El primero de una tragedia interminable

  • El próximo 1 de noviembre se cumplen 20 años del primer naufragio conocido de inmigrantes irregulares · Ocurrió en una playa de Tarifa y murieron 18 marroquíes

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El 1 de noviembre de 1988, una patera con 23 inmigrantes marroquíes a bordo naufragó en la playa de Los Lances, frente a la localidad gaditana de Tarifa. Cinco de ellos lograron sobrevivir para contarlo, los 18 restantes murieron ahogados.

Veinte años después, cualquier suceso similar en Canarias o en el mismo Estrecho puede que nos siga sobrecogiendo, pero no supone ninguna sorpresa. La tragedia de la inmigración se ha convertido en algo desgraciadamente cotidiano.

Pero aquel naufragio fue el primero, el punto de partida de una larga serie de muertes difícil de cuantificar, de dramáticas historias llenas de lágrimas salpicadas con alguna que otra sonrisa.

La mañana había despuntado gris y fría, como corresponde a los primeros números del calendario en noviembre. El viento de levante había hecho acto de presencia de madrugada y soplaba con una fuerza descomunal. El capitán de la Guardia Civil Manuel Prado acababa de tomar posesión del mando en la Tercera Compañía con sede en Tarifa, adscrita a la Comandancia de Algeciras. Poco podía imaginar el recién ascendido oficial la tragedia que horas antes había tenido lugar en esa costa, tan cerca y tan lejos del continente africano.

Una patrulla había localizado a cinco marroquíes deambulando por la carretera Nacional 340. Empapados y sin documentación, blanco y en botella. Prado apareció en la playa con ellos cuando el periodista llevaba allí más de media hora.

El escenario sigue fijo en la retina: el casco de una patera varada en la playa se confundía con el gris claro del horizonte. A pocos metros de la frágil embarcación, el cadáver de un hombre joven, de rasgos marroquíes, completaba un cuadro que 20 años después sigue representando el drama de quienes emprendieron un viaje rumbo a una vida mejor pero llegaron a ninguna parte.

-¿Sabes francés?, inquirió Prado al periodista.

-Me defiendo, dijo el reportero.

-Pues pregúntale a éstos si tienen algo que ver con el fallecido.

A quien esto escribe se le sigue poniendo la piel de gallina, así pasen 20 ó 30 años. Uno de los marroquíes comenzó a hablar para relatar que habían partido sobre la medianoche de una playa de Tánger. De madrugada, cuando la mar es una inmensa penumbra, las luces de una urbanización cercana les hizo pensar que la tierra firme estaba cerca y se lanzaron al agua. Pero habría más de tres metros de fondo y muy pocos sabían nadar. Trataron de volver a la patera, pero esta volcó por sobrefuerza en uno de los costados. Algunos supervivientes vieron cómo muchos de sus compañeros se hundían sin remedio. El mar se los había tragado.

En los días sucesivos el Estrecho fue devolviendo a tierra firme los cuerpos sin vida de aquellas primeras víctimas de una tragedia que no cesa. La playa de Los Lances, la costa Este tarifeña era un continuo sobresalto por el reguero de cadáveres. Nueve fueron enterrados en el cementerio de Tarifa.

Al día siguiente la noticia dio la vuelta al mundo. El incipiente fenómeno de la inmigración irregular por el Estrecho, relegado a un tercer o cuarto plano hasta la fecha, cobró dimensiones gigantescas y Tarifa se llenó de periodistas.

De pronto, el mundo miró hacia el Estrecho. Como dos décadas más tarde mira a la costa canaria, donde el drama se ha repetido con puntos y comas, un trágico clon de la historia que convirtió a la calle más transitada del mundo en un inmenso cementerio.

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