El debate de los jefes

La reliquia de Zapatero

Gana Arenas. El presidente, afectado por la debacle, perdió su tono profesoral. Arenas fue más convincente, aunque repitió su discurso contra el Gobierno saliente

Ignacio Martínez | Actualizado 25.11.2011 - 09:23
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Javier Arenas, durante el debate de ayer.

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EL resultado electoral del domingo no ha sido el mismo para todos, como se sabe, aunque los jefes de los tres partidos que se sientan en el Parlamento andaluz encontraron ayer argumentos para presumir de algo. El más sobrado fue Valderas; el más encogido, Griñán. Y Arenas, el más satisfecho. El jefe popular se resiste a despedir a su escritor de discursos, que insiste, erre que erre, en recordarnos los cinco millones de parados españoles, con el millón doscientos mil andaluces, y las culpas que Zapatero y Griñán tienen en ese récord.

Arenas dijo varias veces que ahora hay una gran oportunidad para debatir durante cuatro meses sobre los problemas de Andalucía y sus soluciones, pero sigue agarrado a la memoria de Zapatero como un piadoso feligrés a una reliquia santa. El presidente, visiblemente afectado por la debacle electoral, estuvo lejos del tono profesoral que más le gusta y en el que destaca.

El profesor Griñán fue ayer un alumno amedrentado que en un examen oral leía y leía sin parar los trozos de discurso que se trajo escritos de casa. Discurso inspirado en la lealtad institucional, por los cuatro costados: "No nos vamos a aliar con la crisis para luchar contra el Gobierno, nos vamos a aliar con el Gobierno para luchar contra la crisis". Tan bonito, como escasamente espontáneo. Puede aducir en su defensa que a Rajoy no le ha ido tan mal leyendo en la campaña electoral, debate con Rubalcaba incluido.

Antes, al jefe socialista le golpeó de lo lindo a su posible socio de primavera. Griñán se enfadó con la lección de izquierdas de Valderas y sacó a pasear la Ruta de la Plata, esa que pasa por Extremadura, en donde el Partido Popular gobierna sin mayoría absoluta, porque IU no quiso hacer una coalición con el PSOE y lo mandó al retiro después de casi tres décadas en el poder.

Valderas opina que lo del domingo es un terremoto, un fin de etapa y que ahora hace falta un nuevo ciclo, con otra política. Acusó al PSOE de ser de izquierdas sólo en campaña y a Griñán de ser el máximo responsable de una estrategia social liberal, nada socialdemócrata, "que le ha puesto una alfombra dorada al PP para que gane sin despeinarse, con un respaldo histórico inesperado".

Acto seguido le exigió a su posible socio un cambio de rumbo hacia una mayor intervención pública y una planificación democrática. La letra literal sonaba a planes quinquenales. Un discurso crecido, como la nómina de diputados de IU de la pasada legislatura a la próxima, que terminó convirtiéndose en una proclama electoral: hay que aumentar el peso de Andalucía en España y Europa y servir a los ciudadanos y no a los mercados.

Griñán le contestó que ese discurso lo llevan haciendo desde hace 34 años y que en ese tiempo es el Partido Socialista el que ha tenido un amplio respaldo de la ciudadanía. Hizo un sarcasmo para establecer que los ciudadanos todavía no se han dado cuenta de cuál es la izquierda verdadera y auténtica. Y defendió el legado de su partido con las firmas que en el BOE habían acompañado la universalización de la educación, la sanidad pública, las becas, pensiones, igualdad, dependencia y una intervención pública de la economía que no asfixie a la iniciativa privada.

Griñán acusó a Valderas de hablar, hablar y hablar en vez de hacer, hacer y hacer. A lo mejor, o a lo peor, tienen que realizar ambas actividades juntos dentro de unos meses... Este tono fue calificado de su antagonista de soberbio. Griñán, por cierto, defendió que el resultado del PSOE en Andalucía había sido aseado con el argumento de que representaba el 23% del total de apoyos socialistas en toda España. Tampoco es tanto; en 2008 ya fue del 21,3%. Valderas presumió de haber duplicado los votos. Más magnánimo, Arenas felicitó a ambos por la "amplia representación" socialista y porque IU haya conseguido desde Andalucía representación en el Congreso.

Y tras las felicitaciones del ganador de las elecciones, el jefe popular sacó la garrota habitual contra una pareja artística desaparecida de la escena, la formada por Zapatero y Griñán. Los cinco millones de parados nacionales y el millón largo andaluz son fijos en su discurso. A ellos se unieron las 30.000 empresas andaluzas desaparecidas desde 2008, los eres, y los millones ahogados en la Bahía de Cádiz con el señuelo de la productividad.

Griñán le contestó en la primera parte con un discurso, escrito y leído, sobre la lealtad institucional. Un bien escaso en este país, dicho sea de paso. Añadió el presidente una gotas de optimismo: Andalucía cuenta con un capital humano, físico y tecnológico de primera. Parecía la Andalucía imparable del eslogan. Arenas le contestó que no se creía la lealtad institucional prometida. Y aprovechó para calificar de tropelía que el PSOE haya dejado a los alcaldes fuera del Parlamento andaluz, con la abstención de IU y el voto contrario del PP. Una modificación unilateral de la ley electoral que revocará el PP si gana en marzo. Hasta entonces, Zapatero se queda, a modo de reliquia.
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