Andalucía

La tumba de Lorca, según los falangistas

  • Subordinados del capitán Nestares, e incluso él mismo, siempre han asegurado que el poeta fue fusilado y enterrado delante de los olivos del campo de instrucción de las tropas

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…Y Federico García Lorca no estaba allí. Tampoco el maestro cojo de Pulianas ni los banderilleros. Durante los meses de noviembre y diciembre de 2009, los arqueólogos estuvieron excavando en el entorno del monolito del parque de Alfacar, junto a la Fuente Grande. El resultado fue sumamente frustrante: los cadáveres no estaban ni nunca estuvieron.

Es más, ni siquiera allí apareció resto alguno de que hubiese fusilamientos en el verano de 1936. La realidad de las excavaciones echó por tierra las versiones aportadas por infinidad de supuestos testigos, enterradores, pastores… recogidas por investigadores durante los años cincuenta y sesenta, la mayoría de ellas encuadradas en el bando perdedor de la guerra.

¿Dónde pueden estar entonces los cadáveres de García Lorca y los fusilados con él? El descarte del entorno inmediato del monolito hace que ahora cobren mayor fuerza y credibilidad los testimonios aportados durante décadas por hombres del bando 'ganador', en su mayoría falangistas que hicieron la guerra a las órdenes de José María Nestares Cuéllar en la primera bandera de Falange de Víznar.

Durante los años sesenta y setenta solían mantener contactos entre ellos y comentaron algunas veces el tema de García Lorca. La mayoría de sus testimonios fueron recogidos en apuntes por Eduardo Molina Fajardo, subjefe provincial del Movimiento, quien años después (1983) los dio a conocer en un libro (de manera póstuma, pues él falleció en 1979).

Aquellos falangistas a las órdenes de Nestares presenciaron los fusilamientos o vieron los cadáveres cuando vigilaban a los enterradores. Según las anotaciones de Nestares, que nos han sido confirmadas recientemente por su hijo Fernando Nestares García-Trevijano, el modus operandi de los fusilamientos en las primeras semanas de guerra era el siguiente: ya para el 24-25 de julio de 1936 se detectaron las primeras ejecuciones incontroladas en la zona de Víznar-Alfacar por grupos de paisanos o escuadras negras que subían, fusilaban y abandonaban los cadáveres en cualquier lugar.

Relata el escritor José Fernández Castro en sus memorias que él regresaba del sanatorio de la Alfaguara y vio varios cuerpos tirados junto a la carretera. El falangista Joaquín Espigares declaró que a un maestro de Huétor Vega lo fusilaron en Puerto Lobo, por encima del Pilarillo, luego a 17 más en el Prado de la Casilla, en el camino del Sanatorio.

En suma, toda la zona próxima al camino entre Puerto Lobo y la Alfaguara estaba sembrada de cadáveres. A partir de primeros de agosto, los fusilamientos ya se hacían por orden del gobernador civil y contaron con un pelotón de ejecución, formado por guardias de asalto/seguridad, miembros de escuadras negras y voluntarios. El jefe del frente, el capitán Nestares, decidió el 25 de agosto que a partir de entonces todos los fusilamientos se hicieran en el mismo lugar: los Pozos de Víznar. En esos dos pozos hay no más de 400 cadáveres, según nos asegura su hijo Fernando Nestares con los documentos de su padre en la mano. "Incluso alguno que aparece en la lista como fusilado, le salvó la vida mi padre", apostilla el general jubilado. Las cuentas de otros historiadores suben la cifra por encima de los 1.500.

El proceso comenzaba con una llamada telefónica desde el Gobierno al puesto de mando de Víznar a través la llamada línea 61 (Granada-Jaén, desvío Calicasas); la expresión clave era: "Ahí os mandamos tantos trajes, o tantas mantas, para que los vayáis arreglando". En el silencio de la madrugada eran fusilados los reos, aunque algunos esperaban en La Colonia unas horas.

En el caso que nos ocupa, el de García Lorca y sus tres acompañantes, todavía no estaba habilitada la gran fosa de los Pozos. Existen tres testimonios directos y valiosos para decantarnos por este lugar como el que reúne mayores probabilidades de que en él se encuentren sepultados los cuerpos de Federico y sus tres compañeros de infortunio:

Manuel Martínez Bueso

Este hombre era un falangista a las órdenes del capitán Nestares. Estuvo presente cuando llevaron a Federico en el coche ante el cuartel de mando. Nestares declaró a Molina Fajardo: "Llamé a Manolo Martínez Bueso para que los guiara, los vigilara y presenciara la ejecución (…) Me dijo que Federico iba en pijama. Y que los habían matado en el campo de instrucción de las tropas, antes de llegar a Fuente Grande, a la derecha de la carretera, según se va hacia Alfacar, después de pasado el puentecillo…"

A través del testimonio de Martínez Bueso, el coronel Nestares, ya en año 1969, hizo un croquis en el que señala la parte oeste del campo de instrucción como el lugar de fusilamiento y enterramiento. Y más concretamente, indica que la tumba de Lorca era la segunda por la izquierda.

Joaquín Espigares

Era otro falangista que mandaba una centuria en el frente de Víznar. Presenció muchos fusilamientos en aquellos primeros días de guerra. Se negó a que sus hombres formasen parte de pelotones de ejecución. Según relató en 1970 al subjefe provincial de Falange, los nombres de personas que formaban parte del pelotón de fusilamiento eran: "El primer jefe de la escuadra era el sargento Mariano, que era de Jun… El sargento Martínez, que fue enlace de Nestares y su chófer; Antonio Ayllón… cuando se marchó el sargento Mariano, quedó Ayllón al frente del piquete; Hernández, guardia de seguridad; Juan Jiménez Cascales, guardia de seguridad… También estaba el guardia Villegas. Esta escuadra especial era de cinco o seis hombres, con el sargento".

"Según se comentaba en Víznar -declaró-, Federico García Lorca fue fusilado camino de la Fuente Grande, en unos pozos antiguos abiertos para buscar agua". En los apuntes de Molina Fajardo aparece la declaración de un tal J. E. (que no sabemos si se corresponde con Joaquín Espigares), y que luego no está en el libro, donde dice que fue entrevistado el 6 de diciembre de 1973 e "indica este señor que Federico había sido fusilado en el campo de instrucción de las tropas de Víznar, en un sitio llamado Llanos de Corbera, por encima del cortijo de Gazpacho. También J. E. viene a corroborar la situación donde al parecer tuvo lugar el enterramiento".

Pedro Cuesta Hernández

Un tercer testimonio de falangista en sentido parecido a los anteriores lo aportó este señor en 1969, poco después de dejar la alcaldía de Güevéjar. A este hombre le encargaron vigilar al grupo de enterradores. Su testimonio sobre el lugar fue el siguiente: "Pasando por Víznar hacia allá, antes de llegar a Fuente Grande, a la derecha, en un sitio como un pozo, de haber sacado de allí tierra gris; recuerdo perfectamente el color de la tierra, que era gris; pero ya estaban los muertos en la sepultura. Los echaron ellos mismos… sería el pelotón de ejecución".

Pedro Cuesta hizo un informe escrito en una hoja de papel cuadriculado, en el que relataba los nombres que formaban en pelotón de fusilamiento, los nombres de los reos, lugar de detención de Lorca, fechas… y un croquis en el que dibujó ocho olivos y, delante de ellos, escribió la palabra 'fosa'. La mayoría del olivar ha desaparecido hoy; de los supuestos ocho olivos hoy quedan en pie sólo la mitad, y algunos tocones.

En las reuniones de los falangistas del entorno de Nestares, hacia finales de los sesenta y comienzos de los setenta, estuvieron presentes otros falangistas (se menciona a un tal Pimentel, de Monachil) y varios guardias de seguridad (del grupo de Julio Romero Funes, Mingorance, Bédmar…) Alguno de ellos, sin que sepamos precisar quién, llegó a aportar unas coordenadas sobre el punto donde fue fusilado García Lorca. Y que los cadáveres estarían enterrados en un radio no mayor a diez metros de ese punto. Las coordenadas son: N 37º 14'485" W 003º 32'938".

¿Podrían haber desenterrado el cadáver? Los rumores siempre han apuntado que la familia de Lorca pagó para recuperar su cadáver. Incluso que los militares de entonces cambiaron el cuerpo de lugar para evitar represalias de Franco.

El primero de ellos ha sido repetidamente desmentido por la familia García Lorca; hay que creerlos, sobran más comentarios. Quien esto suscribe le preguntó a Isabel García Lorca, el día que firmó con Antonio Jara la venta de la Huerta de San Vicente, hace más de veinte años, si había algo de cierto en que la familia pagó por recuperar el cadáver. Su respuesta fue la siguiente: "¿Crees que mi madre, si hubiera sabido el lugar cierto de su tumba, no habría ido a llevarle flores? Y nunca quiso volver a Granada".

El segundo tiene como origen un comentario del alcalde Antonio Gallego Burín, quien supuestamente se lo habría oído decir a los militares.

El general Fernando Nestares nos ha asegurado que durante el tiempo que su padre fue jefe del frente de Víznar, durante toda la guerra, de allí no fue desenterrado el cadáver de Federico García Lorca. Otra cosa muy distinta es lo que pudiera haber ocurrido  después.

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