"La selección natural continúa operando en la especie humana"

  • Este experto en Ecología Evolutiva ha participado en la jornada de cierre del ciclo de cultura científica 'De Kepler a Darwin' respaldado por la Fundación Cajasol

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-La revista Proceedings da cuenta en su último número de un trabajo basado en el seguimiento de unas 200 personas que constata la existencia actual de selección natural en la especie humana. Usted trabaja en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, en el Departamento de Ecología Evolutiva. ¿Cree que seguimos evolucionando?

-La selección natural está operando continuamente, también en nuestra especie. De hecho, enfermedades infecciosas como la malaria o el sida ejercen una potente presión selectiva continua en los países poco desarrollados. Ese proceso de selección es más sutil en el mundo desarrollado, donde se ha creado un ambiente tecnológico más seguro ante esos elementos, pero que, a su vez, ejerce su presión selectiva en determinadas direcciones.

-¿Esos cambios son visibles en el transcurso de una vida humana?

-No, porque la vida de los individuos de nuestra especie es demasiado larga para ello. En los humanos se da una generación nueva cada 25 años aproximadamente. Se pueden observar fenómenos más superficiales, de plasticidad fenotípica; en ese tiempo es difícil demostrar cambios en el genoma de la especie. Pero el proceso de selección natural no se para, siempre está funcionando.

-¿Y en especies de generación más rápida, como la mosca del vinagre o los ratones?

-En otras especies sí se pueden observar esos cambios. De hecho, hay cientos de ejemplos comprobados: plantas, peces, lagartos. No sólo en los laboratorios, que son el ambiente en el que se conoce mejor a las especies que usted menciona. También en el campo, en el medio ambiente natural. Pero no es un proceso de transformaciones espectaculares: la selección natural más bien funciona como un proceso de retención de pequeñas mejoras que son capaces de dar origen a soluciones complejas en el transcurso de largos periodos de tiempo. Básicamente, y ése es un punto clave de los trabajos de Darwin, que se ha ido reafirmando con el tiempo en los estudios contemporáneos, no asistimos de golpe a la aparición de especies nuevas; porque la especiación es un proceso, no un evento, y esos procesos sólo se identifican a posteriori. Se trata más bien de procesos mediante los que distintas fracciones de una especie van divergiendo en sus adaptaciones bajo determinadas circunstancias ambientales que favorecen el aislamiento reproductivo entre individuos. Hasta que la divergencia es tal que impide el cruzamiento y la especiación es un hecho. Pero, insisto; es un proceso lento: en la mosca del vinagre, de un ritmo de generación muy rápido, de días, harían falta miles de años para que se produjese un cambio evolutivo.

-¿Por qué EEUU, primera potencia científica, es el lugar donde aparecen las posiciones creacionistas más extremas?

-Eso se debe a la historial cultural de ese país. Fue creado bajo un ambiente de pulsión religiosa favorecedor de esa idea muy intenso, el que llevaron a América las minorías religiosas perseguidas que se asentaron allí. La teoría del diseño inteligente es un concepto ideológico surgido en la era Bush; una teoría acientífica y que atenta contra la religión basada en la fe.

-¿La lógica del conocimiento científico lleva al ateísmo?

-No. Ése es uno de los fenómenos que erróneamente se atribuye, entre otros, a Darwin. En el evolucionismo no hay que buscar el sentido de la vida, porque el proceso de selección natural no tiene una finalidad prefijada, no posee un sentido: ocurre. Extrapolar reglas morales a partir de la observación de la naturaleza es un error lamentable. El estudio de la selección natural es una herramienta para entender la realidad a partir de la observación científica, pero no sustituye a la religión ni a la ética. La teoría de Darwin no tiene finalidad ideológica.

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