heridos para obtener documentación, ropa y pertenencias de sus familiares. Una de las afectadas que "volvió a nacer" fue María Vázquez, de 86 años y enferma de alzhéimer, que siempre dormía en la segunda planta y la noche del fuego lo hizo en la primera, adonde no llegó el humo. "Yo le rezo mucho a la Virgen. Ella dormía en casa, pero las noches de frío se quedaba en la residencia. Y siempre dormía en la segunda planta. Ayer lo hizo en la primera", relata su cuñada, Carmen Roldán, en el Hospital de Valme. También fueron varios los testigos que comenzaron ayer a declarar ante el juez de Instrucción 2 de Sevilla, Carlos Mahón, que se encarga de la investigación judicial del incendio.

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