El juez ordena el ingreso en prisión del presunto asesino del sacerdote Carlos Martínez

  • José Eugenio Alcarazo Fernández se ha acogido a su derecho a no declarar ante el juez, que le ha imputado un delito de homicidio.

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El juez de Instrucción número 13 de Sevilla, en funciones de guardia, ha ordenado el ingreso en prisión, comunicada y sin fianza de José Eugenio Alcarazo Fernández, el presunto asesino del sacerdote Carlos Martínez Pérez, según han informado fuentes judiciales. José Eugenio Alcarazo se ha acogido a su derecho a no declarar ante el juez, que le ha imputado un delito de homicidio y ha ordenado su ingreso en prisión.

El detenido pasó en la mañana de este sábado a disposición de la autoridad judicial, una vez que la Policía Nacional concluyó las diligencias relacionadas con la muerte del vicario de San Isidoro. La instrucción de la causa corresponderá al juzgado de Instrucción número 10 de Sevilla, que era el que se hallaba de guardia cuando ocurrieron los hechos en la tarde del pasado jueves.

Según las primeras investigaciones, el sacerdote Carlos Martínez Pérez recibió cinco puñaladas. Una de ellas le alcanzó en el pecho y resultó mortal, otras dos le causaron cortes profundos en la espalda, y tenía además otras dos heridas superficiales en los brazos, posiblemente debidas a un intento de defensa. El marido de su sobrina, José Eugenio Alcarazo Fernández, de 52 años, lo esperaba en el portal de su casa, en el número 8 de la calle Francisco Carrión Mejías, armado con un cuchillo de grandes dimensiones, con el que presuntamente le atacó por sorpresa y lo mató, minutos después de las ocho de la tarde del jueves.

El presbítero, de 75 años, murió prácticamente en el acto, desangrado en el rellano de su bloque, después de que la cuchillada del pecho le afectara órganos vitales. Acababa de decir una misa en el monasterio de San Leandro, donde era capellán, y se dirigía a su casa, a un paso de este templo.

El sacerdote tenía previsto oficiar otra eucaristía en la parroquia de San Isidoro, de la que era vicario -también oficiaba en las iglesias de San Ildefonso y Santiago-, pero quiso cambiarse de ropa antes. El padre Martínez entró en el portal y, cuando apenas había dado unos pasos, fue atacado por su presunto asesino. Éste había amenazado al cura en alguna ocasión anterior, que había llevado al sacerdote a plantearse presentar una denuncia contra él. Así se lo transmitió la semana pasada a un íntimo amigo. Según apuntaron algunos vecinos la misma noche del crimen, el presbítero animaba a su sobrina a que se separase de José Eugenio Alcarazo. La pareja estaba en proceso de divorcio y Alcarazo había intentado quitarse la vida la semana pasada.

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