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Las Buitreras vuelve a lucir
Las Buitreras vuelve a lucir
Más de un centenar de voluntarios limpiaron el paraje natural del que extrajeron centenares de sacos llenos de desperdicios que fueron retirados en mulas y balsas
Javier Flores / Ronda | Actualizado 13.09.2009 - 01:00Ataviados con sacos, palas, rastrillos, un equipo de arrieros y los elementos necesarios para construir una balsa artesanal, un centenar de voluntarios se adentraba a primera hora de ayer por el tupido sendero que conduce hacia el cañón de Las Buitreras, con el objetivo de acabar con el vertedero en el que había convertido uno de los parajes naturales más espectaculares de la Serranía de Ronda, enclavado en el Parque Natural de Los Alcornocales y por el que discurre el río Guadiaro.
Tras casi una hora de camino, llegaba el momento de cargar con el material, y es que los mulos que lo hacían hasta el momento no podían seguir subiendo, a partir de este punto, a los voluntarios les correspondía este trabajo, hasta llegar al punto marcado, justo a la entrada del cañón.
Antes, un grupo de unos 12 especialistas en espeleología habían sido dejados en la cabeza del cañón, desde donde fueron descendiendo en un complicado camino hacia uno de los puntos más afectados por la acumulación de basura, para lo que necesitaron unas cuatro horas de trabajo.
Mientras tanto, el resto del grupo, bajo la coordinación de los responsables de la asociación Saepo y la delegación de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Cortes de la Frontera, comenzaban a dividirse en distintos grupos para acabar con la basura. Como si se tratase de un ejército perfectamente coordinado, los cientos de sacos que se llenaron al final de la jornada fueron llegado uno tras otro al punto de embarque, desde donde deberían ser conducidos en una balsa artesanal, construida a base de cámaras de rueda de coche atadas con cuerdas y trozos de persianas, hasta el punto de la orilla del río Guadiaro donde los arrieros esperaban con sus mulos para sacar los sacos hasta un contenedor situado en la pedanía de El Colmenar, donde se acumularon más de mil kilos de basura.
La cantidad de basura era tan importante, que el fuerte olor hizo que muchos voluntarios tuviesen que utilizar mascarillas para poder realizar el trabajo. El éxito de la operación fue evidente y donde había auténticos vertederos al llegar quedó un terreno perfectamente limpio. La salida de los espeleólogos del cañón, que fue recibida con gritos de apoyo y aplausos, marcó el final de las operaciones.
Entre los sacos de basura se podía encontrar casi de todo, con piezas suficientes para componer una cubertería, mochilas, tiendas de campaña, sillas, ruedas de coches, y una innumerable lista de envases de plástico de todo tipo y color.
Una vez terminada la jornada, con el cansancio reflejado en sus caras, tocaba desmontar el improvisado transporte y recoger las herramientas, para emprender un camino de regreso donde todos se sentían especialmente orgullosos de haber aportado su granito de arena para devolver su majestuosidad natural a este paraje, que ayer recibió la visita de la delegada provincial de Medio Ambiente, Remedios Martel, y del alcalde de Cortes de la Frontera, que quisieron agradecer a este grupo de amantes de la naturaleza su trabajo desinteresado.
Tras casi una hora de camino, llegaba el momento de cargar con el material, y es que los mulos que lo hacían hasta el momento no podían seguir subiendo, a partir de este punto, a los voluntarios les correspondía este trabajo, hasta llegar al punto marcado, justo a la entrada del cañón.
Antes, un grupo de unos 12 especialistas en espeleología habían sido dejados en la cabeza del cañón, desde donde fueron descendiendo en un complicado camino hacia uno de los puntos más afectados por la acumulación de basura, para lo que necesitaron unas cuatro horas de trabajo.
Mientras tanto, el resto del grupo, bajo la coordinación de los responsables de la asociación Saepo y la delegación de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Cortes de la Frontera, comenzaban a dividirse en distintos grupos para acabar con la basura. Como si se tratase de un ejército perfectamente coordinado, los cientos de sacos que se llenaron al final de la jornada fueron llegado uno tras otro al punto de embarque, desde donde deberían ser conducidos en una balsa artesanal, construida a base de cámaras de rueda de coche atadas con cuerdas y trozos de persianas, hasta el punto de la orilla del río Guadiaro donde los arrieros esperaban con sus mulos para sacar los sacos hasta un contenedor situado en la pedanía de El Colmenar, donde se acumularon más de mil kilos de basura.
La cantidad de basura era tan importante, que el fuerte olor hizo que muchos voluntarios tuviesen que utilizar mascarillas para poder realizar el trabajo. El éxito de la operación fue evidente y donde había auténticos vertederos al llegar quedó un terreno perfectamente limpio. La salida de los espeleólogos del cañón, que fue recibida con gritos de apoyo y aplausos, marcó el final de las operaciones.
Entre los sacos de basura se podía encontrar casi de todo, con piezas suficientes para componer una cubertería, mochilas, tiendas de campaña, sillas, ruedas de coches, y una innumerable lista de envases de plástico de todo tipo y color.
Una vez terminada la jornada, con el cansancio reflejado en sus caras, tocaba desmontar el improvisado transporte y recoger las herramientas, para emprender un camino de regreso donde todos se sentían especialmente orgullosos de haber aportado su granito de arena para devolver su majestuosidad natural a este paraje, que ayer recibió la visita de la delegada provincial de Medio Ambiente, Remedios Martel, y del alcalde de Cortes de la Frontera, que quisieron agradecer a este grupo de amantes de la naturaleza su trabajo desinteresado.








