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- "La sociedad no puede vivir con una clase política tan mal valorada"
"La sociedad no puede vivir con una clase política tan mal valorada"
"La sociedad no puede vivir con una clase política tan mal valorada"
Linde ensalza la operación puerto-ciudad como una de las mayores actuaciones urbanas de cuantas se han desarrollado en la capital en las últimas décadas · Destaca los muchos obstáculos del plan especial
Sebastián Sánchez / Málaga | Actualizado 26.12.2011 - 01:00A tres meses de poner punto final a su singladura como presidente de la Autoridad Portuaria, Enrique Linde, hace balance de sus catorce años en el cargo. Un periodo en el que ha visto cómo un espacio que se nutría del oleoducto de petróleo tuvo que reconvertir su industria mirando a los contenedores y apostando de forma decidida por los cruceros. Este punto final se atisba también para su prolongada carrera pública, iniciada en 1979 como el primer presidente de la Diputación de Málaga.
-¿Qué sensaciones le provoca el pensar que en pocos meses dirá adiós a una dilatada trayectoria política e institucional?
-Mi trayectoria institucional arranca en el 79 y no me voy a meter a reflexionar sobre el tiempo y la vida. La motivación es de una vocación política, que no abandonaré cuando deje el puerto, porque el político no es el que deja la política, sino que es la política el que deja al político.
-De sus 14 años como responsable del Puerto, ¿qué balance hace?
-Después de mucha brega, he tenido la suerte de ir concluyendo mi presencia en el puerto con la terminación de lo que han sido los grandes retos y metas que me propuse al llegar, con la terminación de las obras de los muelles 1 y 2, así como la estación marítima. Uno tiene que sentirse por lo menos mínimamente satisfecho. Ha habido mucho trabajo, mucha pelea, mucha bronca, en este tema y el resultado de la operación es satisfactorio. El sentimiento mayoritario de los malagueños es que al final la operación ha sido satisfactoria. Es la cremallera del puerto con la ciudad y por su intensidad y extensión es la actuación urbana más importante de las realizadas en las últimas décadas y y desde luego en el último siglo en el puerto.
-Sus datos biográficos indican que desde 1979 no ha parado. Primer presidente de la Diputación provincial, director general de Política Interior del Ministerio del Interior, gobernador civil de Granada, consejero de Gobernación de la Junta de Andalucía, parlamentario andaluz y presidente del Puerto... ¿Hay algo en la esfera pública que le hubiese gustado hacer y no ha tenido la oportunidad?
-Nunca he tenido una ambición en política, me he encontrado con las responsabilidades sin buscarlas. Soy una persona afortunada. Que hubiera querido hacer algo que no haya llegado a hacer... Ahora mismo no echo de menos nada. No tengo esa sensación. Nunca he perseguido esta trayectoria.
-¿Cómo ha cambiado la política desde 1979 hasta el momento actual?
-Ha cambiado mucho. Lo que más es la valoración que el ciudadano tiene del político, que es radicalmente distinta. En el 79, el político era una persona considerada, querida, incluso admirada y reconocida, a la imagen actual, mucho peor. Es la máxima diferencia y para mí el máximo dolor.
-¿Pero tiene justificación?
-Tiene elementos de justificación, a eso ha colaborado mucha gente. Creo que esa situación pasará y la valoración mejorará, porque la sociedad no puede vivir con una clase política tan mal valorada. El elemento corrupción ha sido un elemento dolorosísimo, a ello se suma la generalización de estos casos.
-Sus últimos años en la actividad pública los desempeña desde una atalaya inigualable, el puerto. Un espacio, que bien lo sabe usted, ha sido visto por la ciudad como una especie de escenario independiente. ¿Por qué?
-Sí, eso existía desde siempre. El puerto se aisló en un momento determinado y la gente ha tenido esa idea, que sigue sintiendo. Para mí el Palmeral de las Sorpresas es un hito desde el punto de vista arquitectónico, pero socialmente el efecto de la toma de posesión de la ciudad al puerto ha sido el muelle 1. El que la gente pueda pasear, de tiendas, tomarse una cerveza en el muelle del puerto es lo que ha saciado y colmado el anhelo de los ciudadanos de entrar en el puerto. Es una frontera que ha desaparecido. He notado que la gente estaba contenta con el Palmeral, pero eufórica lo ha estado con el muelle 1.
-Desde este despacho, ¿se ve diferente la ciudad?
-Se ve que la ciudad sigue sin comprender al puerto. Es un elemento muy importante de una ciudad como Málaga, es un motor económico, y ese aspecto más técnico, más marítimo, más portuario, el ciudadano no lo valora mucho. También he participado en esa leyenda negra de que el puerto se aísla, pero mi idea ha sido la de intentar abrir el puerto a la ciudad en la parte que se podía, pero para eso ha hecho falta una voluntad muy firme. Porque me encontré con muchos inconvenientes, interiores, porque el sentimiento portuario no es nada proclive a la apertura, y exteriores, porque el desencuentro con el Ayuntamiento ha sido largo, duro y penoso algunas veces.
-Más allá de la operación puerto-ciudad, ¿como ha visto la evolución de la ciudad en estos 14 años?
-Pilla un momento extraordinariamente bueno, que fue el crecimiento económico. Eso significó que se desarrollen muchas inversiones; el centro de Málaga ha mejorado; los museos Picasso, Thyssen y el CAC han dado un nivel cultural que la ciudad nunca había tenido y eso ha dado caché e importancia; pero también se han desaprovechado ocasiones. Y en mi opinión sigue con el Guadalmedina como asunto pendiente, un tema que se baraja, pero ya es momento de repartir.
-¿Ha tenido muchas zancadillas que superar en este casi eterno camino?
-Me he encontrado con muchos obstáculos, de todo tiempo, legales, jurídicos...
-¿Alguno en particular?
-Lo que más me extrañó fue lo ocurrido con el último intento de modificar el plan especial, en el que no estaba muy de acuerdo y lo hice a ruegos e insistencia del Ayuntamiento y Unicaja. Cuando lo hice resulta que me dejan solo. Eso me sorprendió.
-Tres son las grandes piezas del puzle que ya están encajadas: la estación marítima de cruceros, el Palmeral de las Sorpresas y el proyecto comercial del muelle 1. ¿Alguna que le cause especial satisfacción?
-Esto es como dicen los escritores cursis, como son todos hijos míos... A mí me gusta todo, pero sobre todo el Palmeral de las Sorpresas.
-¿Le parece normal que un centro comercial que aspira a ser referencia en la ciudad abra sus puertas sin contar con las autorizaciones necesarias y en un escenario plagado de obreros?
-Había una tensión comercial, porque la idea era aprovechar una época determinada para amortizar lo que se han gastado. Deslució un poco, pero eso será una anécdota, se perderá y será realidad una magnífica actuación comercial y lúdica.
-¿Echa de menos no poder ir a comprar al supermercado de la esquina de oro?
-Soy más de mercado, que es el que pilla cerca de mi casa. Creo eso fue una exageración. Que era deseable que no hubiera, sí, pero que eso iba a lastrar o a afear el proyecto, creo que no. A mí no me agradaba, de hecho al final lo prohibimos porque jurídicamente podíamos hacerlo. Pero el muelle 1 no inventa la capacidad adquisitiva de la ciudad y son muchos metros comerciales. No lo echo de menos, pero si estuviera tampoco sería lo más horroroso del mundo. Se dijeron algunas frases muy basadas en la ignorancia y en el bienqueda.
-Tirando de memoria, usted se enfrentó a la compleja situación de un puerto que se nutría de los ingresos del petróleo y que hubo de buscar alternativas en los contenedores y, sobre todo, el turismo. ¿Cómo observa esa transformación?
-Para mí esa fue la mejor operación que hemos hecho en estos años. Soy optimista, no patológico, y pensaba que si ningún plazo se cumple en este país, el plazo de irse el petróleo tampoco se cumpliría. Y no sólo se cumplió sino que se adelantó y en el mes de marzo del año 2000 se fue y había que reinventar la actividad económica porque el resto no podía vivir sólo de los cruceros ni de los graneles. La apuesta que se hizo por el muelle de contenedores estuvo basada en la osadía, fue un salto adelante de crear una oferta para provocar una demanda que no existía. Algunos pensaban que era una locura, pero después resultó que no.
-¿El futuro del puerto seguirá ligado, necesariamente, a los cruceros?
-Siempre he creído en la triple C: ciudad, cruceros y contenedores. En el caso de los cruceros, Málaga está muy bien situada y tiene condiciones; era un tráfico portuario que nos congraciaba mucho con la ciudad; te da el afecto de la ciudad. Es verdad que antes también existía esta industria, pero nos endeudamos en la primera fase de la estación y eso fue un revulsivo importante. Pero no hay un solo puerto del mundo que pueda sobrevivir solo con cruceros. Málaga seguirá siendo un referente en esta materia.
-¿Málaga está preparada para los cruceros?
-Es difícil, porque lo que tienen los cruceros es que un día te llegan 10.000 cruceristas y al día siguiente no viene nadie. Absorber a tantas personas es complejo y eso genera unos problemas de tráfico, pero el Ayuntamiento y la ciudad tienen que ponerse las pilas para sacarle el máximo jugo a los cruceristas, para dar una buena imagen y que sea un propagador de la imagen de la ciudad. Hablamos de los horarios de los comercios, de los museos, de ciertas actividades que se hacen por las tardes pero que habría que hacer por las mañanas...
-Se le vio a usted el pasado fin de semana en la primera reunión de Socialistas hoy. ¿Por qué fue?
-Lo hice a modo estrictamente personal, porque no formo parte de ninguna familia o sector. Es un foro de debate que me parece hacía mucha falta. El partido está en un momento delicado y no se le puede amordazar, sino todo lo contrario. Echo en falta actitudes más abiertas de la Comisión Ejecutiva. Cuando en las agrupaciones no hay asambleas para debatir, cuando el comité provincial no se reúne, el agua sale por otro lado. Estoy de acuerdo con cosas que se dijeron en ese foro y en desacuerdo con otras, pero creo que denota que el partido tiene vitalidad, expresa a los ciudadanos que somos conscientes de que tenemos que cambiar y ese mensaje se reunía ahí. Aunque es inevitable que eso produzca roces, creo que los beneficios son superiores. Nuestro problema es complicado, porque tenemos que arreglar un coche en marcha, que no podemos parar, porque tenemos unas elecciones autonómicas trascendentales y un congreso federal...
-¿Recuerda una situación como la que vive ahora el partido?
-Hemos pasado momentos difíciles pero externos. El partido siempre ha estado más sólido y más vivo; ahora tenemos una situación electoral mala y un partido que no ha encajado bien las derrotas de mayo y del pasado mes de noviembre. La pugna entre guerristas y renovadores fue muy dura, pero lo era en un partido fuerte.
-¿La solución pasa por cambiar las personas?
-No a corto plazo; no creo que antes de las elecciones sea el momento. Es el momento de que la Ejecutiva abra el partido al máximo número de militantes, no de dar la sensación que tengo de que se juega al enroque.
-¿Qué sensaciones le provoca el pensar que en pocos meses dirá adiós a una dilatada trayectoria política e institucional?
-Mi trayectoria institucional arranca en el 79 y no me voy a meter a reflexionar sobre el tiempo y la vida. La motivación es de una vocación política, que no abandonaré cuando deje el puerto, porque el político no es el que deja la política, sino que es la política el que deja al político.
-De sus 14 años como responsable del Puerto, ¿qué balance hace?
-Después de mucha brega, he tenido la suerte de ir concluyendo mi presencia en el puerto con la terminación de lo que han sido los grandes retos y metas que me propuse al llegar, con la terminación de las obras de los muelles 1 y 2, así como la estación marítima. Uno tiene que sentirse por lo menos mínimamente satisfecho. Ha habido mucho trabajo, mucha pelea, mucha bronca, en este tema y el resultado de la operación es satisfactorio. El sentimiento mayoritario de los malagueños es que al final la operación ha sido satisfactoria. Es la cremallera del puerto con la ciudad y por su intensidad y extensión es la actuación urbana más importante de las realizadas en las últimas décadas y y desde luego en el último siglo en el puerto.
-Sus datos biográficos indican que desde 1979 no ha parado. Primer presidente de la Diputación provincial, director general de Política Interior del Ministerio del Interior, gobernador civil de Granada, consejero de Gobernación de la Junta de Andalucía, parlamentario andaluz y presidente del Puerto... ¿Hay algo en la esfera pública que le hubiese gustado hacer y no ha tenido la oportunidad?
-Nunca he tenido una ambición en política, me he encontrado con las responsabilidades sin buscarlas. Soy una persona afortunada. Que hubiera querido hacer algo que no haya llegado a hacer... Ahora mismo no echo de menos nada. No tengo esa sensación. Nunca he perseguido esta trayectoria.
-¿Cómo ha cambiado la política desde 1979 hasta el momento actual?
-Ha cambiado mucho. Lo que más es la valoración que el ciudadano tiene del político, que es radicalmente distinta. En el 79, el político era una persona considerada, querida, incluso admirada y reconocida, a la imagen actual, mucho peor. Es la máxima diferencia y para mí el máximo dolor.
-¿Pero tiene justificación?
-Tiene elementos de justificación, a eso ha colaborado mucha gente. Creo que esa situación pasará y la valoración mejorará, porque la sociedad no puede vivir con una clase política tan mal valorada. El elemento corrupción ha sido un elemento dolorosísimo, a ello se suma la generalización de estos casos.
-Sus últimos años en la actividad pública los desempeña desde una atalaya inigualable, el puerto. Un espacio, que bien lo sabe usted, ha sido visto por la ciudad como una especie de escenario independiente. ¿Por qué?
-Sí, eso existía desde siempre. El puerto se aisló en un momento determinado y la gente ha tenido esa idea, que sigue sintiendo. Para mí el Palmeral de las Sorpresas es un hito desde el punto de vista arquitectónico, pero socialmente el efecto de la toma de posesión de la ciudad al puerto ha sido el muelle 1. El que la gente pueda pasear, de tiendas, tomarse una cerveza en el muelle del puerto es lo que ha saciado y colmado el anhelo de los ciudadanos de entrar en el puerto. Es una frontera que ha desaparecido. He notado que la gente estaba contenta con el Palmeral, pero eufórica lo ha estado con el muelle 1.
-Desde este despacho, ¿se ve diferente la ciudad?
-Se ve que la ciudad sigue sin comprender al puerto. Es un elemento muy importante de una ciudad como Málaga, es un motor económico, y ese aspecto más técnico, más marítimo, más portuario, el ciudadano no lo valora mucho. También he participado en esa leyenda negra de que el puerto se aísla, pero mi idea ha sido la de intentar abrir el puerto a la ciudad en la parte que se podía, pero para eso ha hecho falta una voluntad muy firme. Porque me encontré con muchos inconvenientes, interiores, porque el sentimiento portuario no es nada proclive a la apertura, y exteriores, porque el desencuentro con el Ayuntamiento ha sido largo, duro y penoso algunas veces.
-Más allá de la operación puerto-ciudad, ¿como ha visto la evolución de la ciudad en estos 14 años?
-Pilla un momento extraordinariamente bueno, que fue el crecimiento económico. Eso significó que se desarrollen muchas inversiones; el centro de Málaga ha mejorado; los museos Picasso, Thyssen y el CAC han dado un nivel cultural que la ciudad nunca había tenido y eso ha dado caché e importancia; pero también se han desaprovechado ocasiones. Y en mi opinión sigue con el Guadalmedina como asunto pendiente, un tema que se baraja, pero ya es momento de repartir.
-¿Ha tenido muchas zancadillas que superar en este casi eterno camino?
-Me he encontrado con muchos obstáculos, de todo tiempo, legales, jurídicos...
-¿Alguno en particular?
-Lo que más me extrañó fue lo ocurrido con el último intento de modificar el plan especial, en el que no estaba muy de acuerdo y lo hice a ruegos e insistencia del Ayuntamiento y Unicaja. Cuando lo hice resulta que me dejan solo. Eso me sorprendió.
-Tres son las grandes piezas del puzle que ya están encajadas: la estación marítima de cruceros, el Palmeral de las Sorpresas y el proyecto comercial del muelle 1. ¿Alguna que le cause especial satisfacción?
-Esto es como dicen los escritores cursis, como son todos hijos míos... A mí me gusta todo, pero sobre todo el Palmeral de las Sorpresas.
-¿Le parece normal que un centro comercial que aspira a ser referencia en la ciudad abra sus puertas sin contar con las autorizaciones necesarias y en un escenario plagado de obreros?
-Había una tensión comercial, porque la idea era aprovechar una época determinada para amortizar lo que se han gastado. Deslució un poco, pero eso será una anécdota, se perderá y será realidad una magnífica actuación comercial y lúdica.
-¿Echa de menos no poder ir a comprar al supermercado de la esquina de oro?
-Soy más de mercado, que es el que pilla cerca de mi casa. Creo eso fue una exageración. Que era deseable que no hubiera, sí, pero que eso iba a lastrar o a afear el proyecto, creo que no. A mí no me agradaba, de hecho al final lo prohibimos porque jurídicamente podíamos hacerlo. Pero el muelle 1 no inventa la capacidad adquisitiva de la ciudad y son muchos metros comerciales. No lo echo de menos, pero si estuviera tampoco sería lo más horroroso del mundo. Se dijeron algunas frases muy basadas en la ignorancia y en el bienqueda.
-Tirando de memoria, usted se enfrentó a la compleja situación de un puerto que se nutría de los ingresos del petróleo y que hubo de buscar alternativas en los contenedores y, sobre todo, el turismo. ¿Cómo observa esa transformación?
-Para mí esa fue la mejor operación que hemos hecho en estos años. Soy optimista, no patológico, y pensaba que si ningún plazo se cumple en este país, el plazo de irse el petróleo tampoco se cumpliría. Y no sólo se cumplió sino que se adelantó y en el mes de marzo del año 2000 se fue y había que reinventar la actividad económica porque el resto no podía vivir sólo de los cruceros ni de los graneles. La apuesta que se hizo por el muelle de contenedores estuvo basada en la osadía, fue un salto adelante de crear una oferta para provocar una demanda que no existía. Algunos pensaban que era una locura, pero después resultó que no.
-¿El futuro del puerto seguirá ligado, necesariamente, a los cruceros?
-Siempre he creído en la triple C: ciudad, cruceros y contenedores. En el caso de los cruceros, Málaga está muy bien situada y tiene condiciones; era un tráfico portuario que nos congraciaba mucho con la ciudad; te da el afecto de la ciudad. Es verdad que antes también existía esta industria, pero nos endeudamos en la primera fase de la estación y eso fue un revulsivo importante. Pero no hay un solo puerto del mundo que pueda sobrevivir solo con cruceros. Málaga seguirá siendo un referente en esta materia.
-¿Málaga está preparada para los cruceros?
-Es difícil, porque lo que tienen los cruceros es que un día te llegan 10.000 cruceristas y al día siguiente no viene nadie. Absorber a tantas personas es complejo y eso genera unos problemas de tráfico, pero el Ayuntamiento y la ciudad tienen que ponerse las pilas para sacarle el máximo jugo a los cruceristas, para dar una buena imagen y que sea un propagador de la imagen de la ciudad. Hablamos de los horarios de los comercios, de los museos, de ciertas actividades que se hacen por las tardes pero que habría que hacer por las mañanas...
-Se le vio a usted el pasado fin de semana en la primera reunión de Socialistas hoy. ¿Por qué fue?
-Lo hice a modo estrictamente personal, porque no formo parte de ninguna familia o sector. Es un foro de debate que me parece hacía mucha falta. El partido está en un momento delicado y no se le puede amordazar, sino todo lo contrario. Echo en falta actitudes más abiertas de la Comisión Ejecutiva. Cuando en las agrupaciones no hay asambleas para debatir, cuando el comité provincial no se reúne, el agua sale por otro lado. Estoy de acuerdo con cosas que se dijeron en ese foro y en desacuerdo con otras, pero creo que denota que el partido tiene vitalidad, expresa a los ciudadanos que somos conscientes de que tenemos que cambiar y ese mensaje se reunía ahí. Aunque es inevitable que eso produzca roces, creo que los beneficios son superiores. Nuestro problema es complicado, porque tenemos que arreglar un coche en marcha, que no podemos parar, porque tenemos unas elecciones autonómicas trascendentales y un congreso federal...
-¿Recuerda una situación como la que vive ahora el partido?
-Hemos pasado momentos difíciles pero externos. El partido siempre ha estado más sólido y más vivo; ahora tenemos una situación electoral mala y un partido que no ha encajado bien las derrotas de mayo y del pasado mes de noviembre. La pugna entre guerristas y renovadores fue muy dura, pero lo era en un partido fuerte.
-¿La solución pasa por cambiar las personas?
-No a corto plazo; no creo que antes de las elecciones sea el momento. Es el momento de que la Ejecutiva abra el partido al máximo número de militantes, no de dar la sensación que tengo de que se juega al enroque.








30 años en la poltrona para llegar a esta conclusión. . .
LINDE, NEFASTO GESTOR Y PALMERO DE LOS SEVILLANOS EN MALAGA, NOS QUITA EL PUERTO Y NOS PONE AMBURGUESERIAS, PORQUE NO LO HACEN EN SEVILLA QUE DRAGAN EL RIO PARA METER UNA ACTIVIDAD PORTUARIA QUE USTED SE CARGA EN MALAGA. LOS SEVILLANOS ESTARAN CONTENTOS CON USTED Y CON MALAGUÑOAS COMO USTED QUE LO PERMITEN
Pero este Linde; no es el que nos quitó Torremolinos de un plumazo, tendrá cara el tío y encima se las da de pan y manteca. Este y otros que no han sido capaces de defender los intereses de esta provincia, son los culpables de la ruina del PSOE y del odio que hay en Málaga y provincia ante todo lo que signifique Sevilla o la Junta centralista, que no solo nos ha parado nuestro progreso sino que encima se han llevado los pocos organismos que teníamos.