las sucesiones tuteladas

  • Marzo, 2012. La gran mayoría de cargos andaluces, entre consejeros, parlamentarios y alcaldes, creen que Rubalcaba es el mejor cartel para acompañar a Griñán y al que apoyará la militancia

SEDUCTOR, ágil de cintura, joven y de laxas ataduras ideológicas, tal que un día era secretario general del Movimiento y al otro le confesaba a Santiago Carrillo las penurias de su padre republicano. Así era Adolfo Suárez, el vector escogido por Torcuato Fernández Miranda para marcar el camino de la historia y darle al Rey lo que el Rey le había pedido: la Transición. Fernández Miranda, el presidente de las Cortes franquistas que se inmolaron al aprobar la Ley de la Reforma Política, y Suárez fueron amigos durante años, ambos matrimonios salían a cenar y pasaban sus tardes dominicales en casa de uno y de otro, pero aquella relación terminó tan mal que cuando el viejo catedrático de Derecho Político fue enterrado, el que hoy es el duque del olvido ni siquiera asistió a su funeral, a pesar del sillón reservado por el Rey para él.

Y es que ni las transiciones se dirigen con la precisión de la trayectoria de un misil ni hay peor ámbito para la amistad que la política. Después supimos mucho: Torcuato vio en la mirada de Suárez la ambición del poder y, posiblemente, se apesadumbraría cuando aquel "chusquero de la política" convertido en presidente del Gobierno por la gracia de él y del Rey decidió fundar la UCD y presentarse a las elecciones generales de 1977. Ya no digamos las de 1979. Quizás Fernández Miranda sintiera la traición de su pupilo al asumir un puesto que él, tan estadista, pensaba suyo, o al menos así lo había previsto en la supuesta pizarra donde trazó cómo debía transcurrir la Transición.

Manuel Chaves, Luis Pizarro, Martín Soler, José Antonio Griñán y, en menor medida, Antonio Fernández trazaron la hoja de ruta de una sucesión socialista en Andalucía que saltó por los aires el día que Gaspar Zarrías -olvidado en aquel diseño originario- convenció al presidente y a muchos secretarios provinciales de que la bicefalia era un cáncer. Pepe Griñán era presidente, pero también debía ser el secretario general del PSOE andaluz. Y, así, ocurrió hace ahora un año: jefe de Gobierno y del partido, aunque en su nueva dirección tampoco estuvo ninguno de los precursores, ni siquiera Zarrías.

Hay amistades rotas, Pizarro y Zarrías se distanciaron mucho; otras averiadas, como la de Griñán y Pizarro, y algunas conservadas sólo gracias a la persistencia de las tardes de cine, como la de Chaves y Griñán. Mal sitio para hacer amigos éste de la política. La sucesión andaluza no fue como ninguno previó, porque la historia es un río de curso imprevisible donde fluyen cientos de factores por mucho que Carlos Marx estableciera como dogma cuáles son sus motores.

Otra. El comité federal del PSOE debía resolver la sucesión de Rodríguez Zapatero mediante una hoja de ruta poco complicada, que llevaba al candidato mejor valorado, Alfredo Pérez Rubalcaba, a una suerte de elecciones primarias dirigidas para nombrarle secretario general del PSOE en septiembre u octubre en un congreso. Rubalcaba, que es químico, aunque más bien bebe de los arcanos de la alquimia, contaba con el apoyo del vicesecretario general, José Blanco, pero, al final, Zapatero y algunas organizaciones como la andaluza se echaron para atrás. ¿Por qué? Zapatero es así, y en Andalucía, al menos hasta la pasada semana, le temían bastante a las supuestas intenciones de los primos de Zumosol de Luis Pizarro y González Cabaña; vaya, a Rubalcaba y a Blanco. Pero como estos dos son casi tan listos como Suárez -o más-, han aclarado su nula intención de enarbolar banderías en Andalucía. De hecho, José Blanco presentó el viernes pasado en Jerez a la alcaldesa Pilar Sánchez, epicentro de la deflagración socialista andaluza. Por todo ello, Felipe González mostró su enfado el pasado martes; él cree que el comité federal debía "cerrar y abrir el melón" sucesorio sin ir a unas primarias abiertas entre Chacón y Rubalcaba.

¿Y qué harán ahora Andalucía y Griñán? La inmensa mayoría de dirigentes consultados, entre consejeros, parlamentarios y alcaldes andaluces, admiten que Rubalcaba sería el mejor candidato a las elecciones generales, el que más apoyo recibirá de la militancia y el acompañante óptimo de cartel para Griñán, que se presentará a las elecciones andaluzas el mismo día del mes de marzo de 2012. Pero, de momento, guarda sus cartas.

Es posible que Griñán, amigo de Chacón, intente convencerla de que espere a su tiempo, y que ya después se la apoyará. Pero la ministra de Defensa está muy bien asesorada, no cree en las possucesiones diseñadas y, además, sabe que unas elecciones primarias pueden fraguar a un verdadero líder aunque, de momento, ella sólo se exprese mediante fotografías e imágenes con generales y a través de discursos con voz impostada en funerales y actos de Estado. Si Griñán, como parece, no consigue su empeño, habrá duelo en junio entre Chacón y Rubalcaba.

Entonces, Griñán y su dirección deberán pronunciarse, aunque es posible que el secretario general andaluz siga esa explicación que Suárez realizó sobre el buen término de la Transición: cada paso se daba sin revelar cuál sería el siguiente para no levantar los recelos de una y otra parte.

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