¿Es esto otro paripé más?

Que la manifestación de mañana del PP en Málaga sombreó ayer el encuentro de 40 minutos entre Chaves y Arenas es un hecho que no discute nadie. El jefe popular no tiene la más mínima duda de que todo lo que ha hecho el adversario en los últimos días tiene un objetivo: reducir al mínimo -y hasta ridiculizar si puede- el efecto de lo que ocurra en la capital de la Costa del Sol. Arenas les dijo a los periodistas, "en confianza", que el Gobierno se opuso rotundamente a celebrar la reunión entre él y Chaves después del lunes "porque a partir de ese día seremos más fuertes". Él está muy satisfecho -asegura que cuenta con la adscripción de 500 asociaciones a la marcha de Málaga-, pero reprime la euforia. Uno no debe fiarse en exceso de las manifestaciones. No hay más que recordar la del Domingo de Ramos en Jerusalén y los resultados que el aclamado obtuvo el Viernes Santo. Y siempre refresco, por la marca que dejó en mí y en otros tantos jóvenes ilusos y tontainas, aquella tan multitudinaria contra la OTAN, con Felipe González de furibundo antiatlantista y la gente aplaudiendo y vitoreando y bailando y... en fin. Después llegan las urnas y ya se sabe.

¿Es que es todo un paripé?

Tras su cita con Chaves, Arenas echó mano de la jerga coloquial para referirse a estos encuentros entre el jefe del Gobierno y el de la oposición. Llevan siete. ¿Para qué se ven una y otra vez si el resultado es más que conocido y ellos lo saben? Echan mano de la educación y de la cordialidad, probablemente se pregunten por las familias y en la despedida, tras intercambiar documentos que no van ni a reciclar, se deseen un porvenir repleto de parabienes. Política aparte, claro.

"Yo ya no estoy para paripés", dijo Arenas haciendo referencia a sus reuniones estériles con Chaves. Y por eso le pidió al presidente de la Junta que no hubiera fotógrafos que retrataran su cita. Y no los hubo. Pero tampoco hacía falta una demostración gráfica para constatar, si después se les escucha a ambos, que paripé, del caló paruipén, está recogido en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua como "fingimiento, simulación o acto hipócrita".

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