Un preso huye de los juzgados al fingir una crisis de ansiedad

  • El detenido, un joven de 19 años reclamado por robos con fuerza, escapó de los calabozos del edificio del Prado y logró subirse a un taxi en la avenida de Portugal

Un preso se escapó el pasado martes de los juzgados del Prado de San Sebastián tras fingir un ataque de ansiedad y empujar a un policía que lo custodiaba. Podría ser un buen argumento cinematográfico, pero ocurrió el pasado martes en Sevilla. El reo logró salir a la calle burlando los controles del edificio judicial y huir a la carrera en dirección a la glorieta del Cid, hasta que pudo tomar un taxi en la avenida de Portugal.

El prófugo es un joven de 19 años con cuatro detenciones en su historial por otros tantos robos con fuerza. La última vez fue arrestado porque sobre él pesaba una orden de búsqueda y captura emitida por el Juzgado de instrucción número 5 de Sevilla. Fue detenido por la Policía Nacional, que lo trasladó a los juzgados en la conducción de la tarde del pasado martes. El juzgado que lleva el asunto no estaba de guardia, por lo que el que ejercía estas funciones decretó el ingreso en prisión preventiva del detenido hasta que al día siguiente fuera llamado a declarar por el juzgado de Instrucción 5. Éste es un procedimiento habitual que siguen los jueces cuando tienen que decidir sobre un detenido cuya causa lleva otro órgano. En estos casos suelen decretar el encarcelamiento por una noche del arrestado hasta que pueda prestar declaración al día siguiente ante el juez que instruye su causa.

El joven había pasado un tiempo en los calabozos del Prado de San Sebastián, unas instalaciones que, según han denunciado los trabajadores en varias ocasiones, están obsoletas y necesitan una reforma importante. Posteriormente, al comunicársele el ingreso en prisión, sobre las ocho y media de la tarde del martes, el detenido fingió un ataque de ansiedad, por lo que los dos policías nacionales que lo custodiaban en los calabozos de los juzgados decidieron llamar al forense de guardia en el edificio. Éste certificó que el detenido padecía una fuerte crisis nerviosa y explicó a los agentes que no era conveniente que ingresara en prisión, sino que fuera trasladado a un hospital donde se le atendiera de este ataque.

En ese momento otro de los detenidos comenzó a gritar y a decir a los agentes que también padecía un cuadro de ansiedad. Uno de los policías acudió para ver qué le pasaba y dejó a su compañero con el otro detenido. Éste aprovechó que se quedaba solo con un policía para propinar de repente un fuerte empujón al agente y salir corriendo. El policía cayó al suelo y no pudo interceptarlo en su huida. El joven logró salir a la calle y comenzó a correr, mientras era perseguido por los policías y los guardias civiles destinados en los juzgados. Los agentes intentaron seguirle la pista y salieron corriendo detrás del fugado hacia la glorieta del Cid.

Instantes después le perdieron la pista y fue una mujer la que se acercó a los policías para preguntarles si buscaban a un joven del que aportó una descripción que correspondía con la del prófugo. La mujer aseguró a los agentes que este joven se había subido a un taxi en la avenida de Portugal, lugar en el que ya se le perdió el rastro. El delincuente tuvo una mayor facilidad de movimientos porque los agentes le habían quitado las esposas para que lo examinara el forense. La identidad del fugado es Miguel R. J. Se trata de un joven sevillano vecino de la barriada Federico García Lorca, situada junto a la Carretera de Su Eminencia.

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