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Dos mil científicos componen la cara investigadora de la Universidad
Dos mil científicos componen la cara investigadora de la Universidad
Publican más de 800 artículos al año en revistas especializadas y disponen de 45 millones para realizar sus proyectos, pero carecen de estructuras administrativas ágiles
Encarna Maldonado / Málaga | Actualizado 09.06.2008 - 12:44Si la investigación universitaria tuviera una fotografía, en Málaga aparecerían cerca de 2.000 expertos, organizados en 270 grupos, con un presupuesto de 45 millones de euros para tres años, más de 800 artículos publicados al año en revistas especializadas de alto impacto, 20 patentes y 310 contratos con empresas que reportaron el último año 12 millones de euros.
En el entramado del sistema público universitario de investigación, compuesto por medio centenar de instituciones en España, "la UMA se encuentra en torno al puesto 20 y subiendo", calcula el vicerrector de Investigación, José Ángel Narváez. Y en el ranking andaluz ocupa el tercer lugar, tras Granada y Sevilla.
Al tratarse de una universidad generalista, las investigaciones se desarrollan en todos los frentes. No obstante, hay tres áreas en las que la UMA tiene voz propia: tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), medio ambiente y recursos naturales y biotecnología. "Esto no significa que no haya grupos en otras disciplinas que sobresalen en el panorama nacional como puedan ser la química, nuevos materiales, la nanotecnología, psicología, regeneración celular o humanidades", puntualiza el vicerrector, siempre receloso de este tipo de clasificaciones y sus tempestuosas consecuencias.
¿Cómo se mide la investigación en una universidad? En función del número de proyectos, los ingresos, contratos de transferencia y personas implicadas.
La Junta de Andalucía reconoce en la UMA cerca de 270 grupos de investigación. El colectivo científico tiene en la actualidad abiertos 120 proyectos de tres años de duración financiados por la Administración autónoma y 163 con cargo al Plan Nacional de Investigación. Junto a ellos figuran otros 27 respaldados por la Unión Europea que se pueden considerar toda una proeza porque la mitad de las universidades españolas no han logrado sacar adelante iniciativas apoyadas por los organismos comunitarios.
En conjunto, la comunidad científica universitaria dispone en este momento y para tres años de 45 millones para sacar adelante sus investigaciones. Estos fondos conviven con la financiación básica que perciben los grupos, que oscila entre los 3.000 euros y los 40.000, además de las inversiones en infraestructuras comunes para investigar que ejecuta directamente la UMA con cargo a los fondos Feder de la UE.
La conclusión general es que hay dinero para investigar. O al menos muchísimo más que hace unos años. En 2005 el Ministerio financió en Málaga 110 proyectos, frente a los 163 actuales, mientras que los apoyados por la Junta de Andalucía se han multiplicado por seis en estos años.
Pero la generosidad de los recursos ha sacado a la superficie problemas imprevistos: "Nos hemos encontrado con dinero, pero también con unas estructuras que no son suficientemente ágiles para gestionarlo y con dificultades para captar recursos humanos", aclara Narváez, y pone un ejemplo: "Cuando disponía de cuatro millones de pesetas para un proyecto y tenía, por ejemplo, que comprar un reactivo no había problema. Lo compraba, me hacían una factura y listo. Pero ahora si tengo 360.000 euros para dos proyectos y debo contratar investigadores, crear becas, adquirir equipos y material ya no puedo, necesito apoyo administrativo".
El resultado es que al final el científico tiene que dedicar parte de su tiempo disponible al papeleo. "Por eso desde hace dos años estamos intentando crear esa estructura: para que el investigador investigue y el gestor gestione".
Este obstáculo "universal" en las universidades españolas se alía, según el vicerrector Narváez, con "los problemas estructurales de las unidades de gestión de la Junta de Andalucía, que resuelve las convocatorias a final de año, pero nunca queda claro cuándo llega el dinero". Esto, traducido a la realidad significa que todavía hay proyectos de 2005, 2006 y 2007 pendientes de recibir fondos.
Además, como las investigaciones están sujetas a plazos "y si necesito un becario tengo que contratarlo cuando empiezo a trabajar, sin esperar a que llegue el dinero", la UMA adelanta las cantidades comprometidas a los grupos, un elemento que contribuye a distorsionar las cuentas de unas instituciones que no se encuentran precisamente en su mejor momento económico.
Junto a las deficiencias de las estructuras administrativas, el segundo problema que atenaza a la investigación universitaria es la "falta general de recursos humanos". Al estudiante le atrae poco la incierta carrera investigadora. "Hay áreas de algunas ingenierías en las que es complicado hallar becarios y cuando los encuentras se van, porque si les pagas 1.200 euros al mes siempre hay una empresa que les mejora el salario y, sobre todo, les da perspectivas de carrera profesional".
El vicerrector de Investigación admite que las garantías de futuro que tiene un estudiante cuando entra de becario en un departamento y comienza a elaborar su tesis doctoral son bastante escasas. Lo lógico es que después realice una estancia pos doctoral, preferiblemente en el extranjero para, finalmente, regresar. "Pero en cada uno de estos hitos se rompe la cadena, precisamente por la cuestión salarial y la escasa seguridad que se le ofrece".
La UMA tiene en la actualidad 214 becarios o, como se denominan ahora, personal investigador en formación, una cifra considerada "razonable" pero teniendo en cuenta que "no necesariamente todos los doctores tienen que quedarse en la universidad. Es bueno también que se incorporen a las empresas". José Ángel Narváez calcula que el 60% sí se quedarán.
Además, otros 337 expertos están contratados con cargo a los proyectos de investigación actualmente en curso.
En el entramado del sistema público universitario de investigación, compuesto por medio centenar de instituciones en España, "la UMA se encuentra en torno al puesto 20 y subiendo", calcula el vicerrector de Investigación, José Ángel Narváez. Y en el ranking andaluz ocupa el tercer lugar, tras Granada y Sevilla.
Al tratarse de una universidad generalista, las investigaciones se desarrollan en todos los frentes. No obstante, hay tres áreas en las que la UMA tiene voz propia: tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), medio ambiente y recursos naturales y biotecnología. "Esto no significa que no haya grupos en otras disciplinas que sobresalen en el panorama nacional como puedan ser la química, nuevos materiales, la nanotecnología, psicología, regeneración celular o humanidades", puntualiza el vicerrector, siempre receloso de este tipo de clasificaciones y sus tempestuosas consecuencias.
¿Cómo se mide la investigación en una universidad? En función del número de proyectos, los ingresos, contratos de transferencia y personas implicadas.
La Junta de Andalucía reconoce en la UMA cerca de 270 grupos de investigación. El colectivo científico tiene en la actualidad abiertos 120 proyectos de tres años de duración financiados por la Administración autónoma y 163 con cargo al Plan Nacional de Investigación. Junto a ellos figuran otros 27 respaldados por la Unión Europea que se pueden considerar toda una proeza porque la mitad de las universidades españolas no han logrado sacar adelante iniciativas apoyadas por los organismos comunitarios.
En conjunto, la comunidad científica universitaria dispone en este momento y para tres años de 45 millones para sacar adelante sus investigaciones. Estos fondos conviven con la financiación básica que perciben los grupos, que oscila entre los 3.000 euros y los 40.000, además de las inversiones en infraestructuras comunes para investigar que ejecuta directamente la UMA con cargo a los fondos Feder de la UE.
La conclusión general es que hay dinero para investigar. O al menos muchísimo más que hace unos años. En 2005 el Ministerio financió en Málaga 110 proyectos, frente a los 163 actuales, mientras que los apoyados por la Junta de Andalucía se han multiplicado por seis en estos años.
Pero la generosidad de los recursos ha sacado a la superficie problemas imprevistos: "Nos hemos encontrado con dinero, pero también con unas estructuras que no son suficientemente ágiles para gestionarlo y con dificultades para captar recursos humanos", aclara Narváez, y pone un ejemplo: "Cuando disponía de cuatro millones de pesetas para un proyecto y tenía, por ejemplo, que comprar un reactivo no había problema. Lo compraba, me hacían una factura y listo. Pero ahora si tengo 360.000 euros para dos proyectos y debo contratar investigadores, crear becas, adquirir equipos y material ya no puedo, necesito apoyo administrativo".
El resultado es que al final el científico tiene que dedicar parte de su tiempo disponible al papeleo. "Por eso desde hace dos años estamos intentando crear esa estructura: para que el investigador investigue y el gestor gestione".
Este obstáculo "universal" en las universidades españolas se alía, según el vicerrector Narváez, con "los problemas estructurales de las unidades de gestión de la Junta de Andalucía, que resuelve las convocatorias a final de año, pero nunca queda claro cuándo llega el dinero". Esto, traducido a la realidad significa que todavía hay proyectos de 2005, 2006 y 2007 pendientes de recibir fondos.
Además, como las investigaciones están sujetas a plazos "y si necesito un becario tengo que contratarlo cuando empiezo a trabajar, sin esperar a que llegue el dinero", la UMA adelanta las cantidades comprometidas a los grupos, un elemento que contribuye a distorsionar las cuentas de unas instituciones que no se encuentran precisamente en su mejor momento económico.
Junto a las deficiencias de las estructuras administrativas, el segundo problema que atenaza a la investigación universitaria es la "falta general de recursos humanos". Al estudiante le atrae poco la incierta carrera investigadora. "Hay áreas de algunas ingenierías en las que es complicado hallar becarios y cuando los encuentras se van, porque si les pagas 1.200 euros al mes siempre hay una empresa que les mejora el salario y, sobre todo, les da perspectivas de carrera profesional".
El vicerrector de Investigación admite que las garantías de futuro que tiene un estudiante cuando entra de becario en un departamento y comienza a elaborar su tesis doctoral son bastante escasas. Lo lógico es que después realice una estancia pos doctoral, preferiblemente en el extranjero para, finalmente, regresar. "Pero en cada uno de estos hitos se rompe la cadena, precisamente por la cuestión salarial y la escasa seguridad que se le ofrece".
La UMA tiene en la actualidad 214 becarios o, como se denominan ahora, personal investigador en formación, una cifra considerada "razonable" pero teniendo en cuenta que "no necesariamente todos los doctores tienen que quedarse en la universidad. Es bueno también que se incorporen a las empresas". José Ángel Narváez calcula que el 60% sí se quedarán.
Además, otros 337 expertos están contratados con cargo a los proyectos de investigación actualmente en curso.
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