El testigo de Fray Leopoldo

  • Una residencia de ancianos de Granada sigue la labor que desarrolló el limosnero con los mayores · En septiembre, con motivo de la beatificación, comenzarán las obras de construcción de un nuevo centro

Casi con seguridad la primera persona que leerá hoy este reportaje será Pepe López Hernández. A sus 84 años, se levanta todos los días a las cinco de la mañana porque todavía mantiene los horarios de cuando trabajaba en el campo. La diferencia es que a partir de las seis ahora está ya desayunado y esperando que dejen los periódicos en la puerta de la residencia. Él probablemente será el primero en leer una historia que conoce perfectamente, la de su compañera Toribia Ortega. Toribia tuvo dos hijos pero uno se murió en la infancia y el otros se suicidó cuanto tenía treinta años. Antes de que eso ocurriera, su marido la había echado de casa amenazándola con un cuchillo para quedarse a vivir con su amante. Las monjas para las que trabajaba, las Mercedarias, le ofrecieron que sirviera en el convento de Granada para alejarla del esposo, pero como se les olvidó darla de alta en la Seguridad Social, cuando se prejubiló no le quedaba pensión. Aconsejada por un sacerdote, pidió ingresar en la residencia de Fray Leopoldo, su casa en los últimos siete años.

Como en su caso, muchos de los mayores del centro que regenta la Fundación Fray Leopoldo estarían solos o viviendo casi en la indigencia con ayudas estatales que no superan los 450 euros. Aunque los mayores aportan distintas cantidades en función de su pensión -lo normal es oscilen entre los 300 y los 700 euros-, la orden religiosa, a través de las donaciones que recibe y del dinero que recaudan con la venta de reliquias, subvenciona buena parte de los 1.450 euros mensuales que cuesta acoger a cada uno de los ancianos.

El gerente, Mateo Torres, explica que hace 28 años, cuando se creó la fundación benéfica en honor del fraile limosnero, los miembros del patronato que la dirige decieron concentrar sus esfuerzos en la asistencia a la tercera edad. "Fray Leopoldo dedicó su vida a los pobres. De forma muy especial trabajó por los niños y los ancianos y, cuando se planteó cuál sería el ámbito de actuación de su obra social, se decantaron por los mayores como podría haberse optado por la infancia".

Según este relato, fue una decisión prácticamente fortuita pero casi milagrosa para los últimos años de vida de los 97 residentes que tiene el centro: para muchos la residencia no sólo es su casa, también es su familia.

Un ejemplo es el caso de Asunta Oliva, de 85 años, que ha pasado las últimas dos décadas en esta casa. Hija única, nunca se casó ni tuvo hijos y cuando se jubiló, tras dejar el servicio de la orden de los Escolapios en Granada, ingresó en la residencia. "Puede que haya una persona un poquito más seria, pero todos te tratan con mucho respeto. Después de tantos años te cuidan como el primer día", dice Asunta, quien asegura que ha vivido y vive "muy feliz". "Tengo una manía: nunca como fruta. Las enfermeras y mis compañeras de mesa se meten mucho conmigo para que tome alguna pieza, pero yo digo que no y ya está", cuenta la dicharachera anciana, que prefiere ir por libre, a su aire, y ha encontrado en la residencia su lugar ideal.

Esa libertad la propicia también el estado de salud de los ancianos ingresados. La trabajadora social asegura que el único requisito para entrar en este centro es que el mayor sea independiente, aunque es evidente que se valora también una situación socioeconómica desfavorable. "Luego, claro, muchos residentes con los años se convierten en personas dependientes. Por su puesto que se atienden aquí, donde la mayoría se quedan todo la vida, hasta que fallecen", aclara Belén Martín, la extravertida trabajadora social que tiene el centro. "La soledad o por lo menos los sentimientos de soledad de muchos de los residentes es total cuando llegan al centro".

Cuando construyan la nueva residencia, con pasillos más amplios y puertas más anchas, el criterio podrá ser diferente. Las obras empezarán con motivo de la próxima beatificación del fraile, que se celebrará el 12 de septiembre en Armilla. "Esperamos que la beatificación suponga un impulso y seguir ampliando nuestra obra social", anuncia el gerente.

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