La ley antitabaco se cumple "a medias" tres años después de su entrada en vigor

Médicos, inspectores y hosteleros coinciden en que todavía la tolerancia prima sobre la aplicación a rajatabla de la norma · En bares pequeños donde se fuma se deja entrar a menores

Leonor García / Málaga | Actualizado 22.12.2008 - 01:00
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Una mujer fuma en una cafetería de la capital malagueña.

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30 y 600

¿Quién no ha visto a compañeros de trabajo escondiéndose en el baño para fumar? ¿Quién no ha estado en una boda en la que a la hora de las copas se ha abierto la veda para echar más que un cigarrito? ¿Quién no ha asistido a una comida de empresa en un local de más de 100 metros sin zona para fumadores, sin ceniceros sobre las mesas y con carteles de prohibido fumar, pero en la que al final buena parte de los comensales ha acabado dando caladas impunemente?

Todos estos casos son incumplimientos de la ley antitabaco y se dan a diario. La norma -que entró en vigor en enero de 2006- ha supuesto un avance porque ya no se fuma en los trabajos y se ha creado la conciencia de que ese hábito es perjudicial, pero se cumple "a medias". Al menos, esa es la convicción que tienen los distintos colectivos implicados en su aplicación. Desde sanitarios e inspectores hasta hosteleros.

Las impresiones son coincidentes. "Mi percepción es que se abren expedientes, pero no hay sanciones", comenta Salvador Oña, experto en prevención de la Asociación Española contra el Cáncer. Un destacado hotelero aseguraba "que se hace la vista gorda porque los propios políticos fuman como carreteros" y un inspector confirma que "se cumple a medias". Y es que la tolerancia prima todavía en muchos casos sobre la ley.

La Delegación de Salud no dará datos de las sanciones aplicadas hasta que la Consejería no haga el balance anual. Pero a falta de estas cifras, los especialistas hacen su propia evaluación. Oña destaca un incumplimiento grave: en los bares de menos de 100 metros en los que permite fumar -y la amplísima mayoría se ha decantado por esta opción- no pueden entrar los menores ni siquiera acompañados por sus padres. "Y esto se incumple sistemáticamente", ratifica.

El facultativo denuncia además la situación de "desprotección" en la que siguen los empleados de la hostelería, ya que mientras el resto de los trabajadores tienen ambientes limpios de humo, este colectivo está expuesto por su ejercicio profesional al tabaco.

En la actualidad, fuman un tercio de los varones (del 37% al 40%) y la cuarta parte de las mujeres (entre el 25% y el 28%). La impresión de los especialistas es que la ley no ha logrado reducir el número de fumadores, aunque sí en alguna medida el consumo diario. Es decir, que si antes el fumador consumía 20 cigarrillos, ahora fuma 15. "Pero eso es un efecto mínimamente positivo. Fumar cinco más o cinco menos no es una diferencia a la hora de adquirir enfermedades", advierte Oña.

A los expertos les llama la atención que se disparen las alertas con la carne de cerdo contaminada con dioxinas -cuando habría que comerla durante mucho tiempo para ver sus efectos- y mientras haya tanta tolerancia con el tabaco, que contiene una treintena de productos cancerígenos.

El afán por dejar de fumar que provocó la ley también se ha diluido. La demanda en las boticas de parches, chicles y comprimidos para abandonar el hábito ha vuelto a los niveles anteriores a la entrada en vigor de la ley, según el farmacéutico Leandro Martínez.

Lo que sigue inalterable es el rechazo de los hosteleros a la ley, que les asigna la función de vigilar que se cumpla en sus establecimiento. "No estamos de acuerdo con esa función policial", precisa Juan Rambla, miembro de la asociación de hosteleros Aehma. Este colectivo reprocha que si una persona fuma en sus locales, al fumador se le aplica una multa de 30 euros y a ellos se les castiga con 600.
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