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La voz, utensilio para cuidar
La voz, utensilio para cuidar
Educación asistió en el pasado curso a 265 profesores malagueños con afecciones de la voz · Tras pasar por el médico y el logopeda, el micrófono es otra solución
Cristina Fernández / Málaga | Actualizado 21.09.2009 - 12:02Es una obviedad decir que la herramienta fundamental del profesor es su voz y, por tanto, el instrumento que más le falla. Pero no todo el personal docente parece ser consciente de ello. Un estudio realizado entre 2002 y 2005 sobre 122.000 bajas de maestros de toda Andalucía destacó que, con diferencia, el mayor número de horas lectivas perdidas se debía a enfermedades relacionadas con la garganta y la afonía. La formación está implantada en todos los Centros de Profesorado y se les enseña a los docentes la importancia de la prevención. Sin embargo, durante el pasado curso Educación atendió a 265 profesores y profesoras malagueños con afecciones de la voz.
Maximino Serrano es uno de los coordinadores provinciales del Primer Plan Andaluz de Salud Laboral y Prevención de Riesgos Laborales del Personal Docente para el periodo 2006-2010. Desde su despacho se han repartido ya 250 amplificadores de voz, es decir, micrófonos inalámbricos que le sirven al profesor para no forzar sus cuerdas vocales. No obstante, asegura Maximino que "esta es ya la muleta, la última solución" después de pasar por los pasos previos.
Antes de llegar al micrófono, foniatras y logopedas enseñan a los docentes a cuidar su herramienta de trabajo. "En cuanto a la prevención está el no fumar, no beber cosas frías y utilizar tizas hipoalergénicas", dice Serrano. Además, los expertos los enseñan a no forzar las cuerdas vocales, a utilizar el diafragma, a calentar la voz antes de hablar, a respirar y mantener una postura adecuada.
Pero si el problema termina siendo algo recurrente, acudir al micrófono mientras se ofrece una solución médica puede ser una buena vía. "Se hizo el seguimiento a 175 personas que tenían patologías como faringitis y laringitis antes y después de usar el amplificador y las bajas se redujeron en un 95%", comenta el técnico en salud laboral, que prueba en su despacho uno de los aparatos. "Es muy cómodo, facilita mucho la labor porque no se fuerza la voz y tu gradúas el volumen a tu conveniencia, la única pega que suelen poner es que pesa 200 gramos y lo tienes que llevar colgado de la cintura". La máquina funciona con batería que hay que recargar pero cuenta con una autonomía de ocho horas.
El proceso para solicitar uno de estos aparatos comienza con un parte médico del otorrinolaringólogo o el foniatra, que previamente le habrá detectado un problema de voz. Con esta documentación se realiza un escrito solicitando el micrófono y se entrega en registro. La asesoría médica cita a la persona para confirmar el diagnóstico y ver su historia clínica y se le da un aparato en depósito. "Cada año, si quiere seguir utilizándolo, tan sólo tiene que enviarnos un informe médico que aconseje su uso, si no es así o si cambia de provincia, lo entrega", explica Serrano.
El amplificador de voz cuesta 52 euros, aunque en el mercado hay aparatos más caros y de menor tamaño. Por eso, muchos docentes optan por hacerse con uno de éstos de manera personal. "Hay incluso colegios que con sus propios presupuestos compran dos o tres para tenerlos a disposición de su claustro". Además, asegura Maximino, estos micrófonos tienen una gran durabilidad, se estropean poco y los que devuelven para reparar son, sobre todo, por el mal uso.
Las maestras de Infantil son las mayores usuarias de este sistema, porque el sobreesfuerzo que tienen que hacer en un aula llena de pequeños suele ser mayor. De los 250 aparatos que se han repartido entre docentes, menos de 5% lo usan hombres. Desde que comenzó el presente curso ya se ha entregado una veintena de micrófonos.
Maximino Serrano es uno de los coordinadores provinciales del Primer Plan Andaluz de Salud Laboral y Prevención de Riesgos Laborales del Personal Docente para el periodo 2006-2010. Desde su despacho se han repartido ya 250 amplificadores de voz, es decir, micrófonos inalámbricos que le sirven al profesor para no forzar sus cuerdas vocales. No obstante, asegura Maximino que "esta es ya la muleta, la última solución" después de pasar por los pasos previos.
Antes de llegar al micrófono, foniatras y logopedas enseñan a los docentes a cuidar su herramienta de trabajo. "En cuanto a la prevención está el no fumar, no beber cosas frías y utilizar tizas hipoalergénicas", dice Serrano. Además, los expertos los enseñan a no forzar las cuerdas vocales, a utilizar el diafragma, a calentar la voz antes de hablar, a respirar y mantener una postura adecuada.
Pero si el problema termina siendo algo recurrente, acudir al micrófono mientras se ofrece una solución médica puede ser una buena vía. "Se hizo el seguimiento a 175 personas que tenían patologías como faringitis y laringitis antes y después de usar el amplificador y las bajas se redujeron en un 95%", comenta el técnico en salud laboral, que prueba en su despacho uno de los aparatos. "Es muy cómodo, facilita mucho la labor porque no se fuerza la voz y tu gradúas el volumen a tu conveniencia, la única pega que suelen poner es que pesa 200 gramos y lo tienes que llevar colgado de la cintura". La máquina funciona con batería que hay que recargar pero cuenta con una autonomía de ocho horas.
El proceso para solicitar uno de estos aparatos comienza con un parte médico del otorrinolaringólogo o el foniatra, que previamente le habrá detectado un problema de voz. Con esta documentación se realiza un escrito solicitando el micrófono y se entrega en registro. La asesoría médica cita a la persona para confirmar el diagnóstico y ver su historia clínica y se le da un aparato en depósito. "Cada año, si quiere seguir utilizándolo, tan sólo tiene que enviarnos un informe médico que aconseje su uso, si no es así o si cambia de provincia, lo entrega", explica Serrano.
El amplificador de voz cuesta 52 euros, aunque en el mercado hay aparatos más caros y de menor tamaño. Por eso, muchos docentes optan por hacerse con uno de éstos de manera personal. "Hay incluso colegios que con sus propios presupuestos compran dos o tres para tenerlos a disposición de su claustro". Además, asegura Maximino, estos micrófonos tienen una gran durabilidad, se estropean poco y los que devuelven para reparar son, sobre todo, por el mal uso.
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