Los riesgos de la supervivencia

  • Los ejemplares de lince ibérico se han triplicado en diez años y eso les libra de una situación crítica Los biólogos aplauden los resultados pero advierten de los peligros aún existentes

De forma tan tímida como su personalidad, el lince ibérico demuestra que su supervivencia no es una quimera y que existe futuro para una especie que podrá perpetuarse sin la respiración asistida de un humano que es, a la misma vez, salvador y verdugo.

Nuevos argumentos se suman para el optimismo. El grácil felino vuelve a recuperar sus fronteras naturales y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) publicó recientemente su Lista Roja de Especies en Peligro, donde el lince pasa de estar "en peligro crítico" a estar simplemente "en peligro". Una rebaja en la calificación que, en cualquier caso, está circunscrita a un dato meramente matemático: si en 2002 el número de ejemplares adultos ascendía a 52, diez años mas tarde (2012) las cifras se han triplicado, llegando hasta los 156.

Todo ello demuestra el buen hacer de las administraciones y colectivos conservacionistas, si bien aun estamos lejos de alcanzar el censo de la década de los 60, en un siglo XX en el que el iconográfico felino dominaba gran parte del territorio español: Salamanca, Madrid, Cáceres, Toledo, Ciudad Real y Andalucía, con Granada, Jaén, Córdoba, Sevilla y Huelva, además del Algarve portugués. Las camadas en Aragón o en Galicia eran testimoniales, pero aun así sus huellas podían ser avistadas por quienes conocían su hábitat.

Los baluartes del incremento de la especie los encontramos en los cinco Centros Nacionales de Cría de Lince Ibérico (CNRLI) situados en El Acebuche, (Huelva), La Olivilla (Jaén), el Zoobotánico de Jerez de la Frontera (Cádiz), Zarza de Granadilla (Cáceres); y Silves, en el Algarve portugués.

El incremento de los cachorros nacidos en cautividad ha sido fundamental para de incrementar el número de ejemplares vivos de la especie. Pero éste es sólo el primer eslabón de la cadena. El fin último es su reintroducción en su hábitat natural, donde han de desenvolverse frente a los riesgos de la vida salvaje que implica cazar alimentos y esquivar la parca que acecha principalmente en forma de cazador o automovilista. Además, los animales tiene que aprender técnicas de apareamiento con otras hembras y diversificar con ello el material genético. Para ello existen ocho zonas de reintroducción en territorios como Mértola, Valle del Matachel, Sierra Norte de Sevilla, Montes de Toledo, Guadalmellato, Campos de Calatrava y Guarrizas.

Voces autorizadas como Juan Carlos Rubio, director del Espacio Natural de Doñana entre 2007 y 2013, explica que la rebaja en la calificación refrenda el buen trabajo desarrollado en estos últimos quince años. Para el biólogo, "el premiado programa LIFE ha sido "fundamental para la pervivencia de la especie más representativa del monte mediterráneo", gracias a las estrategias desarrolladas por científicos de enorme prestigio. Otro factor que Rubio considera crucial es "la restauración de los ecosistemas propios del lince y la mejora de la variabilidad del lince", que le han permitido estar menos expuesto a enfermedades.

Toda está concatenación de factores está permitiendo que poco a poco el felino vuelva a cazar más allá de las fronteras de Doñana, último reducto en el que se había resguardado. Sin embargo, las señales de peligro y las amenazas se mantienen latentes. Por esta razón, el biólogo aboga por "no bajar la guardia". Uno de los deberes más importantes en el futuro será "impermeabilizar las infraestructuras" en aquellas zonas colonizadas recientemente por el lince.

Desde la Junta de Andalucía se asegura que el trabajo concienzudo continúa su curso en estos momentos priorizando la lucha contra la epidemia ocasionada por la nueva cepa RHD que ha diezmado la población de conejos en parajes naturales como Andújar-Cardeña y Doñana. En concreto actualmente la población de lagomorfos es equiparable a la que existía cuando comenzaron los proyectos europeos de recuperación del lince, si bien la población se ha triplicado. Ello implica que el Lince busque de forma denodada su principal plato fuera de las fronteras naturales, incrementando el riesgo de ser atropellado e incluso quedando a merced de los cazadores.

La Administración indica que se está trabajando en este campo, "incrementando la seguridad vial y garantizando la supervivencia de los nuevos núcleos de población donde se sueltan los cachorros para su reintroducción".

En cuanto al conejo, se busca incrementar el control de las trampas ilegales que ponen los cazadores, todo ello a la par que se continúan mimando los programas de cría en cautividad a través del Programa de Conservación Ex- situ y de los programas europeos LIFE + Iberlince.

WWF se muestra menos optimista ya que, si bien se congratula de todos esos avances, matiza que el peligro continúa latente y que el único elemento que invita al brindis es el incremento de ejemplares hasta 2012. En concreto, recuerda la ONG, "desde entonces el crecimiento de especies se ha visto frenado debido a las ya mencionadas amenazas"

Juan José Carmona, representante de WWF en Doñana, explica que todos los hitos en la lucha por la supervivencia del lince pueden mostrarse estériles si no se trabaja para frenar a sus depredadores. Por ello exigen que se redoblen los esfuerzos para evitar los atropellos y la escasez de conejos debido a "la mixomatosis que se detectó en la década de los cincuenta y la RHD original a finales de los 90". Un dato resulta lapidario: "Se calcula que las poblaciones actuales de conejo no llegan al 10% de lo que representaban a principios del siglo XX". Esta falta de alimento es especialmente "dramática" en zonas donde el lince tiene su principal hábitat: Andújar-Cardeña y Doñana. Todas las zonas estudiadas dentro del proyecto Life confirman este descenso.

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