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Semillas con un 'tesoro' genético en su interior
Semillas con un 'tesoro' genético en su interior
Investigadores del CSIC hallan en la piel de las almendras de albaricoques de 60 años ADN para saber cómo eran antes
Raquel Garrido / Málaga | Actualizado 26.08.2011 - 01:00
Han estado guardadas durante más de medio siglo en un sótano sin que nadie supiese el tesoro que escondían. Pocos sospechaban que unas semillas de albaricoque conservadas dentro de huesos desde los años 50 y 60 pudieran servir para extraer el ADN que permitirán saber no sólo qué variedades se cultivaban entonces sino además diferenciarlas de las actuales, que en muchos casos poco tienen que ver.
Tan importante hallazgo, del que se ha hecho eco la prestigiosa revista científica PLoS One, ha sido obra de dos investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que un día se les ocurrió que en la piel marrón que recubre las almendras podría estar la clave que determinaría la variedad genética de un árbol frutal y no se equivocaron.
"Teníamos los huesos, pero para poder saber cómo era la planta que produjo ese fruto hace 60 años teníamos que encontrar material genético idéntico al de la madre y ese ADN lo encontramos finalmente en la cubierta de las semillas", explicó el investigador en el Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea La Mayora de Algarrobo, Iñaki Hormaza.
La nueva técnica abre numerosas posibilidades para saber más de las variedades de plantas antiguas y ver en qué lugares se han cultivado, porque la mayoría han ido desapareciendo con el tiempo por las modificaciones que ha ido realizando el hombre. Tras obtener el patrón genético de éstas y compararlo con el de las variedades conservadas actualmente, Hormaza señaló que "hemos visto qué material y qué zonas de cultivo hay que priorizar para llevar a cabo una recuperación".
Pero además este método es válido para semillas de otras especies. De hecho, en la colección encontrada, y que procedía de un extenso trabajo de cartografía de frutales de hueso y pepita recogidos en la Península ibérica en los años 50 y 60, también había otras de melocotón, cereza, manzana y peral con las que se tratará de hacer lo mismo.
1950
Tan importante hallazgo, del que se ha hecho eco la prestigiosa revista científica PLoS One, ha sido obra de dos investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que un día se les ocurrió que en la piel marrón que recubre las almendras podría estar la clave que determinaría la variedad genética de un árbol frutal y no se equivocaron.
"Teníamos los huesos, pero para poder saber cómo era la planta que produjo ese fruto hace 60 años teníamos que encontrar material genético idéntico al de la madre y ese ADN lo encontramos finalmente en la cubierta de las semillas", explicó el investigador en el Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea La Mayora de Algarrobo, Iñaki Hormaza.
La nueva técnica abre numerosas posibilidades para saber más de las variedades de plantas antiguas y ver en qué lugares se han cultivado, porque la mayoría han ido desapareciendo con el tiempo por las modificaciones que ha ido realizando el hombre. Tras obtener el patrón genético de éstas y compararlo con el de las variedades conservadas actualmente, Hormaza señaló que "hemos visto qué material y qué zonas de cultivo hay que priorizar para llevar a cabo una recuperación".
Pero además este método es válido para semillas de otras especies. De hecho, en la colección encontrada, y que procedía de un extenso trabajo de cartografía de frutales de hueso y pepita recogidos en la Península ibérica en los años 50 y 60, también había otras de melocotón, cereza, manzana y peral con las que se tratará de hacer lo mismo.
1950






