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Un equipo sin alma
unicaja | assignia manresa · la crónica
Un equipo sin alma
Trágico El Unicaja se complica su futuro tras caer con el Assignia Manresa en un nefasto cuarto final en el que regresaron los fantasmas del pasado Demoledor Encajó un 13-27 en el momento de la verdad
Nacho Rodrigo / Málaga | Actualizado 09.04.2012 - 05:02El efecto Casimiro duró lo que duró. Un partido, básicamente. Su llegada logró frenar momentáneamente la dinámica negativa que se llevó por delante a Chus Mateo. Se ganó al Lucentum Alicante en el debut del ciudadrealeño, haciendo un buen baloncesto y recuperando sensaciones olvidadas, pero todo fue un espejismo. En Madrid, el Domingo de Ramos, ya pudo intuirse. Ayer, en casa y ante un equipo que había perdido sus cuatro últimos partidos, quedó corroborado.
Este Unicaja no está para nada. Su desmoronamiento parece irreversible por más que se cambie de entrenador y se prescinda de Gerald Fitch. La reacción en los despachos quizá ha llegado demasiado tarde y ahora, a falta de seis jornadas para el final de la fase regular, nada hace pensar que el violinista Casimiro vaya a ser capaz de culminar, con las tres cuerdas que tiene, la obra por la que se le fichó hace menos de tres semanas. Seguramente sea el técnico manchego al que menos haya que reprochar. Se ha topado con un grupo hundido, incapaz de recuperarse de tantas derrotas y con una moral por los suelos. Intenta aplicar su medicina, pero este equipo parece estar ya enfermo de muerte. La afición, que hasta ahora había acusado al palco, tributó ayer una buena bronca a los jugadores al final del partido por primera vez esta temporada.
Se acaba la lista de culpables y el equipo malagueño sigue siendo, salvo en ese oasis comentado ante el Lucentum, un conjunto sin alma, sin espíritu, incapaz de hacer frente a un desenlace de partido igualado. Carece de la seguridad y la confianza necesaria. No compite en la hora de la verdad. No lo ha hecho desde el pasado 14 de enero. Y parece que Casimiro tampoco da con la tecla.
Ayer se vio una nueva muestra. Encuentro igualado en sus primeros 30 minutos. Cinco puntos fue hasta ese momento la máxima renta del Manresa (50-55), seis la del Unicaja (68-62). Ninguno era capaz de marcar distancias. Ambos apostaron por un partido a muchos puntos. La intensidad defensiva que Casimiro intenta convertir en uno de los pilares del equipo malagueño brilló por su ausencia, a lo que se añadió falta de inteligencia en determinadas situaciones defensivas. Buenos ataques y malas defensas en ambos lados de la pista. Hasta que llegó el cuarto decisivo. 68-69 perdía el Unicaja, que había sido capaz de anotar 22, 24 y 22 puntos en los tres periodos anteriores, y ahí volvieron los fantasmas del pasado. El ambiente ya estaba enrarecido y dos pérdidas ridículas, una de Garbajosa y otra de Berni, precedieron a un nuevo recital de impotencia cajista en los minutos de la verdad.
El Assignia Manresa olió la sangre, se fue a por el partido y en tres minutos ya mandaba por nueve (70-79). Un tiempo muerto de Casimiro intentó dar vida al Unicaja, pero para entonces ya nadie creía en la reacción. Con los primeros aficionados desfilando camino de la salida, Asselin, Achara y Hanga cerraron el duelo ante la pasividad local (74-86 a falta de 3:45). Sólo Freeland, muy gris el resto del encuentro, apareció al final para dar la cara. A los catalanes les bastó con mantener la calma para acertar en el momento de la verdad (hizo 2/3 en triples en el último cuarto) y sembrar de dudas el Carpena.
Fue el triste epílogo de un partido con muy pocas cosas positivas que rescatar. Si acaso, el gran partido de Luka Zoric y los buenos minutos de Tremmell Darden y Troy DeVries en el tercer cuarto. El rendimiento de la pareja de bases fue otra vez lastimoso. Los encargados de dirigir al equipo fueron los autores de la mitad de las pérdidas del equipo (7 de 14) y en ningún momento supieron imprimir el ritmo necesario. Valters se llevó la bronca de la mañana cuando fue sustituido en el tercer cuarto y Rowland tampoco dio la talla. Se perdió claramente la batalla por el rebote (29 a 39) y volvió a quedar patente la incapacidad para generar puntos desde fuera de la zona: 3/22 en tiros de tres. Además, volvió a lesionarse Garbajosa.
El Unicaja marcha irremediablemente a la deriva. Fuera del play off, con un calendario muy complicado y con la guadaña de la Euroliga sobre su cabeza. Demasiados inconvenientes para un equipo en el que, después de lo de ayer, ya no cree casi nadie. Este Unicaja no resucita. Y su futuro a medio plazo depende, lamentablemente, de que sea capaz de hacerlo. Sólo queda la fe.
Este Unicaja no está para nada. Su desmoronamiento parece irreversible por más que se cambie de entrenador y se prescinda de Gerald Fitch. La reacción en los despachos quizá ha llegado demasiado tarde y ahora, a falta de seis jornadas para el final de la fase regular, nada hace pensar que el violinista Casimiro vaya a ser capaz de culminar, con las tres cuerdas que tiene, la obra por la que se le fichó hace menos de tres semanas. Seguramente sea el técnico manchego al que menos haya que reprochar. Se ha topado con un grupo hundido, incapaz de recuperarse de tantas derrotas y con una moral por los suelos. Intenta aplicar su medicina, pero este equipo parece estar ya enfermo de muerte. La afición, que hasta ahora había acusado al palco, tributó ayer una buena bronca a los jugadores al final del partido por primera vez esta temporada.
Se acaba la lista de culpables y el equipo malagueño sigue siendo, salvo en ese oasis comentado ante el Lucentum, un conjunto sin alma, sin espíritu, incapaz de hacer frente a un desenlace de partido igualado. Carece de la seguridad y la confianza necesaria. No compite en la hora de la verdad. No lo ha hecho desde el pasado 14 de enero. Y parece que Casimiro tampoco da con la tecla.
Ayer se vio una nueva muestra. Encuentro igualado en sus primeros 30 minutos. Cinco puntos fue hasta ese momento la máxima renta del Manresa (50-55), seis la del Unicaja (68-62). Ninguno era capaz de marcar distancias. Ambos apostaron por un partido a muchos puntos. La intensidad defensiva que Casimiro intenta convertir en uno de los pilares del equipo malagueño brilló por su ausencia, a lo que se añadió falta de inteligencia en determinadas situaciones defensivas. Buenos ataques y malas defensas en ambos lados de la pista. Hasta que llegó el cuarto decisivo. 68-69 perdía el Unicaja, que había sido capaz de anotar 22, 24 y 22 puntos en los tres periodos anteriores, y ahí volvieron los fantasmas del pasado. El ambiente ya estaba enrarecido y dos pérdidas ridículas, una de Garbajosa y otra de Berni, precedieron a un nuevo recital de impotencia cajista en los minutos de la verdad.
El Assignia Manresa olió la sangre, se fue a por el partido y en tres minutos ya mandaba por nueve (70-79). Un tiempo muerto de Casimiro intentó dar vida al Unicaja, pero para entonces ya nadie creía en la reacción. Con los primeros aficionados desfilando camino de la salida, Asselin, Achara y Hanga cerraron el duelo ante la pasividad local (74-86 a falta de 3:45). Sólo Freeland, muy gris el resto del encuentro, apareció al final para dar la cara. A los catalanes les bastó con mantener la calma para acertar en el momento de la verdad (hizo 2/3 en triples en el último cuarto) y sembrar de dudas el Carpena.
Fue el triste epílogo de un partido con muy pocas cosas positivas que rescatar. Si acaso, el gran partido de Luka Zoric y los buenos minutos de Tremmell Darden y Troy DeVries en el tercer cuarto. El rendimiento de la pareja de bases fue otra vez lastimoso. Los encargados de dirigir al equipo fueron los autores de la mitad de las pérdidas del equipo (7 de 14) y en ningún momento supieron imprimir el ritmo necesario. Valters se llevó la bronca de la mañana cuando fue sustituido en el tercer cuarto y Rowland tampoco dio la talla. Se perdió claramente la batalla por el rebote (29 a 39) y volvió a quedar patente la incapacidad para generar puntos desde fuera de la zona: 3/22 en tiros de tres. Además, volvió a lesionarse Garbajosa.
El Unicaja marcha irremediablemente a la deriva. Fuera del play off, con un calendario muy complicado y con la guadaña de la Euroliga sobre su cabeza. Demasiados inconvenientes para un equipo en el que, después de lo de ayer, ya no cree casi nadie. Este Unicaja no resucita. Y su futuro a medio plazo depende, lamentablemente, de que sea capaz de hacerlo. Sólo queda la fe.






El Director Deportivo que en su día DECIDIÓ que Boniface Ndong no merecía una mejora de contrato. . . y para compensar su no renovación fichó a un tal Joel Freeland. . . nos jodió a base de bien. Aquel Director Deportivo metió la pata hasta el corvejón. . . pero el que tenemos ahora quería renovarle al alta. . . ¡¡ QUÉ DESASTRE !! Por mí Joel se puede ir a Portland a chupar banquillo. . . ó a jugar muchos minutos, la NBA ya no es lo que era. . . que se lo pregunten a Sergio Rodríguez. . .
. . . tan sencillo como que el que desempeñe el cargo de Director Deportivo no se deje embaucar con aspectos estadísticos como la 'valoración' sin tener en cuenta cuarenta mil factores a su alrededor. Que un aficionado se empalme con un jugador con grandes valoraciones. . . pase. . . . . . que lo haga un Director Deportivo. . . es NEFASTO. . . y lo peor de todo es que tiene CONSECUENCIAS.
Pensar que estuvimos a punto de ofrecerle una mejora de contrato me hace reflexionar sobre el NIVEL de la Dirección Deportiva. . . después del descalabro antológico con Terrell McIntyre, este hubiera sido el siguiente ERROR DESCOMUNAL. . . visto desde ese prisma casi fué una bendición perder con el Banca Cívica en la Copa del Rey. . . aunque lo suyo sería algo más sencillo. . .