Los ponentes de la ley de muerte digna la ven compatible con la moral católica

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Los ponentes del documento de trabajo sobre la futura ley de muerte digna estiman que la norma, tal como ellos entienden que va a ser articulada, es compatible con la moral católica. Sin embargo, de momento, ese análisis no es compartido por todo el mundo. A juzgar por las primeras reacciones tras conocerse que esa ponencia, firmada por los expertos Pablo Simón y Francisco Alarcos, ha sido presentada (y aceptada) en la Comisión Autonómica de Ética e Investigación Sanitarias y que ello supone el inicio de un itinerario que debe culminar en la publicación del texto legislativo en un año, parece que, efectivamente, se ha abierto el debate social sobre la muerte digna en Andalucía.

Los posicionamientos hechos públicos hasta el momento son elocuentes; a juzgar por las señas de identidad del discurso del Foro de la Familia, del entusiasmo de los defensores de la despenalización de la eutanasia y de las críticas -hasta cierto punto sorprendentes- del cardenal de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, el consenso en torno a la futura ley reguladora de la dignidad de las personas ante el proceso de la muerte debe superar más de un escollo mucho antes de llegar al Parlamento. Al menos, dos: el concepto de limitación del esfuerzo terapéutico y la noción ética de pendiente resbaladiza.

En cuanto al primero, es la piedra angular de este proyecto legislativo y su elemento con mayor carga simbólica: la retirada del respirador a Inmaculada Echevarría el año pasado fue una aplicación del concepto de limitación del esfuerzo terapéutico. En teoría, no debería haber en este aspecto demasiados problemas para alcanzar el consenso. En un capítulo particular de la ponencia -de hecho, no forma parte de ella-, dedicado al análisis de la relación de la muerte digna con la moral religiosa, la ética civil y el derecho, Simón y Alarcos citan a la Conferencia Episcopal [católica] alemana, a Pío XII, a la Congregación para la Doctrina de la Fe, a la Comisión Espiscopal Española, a Juan Pablo II y al Catecismo de la Iglesia para fundamentar el respaldo de la doctrina católica a la limitación del esfuerzo terapéutico. Ambos expertos concluyen que "una normativa jurídica que al regular el derecho a la dignidad en el proceso de muerte respetara estos postulados básicos [de la ética teológica católica] no entraría en contradicción ni con la tradición moral de la Iglesia católica ni con la reflexión teológico-moral actual".

En cuanto a la pendiente resbaladiza, es una noción recurrente en el debate de cualquier aspecto regulatorio de la ética: alejar los límites éticos del punto actual, aun cuando estén muy claros, es arriesgarse a que las situaciones se deslicen, precisamente, más allá de los límites. Y eso es lo que quizá teman quienes sí aceptan que se deje a un enfermo marchar cuando ya no hay nada que hacer, pero sospechan que la rutina reglamentaria abra la puerta a la inducción directa de la muerte: a la eutanasia o al suicidio asistido.

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